''Nuestro cuerpo es una estrella que se expande'': rechazo, identidad y transformación en el FICG 41

Paula Paredes S · 9 de abril de 2026

''Nuestro cuerpo es una estrella que se expande'': rechazo, identidad y transformación en el FICG 41

“Nuestro es una estrella que se expande” es un trabajo documental que parte desde la intimidad y la experiencia personal para hablar de temas tan universales como el rechazo, la búsqueda de identidad, la memoria y la transformación.

Hablamos con las mentes detrás de este proyecto: Tania y Semillites Hernández quienes nos compartieron más detrás de la inspiración y el proceso creativo de esta cinta que llega a la edición número 41 del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

¿De qué va “Nuestro Cuerpo es una Estrella que se Expande”?

Desde el inicio, queda claro que no estamos frente a un documental tradicional. Como te mencionamos inicialmente, este trabajo parte de algo intimo, una vivencia personal pero que a medida que avanza logramos vernos reflejada en ella. Semillites estaba viviendo su transición de género y por otro lado Tanía revivía una sensación que parecía olvidada: el rechazo a su piel, ese que marcó toda su infancia.

A través de un lenguaje híbrido que por cierto es una de las características más importantes de este trabajo, ya que mezcla danza, collage, animación, archivo y más para proponer una perspectiva del cuerpo como territorio en constante cambio. 

Lejos de seguir una narrativa convencional, el documental se articula a partir de conversaciones entre sus creadores, quienes ponen en el centro experiencias personales atravesadas por el género, la racialidad, la familia y el rechazo externo pero también interno; y frente a todo esto surge también la posibilidad de transformarse.

“Muchas veces teníamos respuestas más lógicas o racionales, pero esos sentires no era fácil ponerlos en palabras”, explican. De ahí surge la necesidad de “entablar otras estrategias”, como el movimiento corporal o la experimentación visual, para aproximarse a lo emocional.

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El cuerpo como paisaje

La película parte de una pregunta esencial: ¿qué pasa cuando dejamos de pensar el cuerpo como algo fijo? A través de texturas, primeros planos y exploraciones visuales, la piel se transforma en territorio

“Explorar el cuerpo como paisaje desde un lugar muy sensorial… donde los poros, las venas, las rugosidades recuerden a texturas de la naturaleza abre la posibilidad de pensarnos más allá de lo individual”, explica Tania.

En ese gesto, entonces, el cuerpo deja de ser un límite para convertirse en un punto de conexión: con la memoria, con lo colectivo y con otras formas de vida.

Conversaciones íntimas, preguntas abiertas

Aunque como te contamos esta cinta mezcla diferentes técnicas que son usadas como herramientas visuales dando como resultado algo hermoso de ver, el corazón está en el diálogo, uno que nace desde las conversaciones reales y cotidianas de la hermandad entre Semillites y Diana.

Llevar esa intimidad a la pantalla implicó un proceso particular: grabarse, reescribirse y ensayar.

“Partimos de conversaciones reales… pero también de un pensamiento que se va desarrollando mientras el proceso de la peli avanza”, explican

Lejos de buscar certezas, la película abraza la duda:

“Tenemos más preguntas que respuestas”, dicen, y esa decisión marca su tono: no hay verdades absolutas, sino experiencias compartidas desde donde cada espectador puede identificarse.

 Más allá de las categorías

Aunque el filme atraviesa temas como género, identidad o raza, evita caer en narrativas convencionales.

Todo comenzó con una inquietud personal: entender el autorrechazo vivido en la infancia hacia el cuerpo, el color de piel o las raíces familiares. Sin embargo, el proyecto pronto se transformó.

“Pensar que las películas de transición tienen un inicio y un final… era algo que queríamos cuestionar”, explican. En lugar de eso, la película propone la transición como un estado continuo, abierto.

Así, el relato se expande hacia algo más amplio: la posibilidad de que todas las personas puedan “renombrarse y reestructurar la forma en la que se narran”, especialmente frente a narrativas heredadas que muchas veces son “patriarcales o racistas”.

 Imaginación radical

Uno de los conceptos clave del proyecto es la “imaginación radical”, entendida como una herramienta para romper con lo binario.

“No limitarse a un formato… puede ser un millón de cosas”, explican. Esa lógica atraviesa tanto el contenido como la forma: la mezcla de lenguajes, la hibridez estética y la apertura a lo no definido.

También aparece como una vía para reconstruir identidad frente a historias fragmentadas: el mestizaje, el borrado de raíces indígenas o los desplazamientos familiares.

En ese contexto, lo no racional como el sueño, el ritual, la danza,  se vuelve una forma válida de conocimiento. Una manera de “expandir la idea de quiénes somos más allá de una lógica identitaria”.

 Filmar desde el cuidado

La película también es un ejercicio de vulnerabilidad compartida. Frente a la cámara, sus creadores no solo dirigen: se exponen. Por eso, el proceso estuvo guiado por una ética clara:

“partimos de una relación de cuidados… antes incluso de sostener el proceso creativo”.

No todo lo que se dijo o se filmó terminó en pantalla. El montaje fue un filtro sensible: decidir qué compartir, qué resguardar y qué dejar en el terreno de lo íntimo.

“No necesariamente todo tiene que ser dicho en palabras”.

Un cuerpo que es muchos cuerpos

El título no es casual. Mi cuerpo es una estrella nace de una idea persistente: la expansión.

“Nuestro cuerpo es una estrella que se expande… tenemos mucho más en común con las estrellas que con cualquier categoría identitaria”.

La película abraza esa visión: el cuerpo como algo colectivo, habitado por memorias familiares, ancestros e incluso presencias imaginadas. “Invocamos ancestros fuego, flores… un cuerpo habitado por pasado y futuro”.

La llegada al Festival Internacional de Cine de Guadalajara

La cinta que pronto llega por primera vez al territorio mexicano ya formó parte de varios circuitos internacionales, entre ellos el Festival de Cine Documental de Ámsterdam y el Festival de Cinema de Barcelona.

Podrás verla el próximo 17 al 25 de abril, siendo la oportunidad ideal para descubrir una obra cargada sensibilidad, intimidad, resistencia y diversidad en uno de los festivales más importantes de iberoamérica.

“La peli fue pensada primero que nada en personas que han tenido experiencias corporales similares a las nuestras”, dicen. Personas queer, trans, racializadas, pero también cualquiera que haya atravesado procesos de autorrechazo o búsqueda identitaria.

Más que ofrecer respuestas, la película abre un espacio. Uno donde el cuerpo puede dejar de ser frontera para convertirse, finalmente, en algo que se expande. Por ahora te dejamos con el tráiler:

 

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