La Secretaría de Salud de la CDMX desinforma sobre afectaciones a la salud por el uso de perfume

Kenia Hernández Rivera · 13 de febrero de 2026

La Secretaría de Salud de la CDMX desinforma sobre afectaciones a la salud por el uso de perfume

La Secretaría de Salud Pública de la Ciudad de México (SSaludCdMx) recomendó vía redes sociales no aplicar perfume en la zona del cuello porque está directamente relacionada con la tiroides, lo que facilita la absorción de químicos y, por lo contrario, es mejor rociarlo en muñecas y ropa. Pero esta advertencia, difundida el pasado 4 de febrero, es engañosa.

Contrario a lo que sugiere la publicación de las autoridades de salud, no existe evidencia científica sólida que demuestre que aplicar perfume en el cuello cause daño a la tiroides. La preocupación no radica en la zona de aplicación, sino, más bien, en los componentes químicos que contienen algunos perfumes y su exposición prolongada.

El Sabueso contactó a la Secretaría de Salud de la Ciudad de México para preguntar en cuáles estudios científicos se basó al citar en su infografía a la Endocrine Society, el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS, por sus siglas en inglés) y a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). 

La Secretaría contestó: “Cometimos un error y saldremos con una nota aclaratoria”. Al cierre de esta edición no se había emitido aclaración alguna; eso sí, la publicación fue retirada de redes sociales.

No existen pruebas concluyentes de que la aplicación de perfume dañe la salud 

Paola Portillo Sánchez, especialista en medicina interna y endocrinología, explica que la tiroides no está expuesta directamente bajo la piel. Entre la superficie cutánea y esta glándula existe tejido graso y muscular cuyo grosor varía según cada persona. 

Además, prácticamente toda nuestra piel tiene alta vascularización, por lo que la absorción de sustancias no depende significativamente del lugar donde se aplique el producto.

La especialista explica que el proceso de absorción química de la piel comienza en la barrera cutánea, atraviesa las distintas capas de la piel y posteriormente alcanza los vasos sanguíneos superficiales y el sistema circulatorio. Una vez en el torrente sanguíneo, el químico se distribuye por todo el organismo. Por ello, aplicar perfume directamente en las muñecas, nuca, cuello o antebrazos no genera un riesgo comprobable para la salud.

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“Incluso existe algo de controversia, por ejemplo, en qué tanto llegamos a absorber cuando se pone a nivel ropa versus directamente piel, porque tiene alta vascularización. En la academia se habla de la duración, pero no de la localización. Es una interrogante, pero no se ha demostrado que provoque un daño a la tiroides; sí hay evidencia de que al ponerme químicos a largo plazo exista la posibilidad de que tenga alguna reacción”, aclara Portillo Sánchez.

Perfume cuello Secretaría de Salud
Imagen: captura de pantalla a partir de la publicación de la Secretaría de Salud Pública de la Ciudad de México.

Parte del debate se centra en los llamados disruptores endocrinos, que son sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal y aumentar o disminuir la secreción de hormonas. Algunos componentes presentes en perfumes han sido asociados con este tipo de efectos, aunque el impacto depende de múltiples factores, como la dosis y la frecuencia de uso.

Algunas fragancias pueden contener metales pesados u otros compuestos, cuya regulación aún es limitada. No necesariamente se trata de sustancias abiertamente tóxicas, pero en varios casos no está definido cuál es la cantidad segura de exposición para el cuerpo, de acuerdo con la especialista.

A la par, agrega, existen estudios como el publicado en la revista científica Science, que exploran si perfumes y cremas podrían influir en procesos de oxidación en el cuerpo. Sin embargo, todavía no se ha comprobado con claridad si estos cambios resultan perjudiciales.

“El impacto más significativo, más que la loción de cuello, sería el que se desconoce de qué están hechas ciertas sustancias y que puedan tener ese impacto de disruptor endógeno”, apunta en entrevista.

Falta de transparencia en la divulgación de ingredientes

De acuerdo con un estudio publicado en agosto de 2025 en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos (NLM, por sus siglas en inglés), los ingredientes como ftalatos, parabenos, compuestos orgánicos  volátiles (COV) y metales pesados se usan comúnmente para lograr los efectos cosméticos deseados.

Pero cada vez hay más evidencia de que pueden representar riesgos significativos para la salud como irritación de la piel, problemas respiratorios, reacciones alérgicas, alteraciones endocrinas, problemas reproductivos e incluso un riesgo elevado de ciertos tipos de cáncer.

Por ejemplo, los ftalatos y los parabenos, a menudo utilizados como conservantes y estabilizadores en perfumes, se han asociado con el mimetismo hormonal, que puede provocar infertilidad, obesidad y problemas de desarrollo.

De manera similar, los compuestos orgánicos  volátiles (emitidos como gases por fragancias y productos en aerosol) se han relacionado con trastornos respiratorios y efectos neurológicos. La presencia de metales pesados ​​como el plomo, el cadmio y el mercurio en ciertos cosméticos exacerba, por su parte, aún más los problemas de salud, al acumularse estos elementos en el cuerpo y ejercer efectos tóxicos con el tiempo.

A pesar de las posibles implicaciones para el humano, la NLM señala que el panorama regulatorio que rige los cosméticos y productos de cuidado personal sigue siendo fragmentado y, en algunos casos, insuficientemente estricto.

Si bien agencias como la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, en inglés) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) han implementado pautas para garantizar la seguridad de los productos, estas regulaciones a menudo no abordan los efectos acumulativos y a largo plazo de la exposición repetida a múltiples ingredientes químicos.

Además, la falta de transparencia en la divulgación de ingredientes, con muchas formulaciones protegidas bajo la apariencia de secretos comerciales, complica los esfuerzos para evaluar y mitigar los riesgos de manera efectiva, según se lee en el documento.

“El consumidor promedio está expuesto a una multitud de productos de cuidado personal diariamente, que van desde pasta de dientes y champú por la mañana hasta humectantes y perfumes durante todo el día. Este uso habitual resulta en una exposición agravada a una combinación de sustancias químicas, cuyas interacciones y efectos combinados aún se comprenden poco”, refiere el artículo.

Para la endocrinóloga, las revisiones existentes sobre la seguridad de los perfumes se han centrado principalmente en aspectos puntuales, como los efectos dermatológicos y los impactos toxicológicos, lo que con frecuencia deja lagunas importantes en la comprensión integral de sus implicaciones para la salud humana.

¿Puedo seguir aplicándome perfume?

Con base en un análisis presentado en el Congreso Español de Salud Ambiental de 2015, los ésteres del ácido ftálico —también denominados ftalatos— son sustancias químicas empleadas en multitud de productos de uso diario que forman parte de una extensa literatura científica desde hace años. Se clasifican según su peso molecular: alto y bajo.

En el primero, la cadena lateral del éster contiene de uno a cuatro átomos de carbono, se caracterizan por su alta polaridad y se agregan como disolventes y estabilizadores a productos de higiene personal, cosméticos, detergentes y limpiadores. En el segundo, la cadena lateral contiene cinco o más átomos de carbono y se emplean principalmente en la fabricación de plásticos (tubos, envases de alimentos, etcétera).

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Históricamente, los principales ftalatos utilizados en productos cosméticos han sido el dibutilftalato (DBP), que actúa como plastificante en artículos como los esmaltes de uñas al reducir el agrietamiento y la fragilidad; el dimetilftalato (DMP), presente en lacas para el cabello, ya que permite formar una película flexible y evita la rigidez; y el dietilftalato (DEP), que se utiliza como disolvente y fijador en fragancias.

En ese sentido, a tenor de Portillo Sánchez, tanto las fragancias naturales como las sintéticas pueden contener sustancias químicas agregadas para mejorar su duración, color o propiedades. Incluso productos etiquetados como “orgánicos” pasan por procesos de industrialización que pueden incluir la adición de componentes potencialmente problemáticos.

En este contexto, “la recomendación no es alarmar, sino informar y fomentar un consumo más consciente”. La doctora subraya la importancia de revisar la calidad del producto, exigir mayor transparencia en el etiquetado y reducir la exposición innecesaria a químicos, más allá de si el perfume se aplica en el cuello, las muñecas o la ropa. 

También advierte sobre el uso y almacenamiento de fragancias en envases plásticos, especialmente cuando se exponen a altas temperaturas, ya que pueden liberar micropartículas adicionales.

“Me enfocaría más en la calidad y el contenido que aplicamos (…) Mientras tengamos menos exposición a los plásticos, mejor. La salud también se construye desde decisiones pequeñas, pero constantes”, concluye.

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