Un mundo de paletas y el sueño de una uva, en cuentos locos de niños cuerdos

Redacción Animal Político · 30 de abril de 2016

Un mundo de paletas y el sueño de una uva, en cuentos locos de niños cuerdos

Matías

Ian Huitrón Escareño, 9 años

 

Aquella vez, en una casa estaba Matías empacando para irse de viaje al mundo de las paletas, entonces él se durmió, para el siguiente día irse, y empezó a soñar que estaba en el mundo de las paletas pero no sabía que era un sueño y cuando se comía una paleta, le sabia tan rica que pedía otra, y así, pero llegó un momento que no sabía cuántas llevaba, y se vio a sí mismo, y estaba hecho una bola, tan gordo que no podía caminar ni agarrar cosas.

Entonces vio a un doctor, y como no podía caminar, rodó como pelota, lo bueno fue que nadie salió lastimado.

Le habló al médico y le preguntó qué debía hacer para bajar de peso y el doctor le recomendó que rodara.

Matías se tardó en bajar de peso, pero lo logró en dos semanas, y recordó a su familia y quiso volver con ellos; le recomendaron que encontrará 5 piezas: Somier de roca piyamaya, el colchón soporferio, el tablón de árbol despabile, las plumas de zerbero y las sábanas de medusa cosegada.

Después de un rato de buscar, encontró las 5 piezas y armó una especie de cama que se llamaba Unicama, y si dormía en ella, volvería a su mundo.

Matías se durmió y despertó en su mundo, justo cuando se iban al mundo de las paletas.

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La aventura de Enrique la abeja

Diego Antonio Peralta Nuñez, 7 años

 

Había una vez una abeja llamada Enrique, que estaba por el bosque y se encontró un oso, que se la comió.

Enrique empezó a picotear al oso por dentro, hasta que ya no aguantó los picotones y escupió a Enrique, pero estaban tan mojadas sus alas, que se cayó al suelo.

Enfrente de él había una rana y, como no podía volar, Enrique corrió; la rana la empezó a perseguir sin alcanzarla, pero Enrique se rompió una patita y sólo alcanzó a meterse en una cueva. 

La cueva era un nido de hormigas y como vieron que tenía la patita rota, las hormigas le hicieron una de palo. Después de eso, la abeja Enrique pudo volar regreso a su panal.
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La uva verde que quería ser morada

Emiliano Cárdenas Silva, 10 años

 

En un supermercado habitaba una uva verde llamada Cristina que tenía un sueño: ser morada, pues el verde no le gustaba.

Un día se propuso hacer realidad su sueño, para lo cual ideó un plan, el cual era: cruzar el supermercado para llegar a la zona de tintes de cabello y remojarse en el tinte morado.

Una amiga suya, llamada Josefina, quiso acompañarla porque quería ser roja, pues el rojo era su color favorito.

En el trayecto pasaron por la sección de ropa, donde peligrosamente saltaron hacia un carrito desde un anaquel, casi muriendo.

Al caer Josefina dijo “uf, por poco no sobrevivimos”, a lo cual Cristina respondió, “calla, que nos pueden escuchar”.

Después de su gran caída del carrito, el mismo dio un giro muy brusco, por lo cual las dos cayeron milagrosamente sobre un floti de aro en forma de patito de hule.

Después de esto, corrieron desesperada, pero cuidadosamente, por el pasillo principal del supermercado, en el cual encontraron a un mango atropellado moribundo, en el suelo.

Cristina le preguntó “¿qué te pasó? Y, ¿porque?”. Y el mango respondió “yo estaba despidiéndome de mi abuela, pues está en la zona de rebajas, cuando una señora me empujó y caí, malherido rodé, pero casi entrando a una zona segura, un carrito me aplastó y ahora estoy aquí. Pero, ¿me harían un favor?”, preguntó el mango.

“Si, ¿cual?”, respondió Cristina, y el mango habló: “díganle (cof) a mis padres que…” y tristemente el mango murió.

Las uvas lo empujaron bajo un anaquel y siguieron su camino y al fin llegaron a una fila de anaqueles antes de la sección de cosméticos, donde se encontraron a una fresa un poco loca, paseando, y le preguntaron “¿qué haces aquí?”, a lo cual la fresa respondió “Uhmm…¿qué? Ah, oh, perdón, ¿me perdí de algo? Permítanme presentarme, mi nombre es Daniela y busco mi catapulta”.

Josefina le dijo “Oh… y  ¿si te ayudamos a buscarla?”

Después de dos horas de buscar la encontraron y Daniela les preguntó cómo las podía recompensar.

Josefina respondió: “déjanos usarla”.

Daniela aceptó y las disparó con tal puntería que no les pasó nada, y las dos se dieron un baño en tinte, Josefina en uno de color rojo y Cristina en uno de color morado.

Josefina, de la alegría de ser roja, saltó, pero calculó mal y cayó de tan alto que al impacto se aplastó.

Cristina, al ver esto, bajó cuidadosamente y regresó a su casa algo triste pues su amiga había muerto.
Meses después al ver tan arrugada a Cristina, la tiraron a la basura. Pero valió la pena ir a cumplir su sueño.