Mauricio Elí · 31 de enero de 2023
La diputada local de Oaxaca Reyna Jiménez Cervantes presentó una iniciativa para crear una Ley de Tenencia de Perros Potencialmente Peligrosos… ¿Peligrosos? Ajá, es la expresión que nos llevó a consultar especialistas, para entender si esta es adecuada o si están estigmatizando a ciertos lomitos.
En su iniciativa la legisladora explica que “Perros Potencialmente Peligrosos (PPP)” es una denominación para razas consideradas así “por sus atributos físicos”, y para ellos propone, entre otros puntos, crear un listado de sus propietarios, prohibir que circulen sin correa o bozal; hacer obligatorio que tengan placa o chip, y que al estar encerrados se cumplan ciertas características en las vallas, cercos, rejas o paredes que no permitan que “el hocico del perro los atraviese”.
Al respecto, médicas y médicos veterinarios que consultamos consideran inadecuado hablar de “razas peligrosas” de perros.
Es verdad que ciertos animales representan más riesgo por su fortaleza o tamaño, pero los especialistas refieren que el asunto debe enfocarse más del lado de los humanos que los tienen como mascotas, que no cuidan su crianza y que quieren en sus hogares perros con características físicas que no pueden controlar.
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“No hay razas peligrosas”, destaca la médica veterinaria zootecnista Reyna Cofas Cuevas, egresada de la FES-Cuautitlán de la UNAM y con 17 años de experiencia. “Más bien el ser humano es peligroso al no saber qué tipo de raza puede manejar y tener”.
“Hay malos y peligrosos humanos criando y educando perros”, coincide Javier Guillén, también médico veterinario zootecnista y gerente de Exportaciones en Salud Animal de Laboratorios Sanfer.
El especialista enfatiza que “hay razas con diferentes temples”, lo que hay que conocer y entender antes de elegir ciertos perros como mascotas.
La iniciativa de Jiménez Cervantes lista como “potencialmente peligrosas” las razas mastín napolitano, fila brasileño, presa mallorquín, bullmastiff, presa canario, pitbull terrier, bull terrier y rottweiler, entre otras.
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Su criterio se basa en las características definidas por la Comunidad Autónoma de Madrid en el Real Decreto 30/2003, entre ellas el tener:
Ese Real Decreto también define a los PPP como aquellos “que hayan sido adiestrados para el ataque”.
Al respecto, el veterinario Guillén insiste en que el término “peligroso” no es adecuado. En cambio, recomienda hablar de ciertos perros más “agresivos”, explicando que varios factores pueden intervenir en que un ejemplar se comporte así. La verdad es que estos factores muchas veces ligados a las fallas humanas en su crianza.
“La falta de límites y jerarquía crea situaciones confusas y reactivas en un animal”, dice.
Los riesgos, agrega Cofas, radican en la anatomía de ciertas razas, que si llegan a morder harán más daño que uno de raza pequeña.
“Aquí lo que deberían regular es la crianza, venta y mantenimiento de esas razas pues no cualquiera puede manejarlas”, señala.
“Como cualquier animal, un perro poco educado puede ser propenso a responder instintivamente”, detalla Guillén. “Un claro ejemplo son las razas pequeñas que suelen ser más agresivas que las razas grandes debido a la mala educación”.
Cofas coincide nuevamente considerando que los Chihuahua, por ejemplo, “son agresivos por falta de límites, regularmente son tratados con sobreprotección. No los dejan ser perros porque son chiquitos y los humanizan. Eso también es maltrato porque pierden identidad, los vuelve agresivos”.
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La iniciativa de ley propone diversas regulaciones, por ejemplo, que los caninos de las razas ya mencionadas deberán mantenerse en un “sitio cerrado”, y especifica condiciones como paredes o vallas con altura no menor a 2.5 metros, y que “en zonas rurales se impedirán la libre circulación del animal en lugares públicos [sic]”.
Dice también que, de no contar con esas medidas de seguridad, deberán estar atados con “correas o cadenas de material suficientemente resistente”.
“Imagina: son perros con temperamento fuerte, ahora amárralos, enciérralos y no los dejes salir a socializar”, dice Guillén.
Ambas expertas consideran que esto puede impactar negativamente en el comportamiento de los ejemplares pues, de acuerdo con Cofas, el maltrato, la falta de socialización y los comportamientos de sus dueños son factores que pueden potenciar la agresividad en los perros. ¿La solución? No amarrar a tu lomito a un árbol ni encerrarlo y dejarlo ahí, sin afecto ni contacto humano o con otros lomitos.

En su artículos 23, 24 y 25, la iniciativa establece que los ejemplares que “deambulen” en vía pública quedarán a disposición del Centro de Control Canino y Antirrábico Municipal. Tras 10 días sin ser reclamados serán declarados “legalmente abandonados “ y su destino se definirá entre ser puestos en adopción, sacrificados o entregados a “instituciones educativas o protectoras de animales”.
Esto demuestra que “el bienestar animal no está bien entendido ni regulado en México”, señala Guillén.