Zambia ahuyenta a sus fantasmas

Martín del Palacio · 14 de febrero de 2012

Zambia ahuyenta a sus fantasmas

Hace 19 años, el avión que transportaba a la selección de Zambia a Senegal cayó minutos después de levantar el vuelo desde Libreville, la capital gabonesa. Murieron todos sus tripulantes, entre ellos, los 18 jugadores que integraban el mejor equipo en la historia del país, el mismo que cinco años antes había sorprendido al mundo al despedazar 4-0 a Italia en los Juegos Olímpicos de Seúl.

Sólo sobrevivieron tres integrantes de esa escuadra, precisamente porque no estaban en ese avión. Eran los “legionarios” de ese equipo. El más conocido era Kalusha Bwalya, que dos años después se convertiría en ídolo del América de Leo Beenhakker. Su hermano Johnson quien jugaba en Suiza y el delantero Charles Musonda, que lo hacía en Bélgica, también volaban por separado a Dakar, donde tenía que llegar la nave accidentada, y donde los Chipolopolotenían que jugar un partido eliminatorio rumbo a Estados Unidos 94.

Celebración de la selección de Zambia.//FOTO: AP

Liderada por los tres sobrevivientes, una selección de suplentes disputó la inmediata Copa Africana de 1994 y sorprendió al continente al llegar a la final, donde cayó derrotada por Túnez. Ese resultado se convirtió en la gran referencia del futbol de este país del sur de África, aunque sus fanáticos siempre pensaron que esa generación perdida estaba lista para conquistar el mundo.

En ese contexto llegó la selección de Zambia a la Copa Africana de este año. Un torneo simbólico porque se disputaba en Gabón (en conjunto con Guinea Ecuatorial) y, de llegar a la final, los Chipolopolo (las “balas de cobre”) la disputarían en el nuevo estadio de Libreville, a sólo unos kilómetros del punto donde sus ilustres predecesores perdieron la vida. No partían como favoritos y, aunque se sabía de su calidad, se consideraba que su mayor fortaleza estaba en el deseo de reescribir la historia.

Y en efecto, los vestidos de verde y naranja fueron superando obstáculos a partir de su talento pero también con la suerte de quienes se saben predestinados. Vencieron en su primer partido a Senegal, uno de los favoritos, sin merecerlo demasiado. Empataron con la débil Libia después de ir dos veces en desventaja. Lograron el primer lugar de su grupo tras vencer al local Guinea Ecuatorial, en un partido infame, decidido por una genialidad de su estrella Chris Katongo.

El trofeo de la Copa Africana de Naciones.//FOTO: AP

La clasificación a cuartos de final galvanizó al equipo. Haber terminado en cabeza de su sector le deparó al rival más débil posible, Sudán, al que despedazó 3-0. Contraste total contra su oponente en semifinales, la poderosa Ghana, el mejor equipo africano en el Mundial pasado, y plagado de estrellas del nivel de Michel Essien y Asamoah Gyan.

El partido fue dominado estruendosamente por las Estrellas Negras, que pusieron asedio a la portería del hasta entonces ignoto Kennedy Mweene. El arquero detuvo un penal a Gyan, al minuto 7, como aperitivo a lo que vendría después. Desde entonces, el guardameta zambiano se volvió inmenso y el marco minúsculo. Zambia tuvo sólo dos oportunidades. Katongo falló la primera promediado el partido, pero su compatriota Ranford Kalaba no erró la segunda. Faltaban doce minutos y los ghaneses ya no supieron reaccionar. Los verde y naranja habían cumplido y llegaban al sitio que la fortuna les había predestinado.

Enfrente tenían la prueba más dura de todas. El Costa de Marfil de Didier Drogba, Gervinho y Yaya Touré. Un equipazo lleno de estrellas en los grandes de Europa contra 11 desconocidos zambianos de los que sólo uno juega en el Viejo Continente. La única esperanza que tenían los Chipolopolo era la misma que los había cargado a lo largo del torneo. Un día antes del partido, encabezados por Kalusha, hoy presidente de la Federación de Zambia, los jugadores hicieron un peregrinaje a la costa frente a donde había caído el avión. El ex astro del América dijo las palabras correctas y pidió a sus jugadores ganar no sólo por ellos, sino por la generación caída y por los compatriotas que volvían a tener esperanza después de casi veinte años.

Zambia ahuyentó a sus fantasmas.//FOTO: AP

El partido fue una repetición del de Ghana, dominio estéril de los marfileños, con penal fallado incluido.  Mweene, inmenso de nuevo, frustró repetidamente a los grandes delanteros Elefantes. Pero esta vez nadie anotó del otro lado y el partido se fue a una interminable serie de penales. El incansable portero zambiano detuvo el tercer envío rival, pero el árbitro, incorrectamente, ordenó repetirlo. Después atajó el octavo, cobrado por la estrella del Manchester City , Kolo Touré, pero su compatriota Kalaba erró el suyo. La novena falla, de Gervinho, fue la decisiva. El defensor Stoppila Sunzu engañó al portero marfileño y desató el júbilo. Zambia había ahuyentado a sus fantasmas de una vez por todas.