Noroeste · 8 de octubre de 2026
Frente a madres buscadoras, familias de personas desaparecidas, viudas de policías y militares, jóvenes y una sociedad marcada por la violencia, el nuncio apostólico Joseph Spiteri, representante del Papa Francisco en México, llamó en Culiacán, Sinaloa, a no conformarse con una paz basada en el silencio o el miedo, sino a construir una sociedad donde prevalezcan la justicia, la reconciliación y la dignidad humana.
“No queremos la paz de cementerios, no queremos la paz de un silencio impuesto con la fuerza”, expresó durante el Encuentro de Oración por la Paz, realizado en el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe.
Acompañado por el obispo de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, Spiteri dirigió el quinto misterio del Rosario y pidió especialmente por las víctimas de la violencia, las familias que han perdido a sus seres queridos y quienes continúan buscándolos.
Pero también pidió dar un paso más allá de la oración.

Dijo que muchas veces no se trata de elegir entre hacer el bien o hacer el mal, sino entre hacer el bien o no hacer nada.
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“Tenemos que escoger entre hacer el bien o no hacer nada. De movernos, de dejar nuestro camino para atender a un hermano, a una hermana en necesidad”, señaló.
Spiteri recordó que durante octubre el Papa ha pedido rezar diariamente el Rosario por el don de la paz y destacó que la oración puede transformar el corazón, pero insistió en que esa transformación debe reflejarse en acciones.
“Cuando rezamos, cuando enseñamos a nuestros hijos, a nuestros niños a rezar, no pueden después de rezar seguir cumpliendo lo que no es justo”, afirmó.

Pidió acompañar a las víctimas sin buscar venganza.
“No para pedir venganza, sino para pedir justicia y para buscar la reconciliación”, dijo.
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El Nuncio compartió el deseo para Culiacán, de que la ciudad pueda convertirse en ejemplo de bien, bendición y reconciliación.
El obispo Jesús José Herrera Quiñónez destacó que en el encuentro estaban las madres buscadoras, las familias que han perdido a sus seres queridos y los familiares de policías, militares y servidores públicos que murieron en el cumplimiento de su deber, y los jóvenes.

“Ellos necesitan saber que su vida tiene valor, que cuentan con un futuro y que existen caminos distintos”, aseguró.
El obispo advirtió que la violencia también ha generado una cultura en la que el poder, el dinero, las armas o la muerte pueden llegar a presentarse como caminos para alcanzar riqueza, reconocimiento o éxito.
Por eso, dijo, la Iglesia busca acompañar no solamente a las víctimas, sino también a quienes trabajan todos los días para reconstruir el tejido social; entre ellos mencionó a Cáritas Diocesana, la Universidad Católica, Misión de Naím, Comunidad Sinaí, Ciudadanos para Construir Paz, los facilitadores de Escuelas de Perdón y Reconciliación, además de parroquias, movimientos, instituciones y ciudadanos.
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“Este encuentro no es solamente una oración por la paz, es también un compromiso con ella”, sostuvo.

Herrera Quiñónez pidió que el miedo no termine definiendo la vida de los sinaloenses.
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“No queremos acostumbrarnos a la violencia, no queremos que el miedo determine nuestra vida, no queremos que nuestros jóvenes crean que la violencia es su único camino, no queremos que las víctimas sean olvidadas, ni que el dolor se convierta en odio o venganza”, expresó.
Frente a la Virgen de Guadalupe, pidió transformar el dolor en esperanza, la división en encuentro y el miedo en confianza.
Al Nuncio le solicitó llevar al Papa las preocupaciones, pero también las esperanzas de Culiacán.

“Un pueblo herido, pero dispuesto a sanar; un pueblo que conoce el dolor, pero que sigue creyendo en la paz”, dijo.
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Martha Beatriz Vega, representante de las familias y colectivos que integran la Brigada Estatal de Búsqueda de Personas Desaparecidas en Sinaloa, tomó la palabra para hablar desde el dolor de quienes siguen esperando encontrar a sus seres queridos.
Agradeció la visita del Nuncio y las palabras de consuelo que, dijo, lleva de parte del Papa y pidió oraciones por las familias que en México sufren por la desaparición de sus hijos e hijas, padres, madres, esposos, hermanos y otros familiares.

“Esperamos su regreso con vida o, como nuestro Padre Dios dispuso, que prevalezca la verdad y la justicia en nuestro país y finalmente nos traiga la reconciliación y el perdón como hermanos”, manifestó.
Con el incremento de la violencia dentro del estado de Sinaloa, muchos de los afectados usan este tipo de eventos como un apoyo y lugar donde refugiarse antes de continuar allá afuera con su búsqueda de que se haga justicia.