Siempre han estado ahí: evolución de la representación queer en animación

Abigail Camarillo · 1 de junio de 2026

Siempre han estado ahí: evolución de la representación queer en animación

Las sutiles metáforas o algo que se deje a la libre interpretación es cosa del pasado. La representación LGBTIQ+ es más fuerte que nunca en distintas producciones, incluyendo la animación.

Aunque eso sí, esta lucha no ha sido una línea recta hacia el progreso, pues se ha conformado por una lucha contra estructuras institucionales. Comenzó en la censura absoluta, pasó por el uso de códigos ocultos y los estereotipos, para finalmente llegar a una inclusión más explícita, aunque afrontando nuevos retos globales.

En este texto, repasamos rápidamente cómo la animación salió del clóset, pasando de la invisibilidad impuesta a la celebración del orgullo.

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La era de la censura con el Código Hays

Durante varias décadas, los creadores en Estados Unidos se vieron obligados a utilizar la codificación queer (queer coding): el uso de gestos, estéticas y comportamientos asociados a la comunidad LGBTQ+ para comunicar identidades sin nombrarlas explícitamente, evitando así la censura.

¿La razón? A partir de los años 30, la libertad creativa fue sofocada por un marco legal rígido con el nacimiento del Código Hays y su aplicación estricta desde 1934. Se trataba de un conjunto de reglas morales que rigió a toda la industria de Hollywood hasta 1968 y en los que se imponía una lista de “36 prohibiciones y advertencias” prohibiendo cualquier rastro de “perversión sexual”. Y sí, en aquellos años, cualquier referencia a la comunidad queer caía en esta prohibición.

Para la década de los 50 esto se agudizó con el “pánico lavanda” (o “terror lila”), una persecución de personas LGBTQ+ durante la era McCarthy.

Todo ello obligó a que animadores tuvieran que volverse “creativos” para que la diversidad sobreviviera en el subtexto, aunque eso generó que tuviéramos a personajes diversos relegados a ser los villanos u objetos de burla, pero jamás los protagonistas de las historias.

La villanía como refugio para ser queer

Ante la prohibición de mostrar personajes heroicos que se desviaran de la norma, la industria recurrió a la codificación queer.

Si lo queer no podía ser “bueno”, al menos podía ser inolvidable a través del antagonismo.

Los villanos se convirtieron en el único espacio donde se permitía la extravagancia, el amaneramiento y la sofisticación estética.

Esta tendencia seguiría incluso durante el Renacimiento de Disney (1989 – 1999), donde alcanzaría su punto máximo gracias a la influencia de figuras como el animador Andreas Deja y el letrista Howard Ashman, ambos hombres abiertamente gays que inyectaron una sensibilidad única en sus creaciones.

Úrsula, de La Sirenita, no es solo una bruja del mar; es un homenaje directo a la icónica drag queen Divine. Personajes como Jafar o Scar proyectaban una “otredad” fascinante que los distanciaba de los héroes hipermasculinos y planos de la época.

Aunque estos personajes no eran necesariamente una buena representación, se convirtieron en iconos que fueron celebrados en las comunidades queer.

Esta representación fue un arma de doble filo: otorgó una visibilidad estética y un refugio para quienes se sentían diferentes, pero perpetuó el estereotipo de que lo no heteronormativo era inherentemente peligroso o “monstruoso”.

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Bugs Bunny, el pionero accidental del Drag

Mientras los villanos eran codificados como peligrosos, Bugs Bunny emergió como un caso atípico revolucionario. Desde 1940, el conejo de Warner Bros. utilizó el travestismo como una herramienta de ingenio, supervivencia y, sobre todo, glamour.

A diferencia de los antagonistas de Disney, Bugs era retratado como alguien “glamoroso y ocurrente” mientras desafiaba las normas de género.

Aunque su creador, Chuck Jones, argumentaba que estas escenas buscaban simplemente la risa, el impacto cultural fue profundo. El mismísimo RuPaul ha mencionado a Bugs como su primera introducción al mundo del drag.

El choque cultural (y la absurda censura)

La década de los 90 destaca por uno de los casos de censura más absurdos de todo: el doblaje estadounidense de Sailor Moon.

El anime original presentaba una relación de pareja romántica entre Sailor Uranus (Haruka) y Sailor Neptune (Michiru). Pero, para “proteger” a la audiencia infantil, los distribuidores decidieron presentarlas como “primas”, lo cual resultaba ser mucho más confuso.

Aunque eso no pasó en México, el anime sí tuvo un cambio importante: cambiarle el género a Zoisite, uno de los cuatro generales del Reino Oscuro.

Originalmente, tanto en el manga como en el anime es hombre, pero debido a su relación homosexual con Kunzite, en Estados Unidos y Latinoamérica se decidió cambiar su personalidad y hacerlo pasar como una mujer.

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La revolución de Steven Universe y la era del streaming

Tras décadas de metáforas, subtexto y “picar piedra” contra los muros corporativos, el 2018 marcó un hito irreversible. Rebecca Sugar, creadora de Steven Universe, quien se identifica como bisexual y no binaria, logró finalmente presentar la primera boda LGBTQ+ en una serie animada para niñeces.

El impacto de este avance es cuantificable. Según datos de Insider, entre 2017 y 2019 se registró un incremento del 222% en el número de personajes LGBTQ+ confirmados en nuevas series o por showrunners de series que ya habían finalizado.

Este periodo consolidó el paso de la insinuación a la confirmación explícita, permitiendo que la identidad dejara de ser un acertijo para los fans y se convirtiera en un hecho.

Aunque anteriormente habíamos tenido sucesos como el final de La leyenda de Korra, seguía sin haber muestras completamente explícitas. Sin embargo, Steven logró animar a que más personajes salieran canónicamente del clóset.

Por ejemplo, en el mismo 2018 se confirmó en pantalla la relación entre Marceline y la Dulce Princesa, durante el episodio final de Hora de Aventura, titulado “Come Along With Me” (temporada 10, episodios 13-16), cuando ambas se dan un beso apasionado.

El 2018 fue un GRAN año, pues también se estrenó She-Ra and the Princesses of Power (2018-2020), la cual presentó un arco narrativo queer que culminó con un beso en pantalla entre las protagonistas Adora y Catra. También introdujo a Jewelstar, el primer personaje masculino trans en la serie.

En 2020 se estrenaría otra serie que marcó hitos históricos: The Owl House (La Casa Búho, 2020): presentó a la primera protagonista bisexual de Disney (Luz Noceda) y su interés romántico, Amity Blight, quien es lesbiana.

Igualmente, en 2022, la serie mostró el primer beso entre personas del mismo sexo en una serie de Disney Channel. Además, introdujo a Raine Whispers, el primer personaje no binario (usan pronombres they/them) en la historia de la compañía.

Otra de las series de Netflix en mostrar una gran representación LGBTQ+ en animación es Dead End: Paranormal Park (2022), el protagonista, Barney, es un chico trans, cuya identidad y dinámica familiar se abordan de forma natural y respetuosa. Su coprotagonista, Norma, es abiertamente bisexual.

Y bueno, una de las series animadas más exitosas de los últimos años tiene a dos grandes protagonistas queer: Arcane, que explora la profunda e intensa relación romántica y de confianza entre las protagonistas Vi y Caitlyn.

Los desafíos actuales y el futuro de la inclusión

A pesar de todo este largo camino, la lucha por una representación equitativa y sin prejuicios continúa enfrentando barreras.

Aunque esto aplica más allá de la animación, la realidad es que urge aumentar la visibilidad de protagonistas trans y de personas de color, ya que la representación actual sigue siendo mayoritariamente blanca y cisgénero.

Otra cuestión es que la representación de discapacidades dentro de la comunidad queer es mínima.

Y pareciera que la representación está limitada a solo aquellas personas que puedan pagar plataformas de streaming, pues de acuerdo a datos de Insider, aproximadamente el 90% de esta representación está confinada a plataformas de pago, creando una brecha de acceso para muchas infancias que dependen de la televisión abierta.