Luis Baylón · 26 de mayo de 2026
Seguro lo has visto en TikTok, X (antes Twitter) o en los comentarios de Facebook. Alguien sube un video de un hombre perdiendo el control por un partido y el internet se llena de la misma palabra: “fifas”.
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El término se usa cada vez más para describir una amplia gama de comportamientos en algunos hombres, pero ¿a qué se refiere realmente? Sin rodeos: a la masculinidad tóxica.
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Lo que inició como una sátira en redes sociales hacia los fanáticos del fútbol y los videojuegos se convirtió en un concepto mucho más profundo. Hoy, el uso de esta palabra describe a hombres que no gestionan sus emociones, que tienen poca responsabilidad afectiva y que replican conductas machistas.
En Animal MX te explicamos el origen de este término, por qué no es “solo un meme” y cómo identificar estas conductas.
El término proviene de la famosa saga de videojuegos de fútbol (ahora llamada EA Sports FC). El estereotipo señala que muchos de los usuarios que replican actitudes violentas, homofóbicas o discriminatorias en espacios digitales y reales, comparten el gusto por este juego.
Ojo: no tiene nada de malo que te guste el fútbol o las consolas. El problema no es el juego en sí, sino la cultura de la agresividad y la falta de regulación emocional que a veces se normaliza a su alrededor.
Depende totalmente de tu comportamiento, no de tus gustos. Para salir de dudas, te dejamos un breve test para reflexionar:
¿Lo juegas porque crees que es un “juego de hombres”?
¿Al competir te parece divertido humillar, insultar o acosar al rival?
¿Te cuesta trabajo controlar la ira (gritas, rompes cosas) cuando el resultado no te favorece?
¿Asumes en automático que a las mujeres no les interesa o no saben de fútbol y gaming?
El diagnóstico: Si respondiste “sí” a alguna de estas preguntas, vale la pena analizarlo. Podrías estar reproduciendo roles de género tradicionales, conductas de frustración violenta o visiones sesgadas sobre las mujeres. El primer paso para cambiarlo es darte cuenta.
En los últimos meses se ha viralizado una especie de reapropiación del término por parte de algunos aficionados al deporte, quienes lo usan con orgullo en playeras o memes. Sin embargo, hay una diferencia clave que debemos aclarar de forma periodística: el concepto original nació para señalar la violencia y la misoginia, no para atacar el gusto por el fútbol.
Esto nos invita a una conversación incómoda pero necesaria: ¿Por qué buscar identificarse con un término ligado a la agresión, en lugar de revisar nuestras propias actitudes cotidianas para asegurarnos de no ejercer violencia?
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Aunque nació en internet, este fenómeno no se queda en un meme. La falta de control emocional y la frustración mal canalizada tienen consecuencias reales en riñas callejeras y enfrentamientos entre barras de aficionados.
Pero el problema va más allá de los estadios. Organizaciones internacionales como la ONU y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han documentado ampliamente cómo la falta de regulación emocional en los hombres y la cultura del machismo se transforman directamente en violencia de género e intrafamiliar.
En redes sociales, se ha popularizado una frase que resume esta cruda realidad:
“Si pierde mi equipo, pierde mi familia”.
De acuerdo con diversos estudios sociológicos, los reportes de violencia doméstica suelen incrementarse en los días de partidos de alta tensión.
Cuestionarnos nuestro acercamiento al deporte es vital, especialmente en una época donde el fútbol y los esports están en todos lados. El objetivo final de la cultura pop, las canchas y las consolas debería ser el entretenimiento y la comunidad.
Disfrutar de la pasión por el gol no tiene por qué estar peleado con la empatía, el respeto y la salud mental. Al final del día, deconstruir al “fifas” que llevamos dentro nos beneficia a todos.