Leonardo Vega · 28 de mayo de 2026
En las producciones de cine LGBTTTIQ+ existe el cliché, en su mayoría siempre se basa en el chico gay que es gracioso o el romance que dura toda la vida, pero pocas veces se muestra la desobediencia, el placer y hasta el deseo en una producción. El fin de las primeras veces es la ópera prima de Rafael Ruiz Espejo y con ella busca darle un giro a lo que siempre romantiza.
“Aunque agradezco que ahora haya muchos referentes queer en el mainstream, su lógica suele ser complacer al mayor público posible, contando historias con mucho pudor y romantización. Decidí contar esta historia desde un lugar más retador, rasposo y sin pudor, combinando crudeza y ternura.
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“No busco complacer a un público normativo, sino incomodarlo, mientras represento al público queer con más profundidad y desparpajo”, declaró el director Rafael Ruiz Espejo para Animal MX.
La historia retrata a Eduardo, un joven que acude a Guadalajara a presentar su examen de admisión a la universidad y mientras se aleja del seno familiar vive su liberación emocional y sexual en unas horas.
“La película va completamente de desobedecer a la autoridad. Aunque la familia a veces busca proteger desde el miedo, en el camino de ser uno mismo hay que desafiarlos. Lo que la película intenta es precisamente incitar esa desobediencia”, agregó.
El filme no rebasa la hora 20 minutos y dice demasiado. Su protagonista no habla mucho, pero lo que ocurre a su alrededor es clave para mostrar las emociones y represión que puede vivir el ser humano en un entorno fuera del suyo.
“Eduardo es un chico tímido que se enfrenta a una ciudad nueva con gente que no conoce, lo que lo pone en una doble situación de vulnerabilidad. Al tener que abrirse poco a poco, habla mucho más con sus acciones y con lo que intenta ocultar que con lo que dice.
“El resto de su universo es más verbal y extrovertido, pero la cámara nos coloca en el lugar de Eduardo, enfocándonos en las sutilezas de su rostro y sus miradas. Creo que cuando no decimos nada es cuando más decimos la verdad”, agregó sobre los diálogos que ocurren.
Para Rafael lo LGBTTTIQ+ se ha convertido en un producto para consumo y con ello se le ha dado espacio a estos filmes, pero él hace hincapié en que no se debe complacer a las élites con lo cliché.
“La representación queer ha crecido muchísimo, tanto en cantidad como en nivel de exposición. Las grandes corporaciones se dieron cuenta de que somos mucha gente que consume, y nos dieron un lugar en el mercado. Sin embargo, siento que ahora falta dar un pasito extra para dejar de intentar complacer a todo el mundo”, complementó.
“Mi primera vez / Siento emociones que nunca soñé”, diría una famosa canción de María Daniela y Su Sonido Lasser y El fin de las primeras veces trata de eso, una constante y de la que toda tu vida te enfrentas a ello.
“Creo que las primeras veces no terminan. La transición a la adolescencia concentra muchísimas primeras decisiones en muy poco tiempo, pero a lo largo de tu vida siempre haces cosas nuevas; la última primera vez es la muerte.
“Tener esto en mente te empuja a expandir tus límites y a no quedarte con ganas de nada. Así que mi última primera vez no existe, aún me faltan un montón de cosas por hacer”, recordó el director.
El fin de las primeras veces ya está en exhibición en 24 ciudades del país y Rafael Ruiz Espejo destaca que su primer filme es un llamado a la desobediencia que él mismo invita a desafiar.
“La rebeldía es parte esencial de la adolescencia y en esa desobediencia nos definimos. Muchas normas sociales y familiares vienen del miedo y la represión, así que hay que desafiarlas para ser uno mismo (uno misme), asumiendo que habrá consecuencias y caídas.
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“Hay que vivir con prudencia pero con un poquito de riesgo al corazón roto o al regaño. Acepto todas mis cicatrices y golpes porque, junto con mis tristezas, también viví los momentos donde el mundo se me abría y experimentaba la felicidad máxima.”, concluyó.