Profesores contra estudiantes: la cadena de sospechas que alimenta la IA en las aulas.

Arlette Morales Diego · 8 de octubre de 2026

Profesores contra estudiantes: la cadena de sospechas que alimenta la IA en las aulas.

Por: Arlette Morales Diego

La discusión sobre inteligencia artificial en las aulas no puede reducirse a una disputa entre estudiantes y docentes. Para el Dr. Luis Josué Lugo Sánchez, coordinador del Laboratorio IA, Sociedad e Interdisciplina (LIASI) del CEIICH-UNAM, la tensión forma parte de un contexto más amplio de polarización y aceleración tecnológica que también atraviesa a las comunidades educativas.

Durante la presentación de su libro Inteligencia artificial: hacia una praxis reflexiva, ética e interdisciplinaria, Lugo coincidió con una intervención del público: la IA es “un reflejo de la polarización del mundo […] La IA la atraviesa y vive la polarización”, según la investigadora Carina Galar Martínez del CEIICH UNAM.

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Esta es una de las premisas que atraviesa la obra. El Doctor en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, también señaló que las relaciones de desconfianza alrededor del uso de IA entre estudiantes, profesores, académicos y la población también están vinculadas con un mercado tecnológico que se beneficia de problemas que ya existían en el ámbito educativo.

“El algoritmo ya no es el problema […] hay una cadena de sospechas [sobre quién usa IA]. Y la cadena de sospechas precisa diagnósticos situados”, señaló.

Para Lugo, esto implica conocer a las comunidades antes de establecer respuestas generales sobre cómo actuar. En las aulas, la pregunta no sería solamente si una persona utilizó IA, sino qué ocurre en cada contexto, qué necesidades tienen estudiantes y docentes y qué usos están haciendo de estas herramientas.

Inteligencia artificial: hacia una praxis reflexiva, ética e interdisciplinariajosé luis lugo
Foto: Libros UNAM

De la sospecha al diálogo

Esta cadena de sospechas aparece, por ejemplo, cuando profesores recurren a herramientas antiplagio mientras estudiantes buscan humanizadores de texto. Para Lugo, reducir el fenómeno a esa confrontación puede ocultar una discusión más amplia.

“Vamos muy acelerados sin pensar en los otros”, señaló. La respuesta, desde esta perspectiva, requiere alfabetización metodológica y espacios de diálogo que permitan comprender cómo se está utilizando la IA y qué capacidades necesitan las comunidades para hacerlo sin dejar de lado el pensamiento crítico.

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La discusión también cuestionó que algunos problemas educativos sean atribuidos directamente a la inteligencia artificial. El Dr. Jorge Cadena Roa, investigador y coordinador del Laboratorio de Análisis de Organizaciones y Movimientos Sociales del CEIICH, señaló que “hay muchas cosas que se atribuyen a la IA y vienen desde antes”, como copiar y pegar o la falta de lectura en la población; sin que esto último implique que hubo una “etapa dorada” donde todo mundo consumía libros.

De ahí que las respuestas no puedan limitarse a prohibir herramientas, sino que deben considerar las condiciones en las que estudiantes y docentes las incorporan.

Más allá de la declaración: gobernanza algorítmica

El problema, entonces, no termina en decidir si una persona utilizó o no IA. La discusión planteada alrededor del libro apunta hacia acuerdos institucionales y formas de gobernanza algorítmica que permitan establecer criterios de uso de acuerdo con cada comunidad y contexto.

Una necesidad que se relaciona con el lugar que ocupa América Latina frente al desarrollo de estas tecnologías. Durante la conversación, el Dr. Jorge Cadena Roa retomó la crítica de Lugo hacia la concentración de modelos de IA en países del Norte Global. Por ejemplo, el AI Index Report 2026 identifica a Estados Unidos, China, Corea del Sur y Canadá como los principales espacios de desarrollo de modelos de IA.

Ante tal riesgo, la Dra. Alma Rosa Alva de la Selva, investigadora de la UNAM y pionera en conceptos como brecha digital, planteó la necesidad de una regulación prospectiva capaz de anticiparse a la inclusión de nuevos desarrollos tecnológicos mediante marcos de conceptos fundamentales. Esta propuesta se relaciona con el derecho al futuro, que implica considerar desde ahora los efectos que tecnologías como la IA pueden tener sobre las personas y las sociedades.

El reto también es de capacidades. Para Alva, la brecha ya no se limita al acceso: “cada quién se apropia de las tecnologías como puede”. En este escenario, la alfabetización metodológica planteada por Lugo no consiste únicamente en aprender a utilizar una herramienta, sino en desarrollar una agencia epistémica que permita a las comunidades decidir cómo, para qué y bajo qué condiciones incorporarla.

Frente a este panorama, la apropiación situada supone reconocer que las necesidades de las comunidades latinoamericanas no necesariamente coinciden con las agendas que dominan el desarrollo tecnológico.

La alfabetización y la gobernanza no son procesos separados. Mientras la primera permite que estudiantes, docentes y comunidades comprendan y cuestionen las tecnologías que utilizan, la segunda establece acuerdos colectivos para decidir cómo incorporarlas. Ambas requieren diálogo y actualización constante, pues, como señaló Lugo, su propia propuesta también necesita revisarse ante los cambios recientes de la IA.

La discusión terminó con una premisa del Dr. Cadena: “No podemos darle la espalda a la inteligencia artificial”. Además, la Dra. Alva añadió “No es tiempo de preocuparse, sino de ocuparse” en sintonía con la propuesta de Lugo de llevar la discusión a la praxis.

Y esa tarea ocurre en un escenario que cambia mientras las comunidades intentan comprenderlo. Cadena Roa lo resumió así: “El mundo es complejo, creemos que es sencillo, cuando pensamos en comprenderlo, ya cambió”.

Texto por Arlette Morales Diego.