Moisés Castillo · 29 de enero de 2011
Decía Octavio Paz que el amor es elección y Alias es una editorial que escoge sus libros por amor a la lectura. Comparte libros de arte con la ilusión de llegar a ciertas personas que buscan algo distinto de lo que ofrecen las grandes editoriales. El acto de elegir es una característica que resume la esencia de los que trabajan en Alias: el placer de leer. Alias produce manuscritos que sus colaboradores han disfrutado y pasan de mano en mano esas historias extraordinarias que le dan sentido a muchas vidas.
Todo comenzó en 2006 por una necesidad del artista Damián Ortega de compartir textos significativos para el arte contemporáneo que no se habían editado en México, que carecían de una traducción al español o simplemente estaban descontinuados. En su colección de 12 títulos, encontramos libros con alma, entrañables, que son capaces de perdurar en esta época de la inmediatez y de los “demasiados libros”, como asegura el poeta Gabriel Zaid.

Con la aparición de Una página de chistes, de Ad Reinhardt, se cierra la primera fase de este proyecto editorial independiente, que buscará en 2011 nuevos horizontes como la publicación de un libro sobre el dadaísmo y otro sobre el performance. El “otro modo” de hacer las cosas es la razón de ser de Alias: encontrar una forma de producir libros sobre arte moderno de manera austera y accesible, con diseños sobrios pero elegantes, para que la gente los pueda adquirir sin complicaciones.
Conversando con Marcel Duchamp, de Pierre Cabanne, fue el primer libro de Alias, que tradujeron Abraham Cruz Villegas, Damián Ortega, Laureana Toledo, Manuel Rocha, María Gutiérrez y Richard Moszka. Es un trabajo lúdico porque es la interpretación personal de seis artistas sin las ataduras que puede representar una traducción “profesional”.
En el primer capítulo, el crítico de arte Pierre Cabanne le pregunta a Marcel Duchamp, uno de los artistas más influyentes del siglo XX…
-¿Y su mayor remordimiento?
– No tengo ninguno, realmente no. No me he perdido nada. He tenido incluso más suerte al final de mi vida que al principio.
-¿Crees en Dios?
– No, para nada. ¡No preguntes eso! Para mí, la pregunta no existe… Yo no te hablo de la vida de las abejas los domingos, ¿no? Es la misma cosa.
El legendario editor de Franz Kafka, Kurt Wolff, decía que no era un editor que publica lo que la gente quiere, sino lo que la gente aún no sabe que quiere. Y esto es lo que precisamente hace Alias y su editora Sara Schulz: crear libros que iluminan el presente. “Alias es un proyecto de libros y esta es una diferencia grande, porque no planeamos entrar con estructuras a un mercado editorial sino hacer un catálogo de libros que dialoguen entre sí, difundir y crear una unidad entorno a las obras seleccionadas”.
-¿Por qué llamar Alias a este proyecto editorial de Damián Ortega?
Se nombró así porque es este juego de ser el libro copia, un libro que ya existía, un libro que de alguna manera es el mismo pero otro, y que con el tiempo adquiere una identidad y vida propia. Alias además de ser este sobrenombre también significa ‘de otro modo’, otro modo de nombrar. Define esta otra manera de hacer las cosas que ha ido construyendo Alias para la publicación de sus libros.
-¿Cómo le ha ido en estos años a Alias?
Fue bien recibido. En México no existen cierto tipo de libros de arte porque se consideran ‘libros nicho’, están dirigidos a públicos especializados. La sorpresa es que los libros de Alias sí han llegado a otras personas más allá de las que pensamos podían interesarles. Esto ha generado que la editorial haya incrementado los tirajes, reimprimimos los primeros cinco libros porque hay una demanda real. Ahora el tiraje es de mil por título, empezamos con 500 ejemplares.
-¿Cómo es el proceso de elegir autores, libros, temas?

Damián esta implicado en la planeación de los libros y su gusto personal no obedece a criterios de mercado. Elige libros que sencillamente le gustan y que además cree que le gustarán a la gente. Todos los libros que hemos sacado son textos donde se oye la voz del artista, como los libros Teignmouth Electron, de la inglesa Tacita Dean; el texto Entre el mueble y el inmueble, del estadounidense Jimmie Durham, o Fotogravedad de Gabriel Orozco. Al escuchar a los artistas hablando de su propia obra, conoces su proceso de creación en el Arte Contemporáneo, que se cree que todo es inmediatez, que no viene de ningún lado, que no hay seriedad. Al poder leer y enterarte de todo lo que sustenta a las obras, te abre una perspectiva diferente.
El catálogo Alias lo completa Para los pájaros, obra que reúne las conversaciones que sostuvieron John Cage y Daniel Charles en la década de los años setenta; Una selección de 1000 poemas japoneses básicos, que Robert Filliou publicó en Alemania en 1971; Mi libro es su libro, del artista conceptual neoyorquino Lawrence Weiner; Rock, mi religión (1982-1984), donde el artista Dan Graham profundiza en la relación entre el fanatismo y la industrialización de la música; Selección de escritos de Robert Smithson, reúne textos publicados por el artista estadounidense en revistas como Artforum, Arts International y Arts of Environment, entre 1966 y 1973; Hélio Oiticica, escritos del artista brasileño en los que desarrolla sus puntos de vista sobre el arte y la cultura; Cildo Meireles, este libro es la reedición del catálogo publicado originalmente en ocasión de la exhibición de la obra del artista en el IVAM-Centre de Carme, en 1995.
Échale un ojo
Mientras leía Sara Schulz el correo electrónico de un tal Damián Ortega, notó que la luna se veía por el tragaluz. Leyó que el artista mexicano que triunfó en la Bienal de Venecia 2002 con su escultura Cosmic Thing, estaba interesado en hacer un libro, sin embargo no tenía una idea clara, ni estructura, ni título: “échale un ojo a este texto”. Así empezó Alias, con el entusiasmo de compartir a Marcel Duchamp. Todo nació para un solo momento.

En ese tiempo, Sara Schulz trabajaba en Grupo Santillana en el área de No ficción y respiraba un aire polvoso, eran demasiadas las exigencias y se acumulaban las responsabilidades. La invitación de Damián Ortega fue una gota en el jardín, un sol multiplicado en el ámbar del agua.
“No ficción es una área muy comercial y tiene muchos libros menores. Pero el equipo de trabajo era muy bueno y divertido. Aprendí muchísimo porque Santillana tiene todos los procesos: empezar desde cero, correcciones de estilo, traducciones, hasta la preprensa. Estuve muy en contacto con el negocio de los libros, cómo funciona, que desde mi punto de vista es un esquema caduco, que tiene estructuras que no sirven más para los tiempos que estamos viviendo”.
Cuando Alias lanzó su primer libro, se invitó al evento a un Notario Público para dar fe del acto. Jugando con la formalidad y la solemnidad cuando se presenta un libro, el equipo Alias redactó una carta notariada donde se comprometía a lanzar cierta cantidad de libros en un tiempo específico. Cuatro años más tarde, esta editorial sin fines de lucro económico tiene un futuro prometedor…
De alguna manera, la huelga de la UNAM influyó en la joven universitaria que estudiaba Filosofía y Letras para dedicarse a la edición de textos. Fueron momentos de incertidumbre y para muchos fue una pesadilla insufrible. El futuro era incierto para Sara hasta que entró a trabajar a Miguel Ángel Porrúa. Ahí aprendió el ABC de la edición gracias a unos viejos sabios que tenía como maestros y que eran unos diccionarios vivientes. La memoria de las lecturas desplazaba al internet. Años más tarde, Sara se movió a Artes de México, retomando al mismo tiempo sus estudios en la Facultad.
Mientras el viento viene y va, corre, se para y gira otra vez, los ojos cafés de Sara Schulz tienen el brillo de diez lunas. Sara luce un suéter amarillo canario y se siente cómoda. Mientras le da unos sorbos a su té chai, cuenta que decidió estudiar algo disfrutable y después se preocuparía por su futuro. Sara encontró en las páginas de los libros su otra piel.
-¿Qué se requiere para ser un buen editor?
Creo que un buen editor es aquel que logra la invisibilidad, es decir, cuando lees un libro no te preguntas quién lo hizo. Si el lector se sumerge en la obra es porque el trabajo del editor es muy consistente. El trabajo de los traductores es vital porque realmente es una recreación de la obra y una traducción fallida puede arruinar el trabajo del autor. También atrás hay un trabajo de conceptualización, de escoger los títulos y es una labor importante del editor, es un sello.
-¿Quién influyó en tu trabajo como editora?
He aprendido de mucha gente, desde colaboradores hasta jefes en editoriales. Por ejemplo en Santillana aprendí mucho de Armando Collazos, que era el director general, porque tenía una visión de trabajar en equipo. Vicente Rasti me enseñó el compromiso con los libros, independientemente de qué libro se tratara, es como traer al mundo a otro habitante, fue impresionante.
-¿Por qué afirmas que la estructura de las grandes editoriales está caduco?
Económicamente es infuncional. Empiezan a invertir en un libro desde que deciden contratarlo: firmar, pagar anticipos, formarlo, editarlo, publicarlo, promocionarlo, distribuirlo, etc. Para recuperar la inversión pueden pasar tres años. Es muy caduco porque se pierden cosas valiosas en este proceso largo. Se pierden autores, se pierde mucho de vista cuál es tu lector, se pierden muchos lectores en el camino porque el mercado está masificado. Hay un ideal de perfil del lector que a lo mejor funciona en términos globales pero no satisface las necesidades locales, que es lo que precisamente hace Alias.
-¿Cómo te involucraste a los temas de Arte Contemporáneo para ser la editora de estos textos-copia?
Siempre he tenido la afinidad de estar cerca de estos temas pero también trabajar en esta colección ha implicado mucho conocimiento de ciertos artistas, movimientos, estar en contacto con gente del medio artístico. Son gustos que uno va tejiendo en la vida.
-¿Cómo definirías a Damián como persona y como artista?
Es muy generoso y constante. Tiene una disciplina de trabajo muy importante y un compromiso con su obra. Estos proyectos a largo plazo como Alias, dependen de la generosidad porque hay una inversión económica real y lo más importante es que tiene una idea firme de compartir algo, de publicar libros que no puedes encontrar en México. La edición de libros no es fácil, trabajas con mucha gente, es una cadena de cosas. Los libros son objetos y entonces necesitan transportarse, almacenarse, producirse, no es una idea, es una materialidad que tiene consecuencias reales.
La propuesta artística de Damián forma parte de un movimiento que está sucediendo a nivel local, y en este sentido, Damián expresa en su obra una individualidad total.
Él comenzó como caricaturista político y su trabajo se ha despegado a la escultura pero siempre tiene esta mirada de confrontar a la realidad.
-De los 12 libros de la colección, ¿Cuál fue el más laborioso de producir?
Todos tienen su historia particular porque son organismos vivos. La cuestión de la producción es muy complicada. Siempre hay un proceso de encuadernación y los acabados en México son un problema, te los entregan mal cortados, chuecos, se necesita mucha supervisión. Esto nos ha preocupado mucho y nos ha aquejado, hemos cambiado de impresores en varias ocasiones. Las condiciones de los impresores no son las ideales en México y es mucho trabajo artesanal. En otro países se manejan de una manera más científica por decirlo por alguna manera, por ejemplo, la mezcla de las tintas se trabajan con porcentajes muy precisos para dar el tono correcto y aquí siempre nos la ingeniamos para hacer las cosas a pesar de todo y de todos.