Se escribe Cruz Azul, se pronuncia Campeón

Felipe Morales · 25 de mayo de 2026

Se escribe Cruz Azul, se pronuncia Campeón

Rodolfo Rotondi le encontró nuevos significados a la pelota. Con un zurdazo de media vuelta, muy parecido al flash de una cámara, el uruguayo retrató el gol del campeonato.

En el minuto 94 con 36 segundos, se capturó una nueva realidad. Las cruzazuleadas también suceden a la inversa.

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Rotondi también supo que el futbol da y quita. Y que todo lo que involuntariamente le había arrebatado a Cruz Azul con errores, en un par de Finales pasadas, ahora se lo devolvió en forma de trofeo. La Décima de Cruz Azul también es eso: la revancha de lo individual transformada en el logro colectivo cristalizado en el beso a una dama de plata que mide 47 cm, pesa 9 kilos y sabe a oro.

 

Si alguna vez, Rotondi fue un penal polémico sobre Israel Reyes, en la última instancia ante el América, hoy es un ídolo azul, porque al futbol le gusta la perseverancia.

“Es una revancha grupal y personal. Es un desahogo y una alegría inmensa”, declaró con la medalla de Campeón colgada en el cuello.

 

Antes, Ciudad Universitaria hervía en un solo vapor: el de la victoria. Robert Morales le había metido toda la agujeta a un balón que llevó su empeine tatuado. Pumas ganaba con ese disparo que rompió las agujas de los velocímetros y que estaba por romper 15 años sin título auriazul.

 

Pero no sucedió porque la suerte también practica este deporte. La Máquina empató con un autogol universitario en forma de carambola. Cuando Angulo quiso despejar, estrelló la pelota en Rubén Duarte. Pudo ser una escena cómica, pero nadie se suele reírse ante la desgracia. Y fue ahí, en ese exacto momento, cuando se demostró que el silencio también alza la voz.

 

Luego, Piovi disparó desde Jupiter. Forzó a Keylor Navas a lanzarse hacia su derecha para repeler un envío de más de 40 metros. Cruz Azul no jugaba: latía. Y a pesar de que había perdido a su maquinista Paradela, la oncena azul dictaba las partituras del juego.

 

Ante tanta superioridad celeste, durante toda la serie, la probabilidad también chuta. Es como lanzar dardos: Aunque no tengas puntería, alguno se incrustará en el 100. Y Uriel Antuna fue ese flechazo al corazón puma. Cuando fue expulsado  en el último minuto del partido por una irresponsable plancha, se contorneó la catástrofe universitaria.

 

A partir de ahí, Cruz Azul olió la sangre. Fue entonces cuando, en tiempo de compensación cuando el cronómetro se extinguía, Rotondi apareció con aquel disparo, en forma de rehilete, que viajó por el viento del Pedregal, así como viajó el lamento de Efraín Juárez: “Valió v**ga”, sentenció el entrenador local, cuando lo enfocaron con una cámara con un lente tan largo que permitió que se le vieran las frustraciones y las maldiciones

Foto: AFP

Y si es cierto que hasta ese entonces los de Efra, técnico refrescante con exceso de personalidad, olfateaban una suerte de Campeón por salvarse de la metralla azul, no es menos cierto que los cementeros utilizaron su mote para la construcción y edificación del décimo título, porque mientras Cruz Azul está sucediendo, Pumas está por pasar…

 

La Máquina, ya sin Nicolás Larcamón, es el trabajo a través del tiempo. Más de 100 millones de dólares invertidos confirman que las chequeras también disparan a portería. Pero, independientemente de las multimillonarias cifras gastadas, La Máquina descubrió que Joel Huiqui solo necesitó siete partidos para coronarse.

 

Es la segunda marca más corta de la historia. Eso es una buena noticia para los contadores. No tendrán que gastar más en un nuevo técnico.  La solución está en casa. Y es más barata. Huiqui, solo necesito una manguera para apagar fuegos internos.

 

El ex entrenador Larcamón también merece un cachito de la medalla azul. Aunque fue despedido en la última fecha del torneo, fue tercer lugar general y dejó al equipo con el mejor puntaje del año. Por primera vez, una decisión tomada con el estómago sale bien.

 

Al final, en la tarima del Campeón, donde cabe solo un capitán, Cruz Azul tuvo tres.

Erik Lira no jugó, pero se escapó de la concentración de la Selección Mexicana para alzar el trofeo, junto a Charly Rodríguez.

Foto: AFP

Si en la foto ya había sobrecupo de líderes, un personaje más se coló como se cuela alguien en un elevador que está por cerrarse. Rodolfo Rotondi: el héroe de La Décima.

Era necesario. Incluso, justo que supiera cuánto pesa la copa. De esa forma, a pesar de todo. A pesar de ellos mismos, por décima ocasión, se escribe Cruz Azul. Y se pronuncia Campeón.