Abigail Camarillo · 5 de diciembre de 2025
No hay duda de que vivimos en un mundo muy acelerado donde la soledad y la desconexión social son un desafío silencioso para muchas personas. Una herramienta a menudo subestimada para reconstruir lazos y fortalecer el bienestar es el voluntariado.
Ser voluntario muchas veces visto como un simple acto de caridad, pero en realidad es una de las formas más poderosas y de doble vía para combatir estos desafíos modernos. No se trata solo de dar; es un intercambio que genera bienestar, propósito y conexión de una manera que pocas otras actividades pueden lograr.
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El voluntariado es una invitación a detenernos, mirar a otras personas y descubrir que, al tender una mano, también podemos sanar una parte de nosotras mismas.
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Los actos de bondad no son solo una experiencia emocional; tienen un impacto biológico real y medible en nuestro cuerpo.
Cuando una persona decide acompañar, escuchar o simplemente estar presente para otra, se desencadena un “contagio positivo” que beneficia a todos los involucrados, creando un círculo virtuoso de bienestar. Este fenómeno se explica a través de varios mecanismos clave:
Esta ciencia de la bondad cobra vida en las experiencias reales de quienes han decidido hacer del voluntariado una parte fundamental de sus vidas.

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Los beneficios del voluntariado se aprecian con mayor claridad a través de las historias de quienes lo viven en primera persona. En la Huellas ONG, que impulsa espacios para hacer voluntariado, las voces de sus voluntarios reflejan esta profunda transformación.
Por ejemplo, en Animal MX platicamos con Nadia Mendoza López, voluntaria actual en la Huellas ONG y comparte que su motivación para ayudar a otras personas nació del ejemplo de su familia, quienes le enseñaron desde pequeña el valor de la empatía.
“Creo que todo parte de mi crianza. Siempre vi cómo mi mamá o mi abuela apoyaban en lo que podían a otras personas y me enseñaron a ser muy empática. Cuando crecí, quise continuar con ese ejemplo”, cuenta Nadia.
Para ella, el voluntariado es una forma de “hacer la vida un poco mejor” para otras personas, consciente de que no todas tienen las mismas oportunidades. Su experiencia le ha permitido no solo apoyar, sino también redescubrir una verdad fundamental sobre la conexión humana.
“La mayor virtud que encuentro en el voluntariado es que nos permite conectar con nuestra humanidad. Cada sábado que voy al voluntariado y convivo con los abuelos y niños me convierto en una persona más empática y creo que cada vez me encuentro con más personas que han olvidado lo importante que es conectar con otros. El voluntariado nos permite recordar eso.”
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Otro caso es el de Fernando Cortés Gandarias, quien comenzó a ser voluntario en un momento en que sentía que estaba perdiendo el rumbo de su vida.
“Estaba en un punto en el cual sentía que estaba perdiendo el rumbo de mi vida en muchos aspectos y dejando a un lado las cosas que en verdad importaban, así que en ese momento decidí que debía cambiar el chip mental y rehacer todo”, explica.
Añade que para él hacer voluntariado es “la mejor experiencia del mundo, porque puedo compartir y dar amor a las personas”.
“Con los abuelitos me encanta porque puedo escuchar sus experiencias de vida y tomar lo mejor de ello para poder mejorar como persona y como voluntario. Con los niños también es una experiencia magnífica, me olvidó de cualquier cosa cuando los visitamos, dejo de ser adulto y soy un niño más para pasar el rato jugando y corriendo; el verlos sonreír me llena el alma de satisfacción”, detalla.
Estas historias demuestran que el voluntariado es un camino de ida y vuelta, donde el acto de dar genera un impacto igualmente poderoso en quien lo ofrece.
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Como ya viste, en un mundo que clama por soluciones complejas, quizás una de las herramientas más transformadoras siempre ha estado a nuestro alcance: la simple y poderosa presencia humana.
El voluntariado nos demuestra que los vínculos que creamos son fundamentales; no solo para el bienestar colectivo, sino también para nuestra propia salud mental.
Es un recordatorio de que para sanar una comunidad, a veces el primer paso es sanarnos a nosotros mismos a través de la conexión.
Si tú, al igual que Nadia y Fernando, quieres sumarte a esta iniciativa y compartir tu tiempo con infancias o adultos mayores, puedes buscar a Huellas ONG. Puedes encontrar toda la información en el sitio web o en sus redes sociales.