Verónica Santamaría · 15 de febrero de 2026
Para Abel Balderas, fundador del Movimiento Nacional de Recicladores de Base, la Ley General de Economía Circular (LGEC) que entró en vigor el pasado 20 de enero en México es un primer paso para validar una labor esencial que realizan miles de personas diariamente en todo el país.
La legislación reconoce por primera vez a las personas recuperadoras de base, conocidas como “pepenadoras” y las describe como aquellas que “de forma independiente o colectiva, realizan la recolección, separación manual, comercialización y reciclaje de materias primas secundarias”.
Además, incorpora el concepto de “reciclaje inclusivo”, un modelo de gestión integral que reconoce su labor en términos del impacto ambiental, social y económico que implica separar de forma manual los residuos para darles otro destino, ya sea reutilizándolos como materia prima o bien, reparando lo que todavía puede ser útil.
Balderas, de 47 años, quien desde los 8 se dedica a recuperar residuos como plásticos PET, HDP y vidrio, se siente orgulloso de su oficio, a pesar de que con el paso del tiempo, le ha causado problemas de salud, particularmente en la vista con riesgo incluso de perderla, debido a los largos periodos de trabajo en el relleno sanitario de Guanajuato.
Él, junto a otros recicladores y organizaciones sociales que les apoyaron, fueron clave en la configuración de esta ley, al solicitar formalmente que en el dictamen se reconociera su trabajo dentro de la cadena de valor de la Economía Circular.
Aunque la ley no es perfecta, admite Balderas, sí representa un avance significativo que permite dar pasos adelante para impulsar más derechos y beneficios tangibles.

Soledad Mella es recicladora de base en Chile desde los 17 años. Actualmente, con 55, lucha por terminar con la precarización de su oficio, históricamente invisibilizado en toda la región.
Recientemente estuvo en México para conocer la experiencia de las personas recicladoras en nuestro país y sus reflexiones respecto a los alcances de la nueva Ley General de Economía Circular.
“Nosotros también somos importantes”, dijo Soledad durante su participación en el conversatorio “Economía Circular ¿Inclusiva?”, convocado por Práctica: Laboratorio para la democracia, al que asistió en Ciudad de México y donde pudo escuchar a integrantes de organizaciones ambientales y climáticas. La recicladora chilena celebró los avances legislativos en nuestro país, que dignifican el trabajo sin remuneración que las personas pepenadoras llevan a cabo diariamente al limpiar o al recuperar los residuos que llegan de un camión recolector de basura al vertedero o relleno sanitario.
“Cuando aquí se logró la Ley de Economía Circular con un 100 % de aprobación, nosotros a nivel Latinoamericano y el Caribe —y a nivel global— lo celebramos, a pesar de todas las imperfecciones que tiene la ley, porque tiene muchas, pero antes de eso, ¿alguien sabía de los pepenadores en México?”, cuestionó Mella.
Es su opinión, quienes se opusieron a esta ley, desconocen o ignoran las condiciones de pobreza y precariedad de las familias que acuden a un vertedero a rescatar residuos entre montañas de basura.

Sole —como le dicen de cariño en la Red Latinoamericana y del Caribe de Recicladores (Red LACRE)— nació en una población periférica de Chile. Hija de madre y padre campesinos que emigraron a la ciudad de Santiago, se convirtió en madre a los 17 y casi al mismo tiempo empezó a dedicarse al trabajo al que sigue estrechamente vinculada hasta hoy.
“Me titulé de mamá y de ahí en adelante me comencé a dedicar al reciclaje 100 %, para buscar un sustento y ayuda para mi familia. De ahí nace mi oficio de recicladora”, cuenta en entrevista para Animal Político.
Comenzó como recicladora de base en las calles; a quien hace ese trabajo se le designa como recicladora de ruta en Chile. La actividad consiste en ir con un carrito de basura por las calles del cuadrante del vecindario asignado, para recuperar residuos valorizables en cada domicilio.
“Pepenadores, carroñeros, cartoneros, ropavejeros, hueseros, viejos del saco, mineros de la basura. Esos son algunos de los nombres que nosotros tenemos, desde antes que nos dijeran ‘recicladores de base”, enlistó Mella, quien conoce las condiciones en las que trabajan las personas pepenadoras que ingresan a los vertederos a cielo abierto y rellenos sanitarios.
“Sacan lo que creen que es valioso, lo separan y después lo entregan a una valorizadora o, en el caso nuestro, a un intermediario. Muchos les dicen ‘atravesadores’, que son los que nos compran el material a precios miserables”, denunció.
“También está la situación de las personas que se arriesgan a ingresar a los vertederos y rellenos sanitarios donde la situación es triste y dolorosa. Esa es una de las razones que más me mueve a tratar de buscar ese reconocimiento, mejorar las condiciones, dignificar el oficio”, manifestó Soledad, actual secretaria de comunicación de la Red Latinoamericana y del Caribe de Recicladores; integrante del Movimiento Nacional de Recicladores de Chile y también de la Alianza Internacional de Recicladores, conformada por 44 países.
Desde muy temprano, cuenta Soledad, el camión de la basura comienza su recorrido: primero recolecta los residuos de los domicilios y luego ingresa al relleno, donde hay montañas de desechos como comida, cáscaras de huevo, frutas o verdura, alimentos echados a perder, zapatos rotos, ropa, cartón, envases de plástico, pañales, toallas sanitarias usadas, residuos como jeringas, cubrebocas rotos y más.
La basura, toda mezclada con líquidos lixiviados —ese suero de color amarillo y olor desagradable que surge por la descomposición de los desechos óganicos— se descarga en el vertedero, donce decenas de personas, entre hombres, mujeres y juventudes, se aglomeran para empezar con la seprarción minuciosa de los desechos.

Cuando el operador abre las compuertas del camión y deja caer los residuos. Debajo de esas puertas están las personas pepenadoras. “Son los invisibles, los sin rostros, los sin voz que están tirando de las bolsas de un lugar a otro”, dice Soledad.
Al separar los desechos revueltos, los lixiviados invaden sus cuerpos y la ropa se les impregna de un olor fétido, pero los recicladores no cesan en rasgar bolsas hasta encontrar aquellos residuos que puedan vender a las recicladoras. “Esa es nuestra realidad”, afirma.
Para Soledad, la visibilidad que da la Ley de Economía Circular en México a las personas recuperadoras de base, describiendo su oficio y señalando la importancia del mismo, es un avance histórico en materia de derechos laborales para ese sector.
En Chile, la Ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor (REP) cumple una década. Dicha legislación, por ejemplo, incorpora un hito importante que es la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), es decir, que obliga a las empresas productoras, como fabricantes e importadoras, a hacerse cargo de los productos prioritarios una vez terminada su vida útil. La ley chilena no solo mejora la gestión de materiales y residuos sino también establece metas para la recolección y valorización de esos residuos.
En México, el paso a seguir para el Movimiento Nacional de Recicladores de Base, será presionar para que el reconocimiento que ya lograron en la ley que acaba de entrar en vigor, se traduzca en derechos y beneficios tangibles para el sector, como una compensación económica por el impacto en la mejora ambiental que genera su labor. Aunque es un logro satisfactorio, “es sólo el comienzo”.