Una familia se encuentra en la búsqueda y en medio del dolor

Rosario Carmona · 1 de mayo de 2012

Una familia se encuentra en la búsqueda y en medio del dolor

“Recibí un mensaje al celular, decía: quiero q vengas a darme un abrazo, fue el último que nos dimos”.

Se cumplieron 5 meses de la muerte de Nepomuceno Moreno, quien, en la búsqueda de su hijo desaparecido, pasó de víctima a activista y eso le costó la vida.

Con la suma de los días, don Melchor, accede a contar su propia tragedia y cómo en el camino del dolor se encontró con una familia que sigue sumando pérdidas.

Melchor, a quien se conoce en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad como el papá del “Vaquero Galáctico”, recuerda ese último abrazo con don Nepo, recuerda también la despedida y el encargo que le hizo.

“María Ope me dice, Vaquero, Nepo está aquí en México y le vamos a hacer una cena, ¿vienes? Le dije sí, sí, voy. Luego recibí un mensaje al celular que me mandó Nepo:  ¿qué onda vaquero?, soy Nepo ando aquí en Méx, María va a hacer una cena, quiero que vengas, quiero que estés conmigo, quiero que me acompañes porque quiero que vengas a darme un abrazo. Hoy que lo han asesinado entiendo que fue el último abrazo que nos dimos”…

Esa noche, Nepomuceno Moreno habló de sus miedos.

“Yo sé que me van  a matar, no hay vuelta de hoja, no tarda, esto ya no da para más, me van a matar. Te encargo si puedes y tienes la posibilidad de ver a mi familia, quiero pedirte algo, no quiero que mi muerte quede impune…”

Yo le dije, recuerda, que ya no se fuera, que se quedara en el Distrito Federal, pero me dijo que se iba a llevar a su familia a Tijuana, pero él no accedió y al irse encontró la muerte.

A los 12 días lo asesinaron.

Funeral en Sonora, impunidad latente

Nepo, Jaime de Ciudad Juárez, José Rayas y Melchor  se conocieron en la primera caravana del Movimiento por la Paz que encabeza Javier Sicilia.

Lo único que tenían en común era el dolor.

En el funeral de don Nepomuceno me acerqué a su hermano  y le dije que dejara el alcohol y viera por su familia.

Yo no me olvido de él, dice.

Don Melchor llegó al movimiento en la primera marcha, en Cuernavaca.

Se encontró con ese hombre que había decidido gritar que estaba “hasta la madre” luego del asesinato de su hijo.

“Me acerqué a él sin conocerlo, sólo porque lo había visto en las noticias y sentí que debía ir. Mandé a hacer mi manta con la foto de mi hijo, el vaquero galáctico, un artista que fue levantado por policías en Monterrey y que permanece desaparecido y llegué a la plaza preguntado por el tal Sicilia”.

Ese primer encuentro lo marcó.

“Le dije que mi hijo estaba desaparecido y que compartía su dolor. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla, sin conocerme”.

“Un beso, para mí, de hombre. Para mí fue el beso del padre, que ya no tengo y que yo quisiera que estuviera, para que mi padre me siguiera impulsando. Me dijo, en 10 minutos nos vamos y ahí se inició esta otra historia de nuestros hijos, de ya no estar solos”.

Uno a uno, se han sumado los recorridos, las marchas, los encuentros donde ha crecido la familia de víctimas.

“Cuál fue mi sorpresa que no fue uno el que se acercó para preguntar por mi hijo”.

En busca de sus hijos

Don Nepomuceno nació  en el ejido La Sangre, municipio de Tubutama, Sonora, Melchor en el Estado de México.

Don Nepo contaba que en su tierra le quitaron todo: a su hijo de 17 años, Jorge Mario,  se lo “llevaron”. El 1 de julio de 2010 desapareció.

Él llevó a cabo las investigaciones y reveló que los responsables de la desaparición de su hijo estaban en el  gobierno, lo documentó y lo denunció y mientras esperaba la respuesta de las autoridades,  le arrancaron la vida con siete balazos.

Don Melchor ha perdido la cuenta de las veces que ha ido a Monterrey a buscar a su hijo, de todas las promesas, los documentos, las cartas y lo único que lo mantiene en pie es la esperanza de que ese lugar en la mesa que sigue vacío vuelva a ser ocupado por el único miembro de su familia que desde el 2009 no está en casa.

Mientras la impunidad obliga a acumular el asesinato de Nepomuceno Moreno en la larga lista de los casos pendientes, don Melchor admite que algunos días le gana la tristeza, la impotencia y el coraje,  pero luego se levanta y vuelve a tomar la pancarta con la foto enorme del vaquero galáctico y ahora, suma una manta más, donde exige justicia, es el rostro de don Nepo, ese hombre con el que se encontró en el dolor y que a fuerza de compartir la tragedia, terminaron por convertirse en familia.