Abigail Camarillo · 8 de enero de 2026
La Consumer Electronics Show (CES) 2026, la feria tecnológica más influyente del mundo, nos ha dado grandes sorpresas (como el ladrillo inteligente de LEGO o CLOiD, un robot doméstico con inteligencia artificial). Sin embargo, uno de los productos más polémicos es Emily, una muñeca con ia para adultos.
Creada por la empresa Lovense, de Singapur, especialista en el diseño y fabricación de juguetes sexuales inteligentes, supuestamente está diseñada para combatir la soledad. Sin embargo, plantea importantes implicaciones éticas relacionadas con la privacidad, el desarrollo social, o cómo se sigue viendo a la mujer como un objeto.
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Emily es una muñeca impulsada por IA que combina intimidad física con inteligencia conversacional.
La muñeca es de tamaño natural y tiene un exterior de silicona realista, un esqueleto interno completamente articulado y movimiento facial, aunque limitado, incluyendo movimiento en la boca para simular que habla.
De acuerdo a la página oficial, esta muñeca con IA puede servirte como conexión emocional, compañera de rutina, crecimiento personal y exploración “para la expresión segura de tus fantasías más salvajes”.
El que tenga inteligencia artificial, supuestamente permite que la muñeca tenga un “cambio de personalidad” para convertirse en “la mujer de tus sueños”.

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La polémica en torno a la muñeca Emily con IA se no se ha hecho esperar tras su presentación en la CES 2026. El debate se centra en su dualidad como herramienta de compañía para combatir la soledad y su función como muñeca sexual avanzada.
Por un lado tenemos la deshumanización de las relaciones. Aunque la compañía dice que esta muñeca trata de combatir el aislamiento, en realidad este tipo de dispositivos podría fomentarlo todavía más al ofrecer una “compañía” que no requiere las complejidades de la interacción humana real, como la resolución de conflictos.
También, esta y todas las muñecas sexuales siguen alimentando la objetivación de la mujer a través de la perpetuación de estándares estéticos irreales (hiperexigencia sobre los cánones de belleza), el refuerzo de roles de sumisión (diseñadas para satisfacer deseos sin cuestionar acciones) y la integración de tecnologías que eliminan la necesidad de consentimiento y reciprocidad.
El tema de que use inteligencia artificial para mantener diálogos y recordar información también es polémico, pues esto también fomenta la misoginia al tratar la personalidad y las emociones femeninas como funciones programables que se pueden comprar y controlar.
Tampoco podemos dejar de lado que existe una preocupación constante sobre la relación entre el uso de estos objetos y la desensibilización ante la violencia contra las mujeres; especialmente cuando los productos imitan rasgos infantiles o permiten simulaciones de actos sin consentimiento.
Y siguiendo con el tema de la IA, la muñeca Emily cuenta con memoria persistente, lo que significa que almacena y aprende de las conversaciones íntimas del usuario. Esto también genera preocupaciones sobre la seguridad de esos datos y quién tiene acceso a la información recopilada.