Luis Baylón · 21 de marzo de 2026
El olor a copal ya inunda el ambiente, los outfits blancos salieron del clóset y tus tías ya están limpiando sus cuarzos. Sí, llegó el 21 de marzo, y con él, la fiebre colectiva por recibir la primavera en algún sitio arqueológico.
Pero, ¿realmente nos “cargamos de energía” o es puro efecto placebo? Entre mitos mesoamericanos, explicaciones de la NASA y ciclos agrícolas, aquí te contamos qué onda con el equinoccio.
Para la NASA, el equinoccio de primavera (que este 2026 ocurrió técnicamente el 20 de marzo a las 02:25 UTC) no es un fenómeno mágico, sino un evento astronómico de precisión geométrica.
El dato técnico: El equinoccio sucede cuando el Sol se sitúa exactamente sobre el ecuador de la Tierra.
Día y noche iguales: En este momento, el eje de la Tierra no está inclinado ni hacia el Sol ni alejándose de él. Resultado: el día y la noche duran casi lo mismo en todo el planeta (unos 12 horas cada uno).
Bye, invierno: Es el “banderazo” oficial para que el hemisferio norte empiece a calentarse y las flores hagan lo suyo.
Happy vernal equinox! 🍀
Today marks the first day of spring in the Northern Hemisphere and the first day of autumn in the Southern Hemisphere.
After today, the Sun will shine more directly on the Northern Hemisphere than on the Southern Hemisphere until the autumnal equinox. pic.twitter.com/g35bOAHpoh
— NASA (@NASA) March 20, 2026
Antes de que el calendario gregoriano nos dijera que el año empieza en enero (en medio del frío), muchas culturas antiguas sabían que el verdadero inicio era la primavera. ¿Por qué? Por la comida, básicamente.
Para las civilizaciones agrícolas, el equinoccio marcaba el despertar de la tierra. Era el momento de preparar los campos y sembrar. Si la tierra revivía, el ciclo de la vida comenzaba de nuevo. Por eso, muchos calendarios antiguos situaban el inicio del año en esta fecha: era el renacimiento tras la “muerte” aparente del invierno. En culturas ancestrales como los romanos, persas, chinos, en Mesoamérica y hasta en la antigua Mesopotamia consideraron la primavera como inicio de su calendario, porque al final del día para comer vivimos.
Si hay un lugar que se vuelve el spot favorito de Instagram hoy, es Chichén Itzá. Miles de personas se reúnen para ver el descenso de Kukulcán (o Quetzalcóatl para los cuates).
¿Qué pasa exactamente? Debido a la orientación precisa de la pirámide de El Castillo, la luz del sol al atardecer proyecta siete triángulos de luz que, unidos a la cabeza de piedra en la base, forman el cuerpo de una serpiente que parece bajar por la escalinata.
Para los mayas, esto no era solo un show visual; era la deidad bajando a la tierra para fertilizarla y dar inicio al ciclo agrícola. Hoy, es el recordatorio de que nuestros antepasados eran unos genios de la arquitectura y la astronomía.
Si vas a Teotihuacán o a la Peña de Bernal esperando que tus manos vibren, la ciencia dice que lo más que recibirás es una buena dosis de vitamina D (usa bloqueador, porfa). Sin embargo, desde el ángulo de las creencias energéticas, visitar estos sitios se considera un acto de conexión con la tierra y los ancestros.
Las grandes edificaciones piramidales del mundo son considerados sitios religiosos y ritualistas, por lo que no era usual que subieran más de 10 personas por vez. Los ejercicios turísticos en los que miles de persona diariamente suben a estas estructuras provocan su desgaste. Es por eso que muchas de ellas están cerradas para su exploración y se ha hecho para garantizar su conservación.

Se cree que los sitios arqueológicos son “puntos nodales” de la Tierra donde la vibración es distinta. Sea cierto o no, el ritual de vestirse de blanco y meditar tiene un beneficio psicológico real: nos ayuda a cerrar ciclos y ponerle más intención a nuestras metas para el resto del año.
Que esto no te quite las ganas de apreciar los tesoros de las culturas originarias de nuestro territorio y saber que con esta temporada todo florece.