Animal MX · 23 de junio de 2026
Hoy todos hablamos de Lionel Messi como la leyenda del futbol argentino, ganador del Mundial 2022 en Qatar, con un palmarés espectacular en Barcelona, pero estuvimos muy cerca de que esa realidad no existiera. Cuando Lionel Messi era solo un niño en Rosario, Argentina, su talento con el balón era inversamente proporcional a su estatura, era muy chaparrito, por algo siempre ha sido “La Pulga”. Y la historia de cómo logró superar su deficiencia de la hormona de crecimiento es tan dramática como un gol en el último minuto.
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Aquí te contamos la historia de desesperación, rechazos y la millonaria inversión que cambió la historia del futbol para siempre.
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Cuando Jorge Messi se enteró de que el seguro médico ya no cubriría el tratamiento de crecimiento de su hijo Leo, el mundo se le vino abajo. El pequeño tenía una magia innegable en los pies, pero su cuerpo no se estaba desarrollando al mismo ritmo.
Jorge movió todas sus fichas:
Acudió al departamento de salud de Rosario, su tierra natal, y no hubo respuesta.
Presentó un proyecto a Newell’s Old Boys (el equipo de sus amores), pero no consiguieron el apoyo.
Desesperado, viajó a Buenos Aires con videos y pruebas de la genialidad de Leo directo a las oficinas de River Plate. Los directivos aplaudieron su talento, pero decidieron pasar. Era un riesgo enorme invertir en un niño de poco más de 10 años que medía apenas 1.37 metros.
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El Newell’s Old Boys envió al pequeño Leo con el especialista Diego Schwarzstein tras detectar un problema alarmante: su estatura estaba muy por debajo del promedio. ¿El diagnóstico? Un déficit en la hormona del crecimiento que ponía en riesgo su desarrollo y su sueño de convertirse en futbolista profesional.
Durante un tiempo, el único respiro llegó gracias a la Fundación argentina Acindar, que se hizo cargo del tratamiento mientras la familia seguía buscando a un verdadero mecenas.
Para los rangos de crecimiento de los niños en Argentina estaba muy debajo del promedio para sus 13 años, estaba 3.5 centímetros debajo del promedio del país sudamericano.
Para entenderlo de forma sencilla: este trastorno nace en la hipófisis, una pequeña glándula en la base del cerebro que se encarga de balancear nuestras hormonas y de producir, justamente, la que nos hace dar el “estirón”.
Cuando esta glándula falla, las consecuencias van mucho más allá de quedarse bajito. Juan de Dios Beas, médico del deporte y asesor de Clínicas Beiman, explica que este déficit puede golpear directamente el desarrollo de los músculos y de otros órganos, lo que a la larga termina afectando la salud general de la persona.
Sin un tratamiento adecuado, el sueño de cualquier joven atleta de convertirse en profesional se esfumaría. Según el especialista, este problema médico provoca:
Un desarrollo físico mucho más lento y deficiente.
Una musculatura incompleta y débil.
Un riesgo altísimo de sufrir lesiones constantes.
Este era exactamente el panorama de Messi. Su diagnóstico es de esos que ocurren en apenas uno de cada 10,000 nacimientos.
Para confirmar que Leo realmente necesitaba las inyecciones, los médicos tuvieron que hacerle pruebas rigurosas, desde monitorear su peso y estatura de forma milimétrica hasta evaluar qué tan alejado estaba de la curva de crecimiento normal para su edad.
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Con las puertas cerradas en su propio país, Jorge Messi armó maletas y viajó a España para presentar el proyecto al FC Barcelona. Ahí se topó con Carles Rexach, el secretario técnico del club, quien quedó completamente anonadado al ver jugar a la ‘Pulga’.

Rexach no quiso perder el tiempo y, en una legendaria servilleta de papel, firmó el primer compromiso del club para darle seguimiento al problema médico de Leo, poniendo las soluciones (y las jeringas) sobre la mesa.
El dato: Messi aterrizó en Barcelona a los 13 años con una estatura de 1.43 metros. Sin tratamiento, su proyección máxima de crecimiento era de 7 a 15 centímetros. Es decir, Lionel habría medido entre 1.50 y 1.58 metros de adulto; siete centímetros por debajo de Diego Maradona, quien ya era considerado bajito para el futbol de élite.

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El Barcelona no quería solo un jugador talentoso, quería llevarlo a su máximo potencial. El objetivo era que alcanzara los 1.70 metros y dejara atrás el apodo de La Pulga. Tenían el reto de conseguir 27 centímetros en solo tres años, ya que a los 16 años debían detener las inyecciones.
Al final, Messi alcanzó los 1.69 metros gracias a un riguroso tratamiento médico. Estos son los números detrás de su crecimiento (con su equivalente en pesos mexicanos):
| Concepto | Costo en USD | Costo en Pesos Mexicanos (aprox.) |
| Costo total del tratamiento (3 años) | $35,000 USD | $630,000 MXN |
| Costo mensual | $900 USD | $16,200 MXN |
| Costo diario (Dos inyecciones al día) | $35 USD | $630 MXN |
| Costo por inyección | $17.50 USD | $315 MXN |
Si lo vemos fríamente, cada centímetro que Messi creció a partir de su llegada al FC Barcelona costó $1,325 USD ($23,850 MXN).
Si tomamos en cuenta que el tratamiento logró extender 15 centímetros extra de su estatura natural proyectada, el costo real por esos “centímetros extra” fue de $2,295 USD ($41,310 MXN) por cada uno. La estatura final de Lio es de 1.69 metros.
¿Fue caro? Para nada. Esos $41,310 pesos por centímetro ganado equivalen a lo que Messi generaba (en su momento cumbre) con la venta de apenas 20 camisetas con su número en la espalda (calculadas a un precio promedio de $2,200 MXN por pieza).
Considerando que el FC Barcelona llegó a ser el club que más camisetas vendía en el mundo (casi 4 millones al año) y Messi era el jugador más solicitado, la inversión se pagó en cuestión de minutos.
Obviamente, la ciencia no lo hizo sola. El éxito de Lionel Messi también se debió al trabajo de Juan José Brau, el fisioterapeuta del club que se convirtió en su sombra, ayudándole a establecer nuevos patrones de sueño, una alimentación estricta y un trabajo físico que lo puso al 100%. El resto, como ya sabemos, es historia pura del futbol.