Diana García · 11 de septiembre de 2026
Con ocupaciones hoteleras de entre 30 y 40 por ciento al inicio de septiembre, prestadores de servicios turísticos, restaurantes y trabajadores de Chetumal, Calderitas y Bacalar enfrentan ahora la temporada baja después de un verano que quedó por debajo de las expectativas de una parte del sector.
De acuerdo con la Secretaría de Turismo de Quintana Roo, durante la semana del 29 de agosto al 4 de septiembre, la ocupación hotelera en la Grand Costa Maya registró 30 por ciento. Empresarios del sur señalaron que el verano tampoco alcanzó los niveles del año pasado, mientras trabajadores de restaurantes ya perciben una reducción de clientes con el regreso a clases.
El presidente de la Asociación de Hoteles y Servicios Turísticos del Centro y Sur de Quintana Roo, Raúl Andrade Angulo atribuyó la caída a múltiples condiciones, entre ellas el combustible de las aerolíneas, los efectos del Mundial y las presiones de Estados Unidos, lo que derivó en que la ocupación hotelera no superó el 70% durante el verano y que septiembre arrancará con solo 35% de operaciones.

“Fue un año muy difícil no solo para México y Quintana Roo, muchos países, mucha gente no nos visitó porque eligieron el Mundial, el mercado de Estados Unidos tuvo problemas. Fue una combinación de efectos, pero nosotros estamos echándole el hombro para que la próxima temporada sea mucho mejor. Este verano fue atípico, no llegamos a los niveles esperados, rondamos en 65 por ciento, el año pasado llegamos a niveles de 85, iniciamos septiembre en 35 a 40 por ciento”, señaló.
La presidenta en Chetumal-Tulum de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Canaco Servytur), Adrienne Díaz Alamilla, señaló, sin precisar cifras, que en mesas de trabajo han planteado al gobierno del estado un descenso en la llegada de visitantes beliceños debido a los trámites migratorios y a “malas experiencias de servicios” en la ciudad.
“Sí hubo visitas, donde notamos un descenso es con los visitantes de Belice hacia Chetumal, los trámites para aduanas son muy complejos. Ellos hablan de que aquí no los atendemos bien, es un problema que los empresarios tenemos que resolver para mejorar la calidad en el servicio del sector empresarial, y la parte del gobierno en tramitología, porque los beliceños se van a otro lugar”, expresó.

A las observaciones de los líderes empresariales se suman las impresiones de quienes trabajan todos los días frente a los visitantes. En Calderitas, a unos 15 minutos de Chetumal y a poco más de un año de la remodelación del corredor turístico, los restaurantes lucen con mesas vacías entre semana frente al turquesa de la bahía y una de las mejores puestas de sol de la zona.
El paisaje permanece, pero el movimiento disminuyó con el final de las vacaciones. Evelyn Regina Rodríguez, mesera del restaurante Los Cerros, explicó que el regreso a clases y los gastos familiares han reducido las ventas. Aunque todavía hay trabajo y llegan algunos clientes, asegura que el movimiento ya no es el mismo que hace cinco años.
“Han bajado las ventas, se entiende con la escuela de los niños, la gente tiene mucho gasto, baja un poco la venta. Pero, gracias a Dios, hay trabajo, llega un poco de gente, nos mantenemos. Pero no como hace cinco años, antes se llenaba más. Diciembre es de los más bonitos, porque llega gente que sí valora nuestro trabajo y te apoyan con una buena propina”, explicó.
A unos metros, el panorama cambia ligeramente. El restaurante La Aurora colinda con el parador fotográfico de Calderitas, donde los visitantes pueden detenerse frente al mar y después disfrutar de un pescado a buen precio. Para César Iván López, trabajador del establecimiento, el verano sí cumplió con las expectativas y la remodelación del parador ha contribuido a atraer visitantes.

Sin embargo, coincide con Evelyn en que septiembre, octubre y noviembre representan meses más complicados. Consideró que actividades adicionales podrían incentivar las ventas y generar mayor movimiento en la zona antes de la temporada de diciembre.
“Sí nos fue bien, se cumplió nuestra expectativa, vinieron muchos turistas, gracias a la remodelación del parador, sí han venido más turistas, más ventas, con el regreso a clases, sí bajó un poquito. Pero aquí seguimos, con el Tren Maya hay más posibilidades de que la gente conozca Calderitas, aquí hay seguridad, las autoridades cumplen con la vigilancia. Pero estos meses sí nos ayudaría que hagan más eventos, para que la comunidad se integre más, hasta ahorita todo tranquilo”, explicó.
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A poco más de 44 kilómetros, el escenario se repite con sus propias diferencias. En Bacalar, frente a la plaza central, las vacaciones terminaron y para Cinthya Saucedo, subgerente de un restaurante de sushi, la baja afluencia se traduce algunos días en apenas cinco mesas atendidas y una mayor dependencia de los servicios a domicilio para el consumo local.
“Se acabaron las vacaciones, si de por sí no hubo casi gente, ahorita está muerto. A veces tenemos cinco mesas al día y el servicio a domicilio para el consumo local. En Semana Santa parecía que no eran vacaciones, los turistas vienen, disfrutan de la laguna. Pero falta algo que hacer por las tardes, actividades culturales, eso es lo que buscan los turistas. En otros años había mucho movimiento, pero ya no”, explicó.

Para la trabajadora, la laguna continúa como el principal atractivo de Bacalar, pero considera que después de recorrerla los visitantes encuentran pocas alternativas culturales que los mantengan durante más tiempo en el centro y generen consumo para restaurantes, comercios y artesanos.
Respecto al arribo de turistas mediante el Tren Maya, Cinthya expresó que sus efectos son prácticamente imperceptibles para el establecimiento donde trabaja. Incluso comparó el proyecto con un “adorno” en Bacalar, al considerar que hace falta mayor promoción turística y cultural del destino.
“Yo no puedo decir que el Tren Maya no esté ayudando con más visitantes, no hemos tenido clientes que nos comenten que llegaron a Bacalar mediante el tren o quieran conocerlo. Muchos vienen, pero no saben que el tren esté”, explicó.
Para ella y otros artesanos, Bacalar resultaba más atractivo cuando el parque central conservaba una imagen más tradicional y los visitantes encontraban espectáculos, danzantes o presentaciones de los Voladores de Papantla, originarios de Veracruz. Aunque no se trata de una expresión propia de Quintana Roo, considera que este tipo de actividades acercaba a los turistas a distintas manifestaciones de la cultura mexicana y les ofrecía algo más que hacer después de visitar la laguna.
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“Aquí nací y aquí crecí, cuando éramos un pueblo, teníamos más turismo. Hoy no encuentran, solo el mercadito. Pero la gente quiere cultura después de pasear en la laguna”, concluyó.
Con el verano finalizado, trabajadores y empresarios de Chetumal, Calderitas y Bacalar tienen por delante tres meses de temporada baja. Entre mesas vacías, consumo local y la expectativa de generar nuevos atractivos, el sector busca sostener sus operaciones hasta diciembre, uno de los periodos más esperados por quienes dependen del turismo en el sur de Quintana Roo.