Jorge Ramis · 3 de febrero de 2019
En 2018, cerca de 171 mil personas asistieron al Corona Capital en CDMX. Todas habían escuchado a Imagine Dragons, MGMT o Robbie Williams. Fueron a disfrutar alguna de sus canciones favoritas, a pasarla bien o a bailar en uno de los festivales de música más populares de México.
Pero entre el público se encontraban 60 personas que nunca antes habían experimentado algo así. Eran sordos, o hipoacúsicos (sufren de pérdida de audición), quienes por primera vez entraron a un concierto y sintieron lo que transmite la música. Todo gracias a la conjunción de voluntad y tecnología.
La asociación Silencio, de CDMX, quiere romper las reglas del entretenimiento en México y acercarlo a los sordos o hipoacúsicos: que la música sea incluyente y que nadie se quede sin sentir las emociones de un evento musical.
Marilaura López, una joven publicista que vive en la Ciudad de México, fundó Silencio gracias a su relación con la música: “Nace de mis ganas de mantenerme vinculada a la música. Su objetivo es hacer incluyente el entretenimiento en vivo”. Pero hay otro motivo más íntimo. Hace veinte años le diagnosticaron otoesclerosis, una enfermedad crónica parecida a la osteoporosis, en el oído. Ha perdido cerca del 80% de su audición.
“Estaba asustada porque recién fui a mi chequeo anual y perdí mucha audición ese año, en 2016, y decidí que tenía que hacer algo catártico pero que me ayudara a combinar mi historia laboral con mi enfermedad”. Así, Marilaura usó su conocimiento sobre marcas, festivales y publicidad para crear una asociación que incluyera a personas con pérdida total o parcial de audición.
Según datos del INEGI de 2016, en México hay cerca de 695 mil sordos. Y no existe ningún tipo de habilitación para ellos en cuanto a entretenimiento en vivo. Marilaura, cuando aún escuchaba mejor, usaba auxiliares auditivos para entender la música en un concierto. Sin embargo, estos solo están diseñados para amplificar el sonido de la voz y no el ambiental:
“Para mí era súper frustrante ir a un concierto y que le bajaran el sonido de la música y me subieran el sonido de la voces. La música se escuchaba súper distorsionada”. A Marilaura le daba igual ver a Radiohead o a Los Ángeles Azules.
En un concierto, Marilaura solía acercarse lo más posible a las bocinas para sentir la vibración de los graves. “Me quitaba los aparatos y me acercaba a las bocinas. Y dije ok: vibraciones. La vibración de las bocinas es más fácil que alguien la sienta. Platicando con mi socio, Carlos, buscamos un dispositivo que nos ayudara a transmitir las vibraciones”. Silencio entonces encontró una serie de mochilas de última tecnología que vibran y reaccionan ante el sonido. Usan al cuerpo como una bocina y transmiten el ritmo a través de vibraciones.
“Se sienten las frecuencias graves, pues son las que más vibran. Los bajos es lo que se siente. Eso es lo que sientes en la espalda, en diferentes puntos y velocidades. Por ejemplo: alcanzas a distinguir la batería, el bajo. La voz no, ni los instrumentos agudos. Pero sí te da una buena referencia del ritmo”, cuenta Marilaura.
Silencio es la primera asociación que aplica este tipo de tecnología para eventos musicales en vivo, pues, según Marilaura, las mochilas solo se usaban para probar videojuegos o producciones musicales de estudio.
Sin embargo, esa tecnología no era suficiente. Carmen Olmos, audióloga y asesora clínica de Silencio, le dijo a Marilaura: “es que estás pensando como hipoacúsica, no como sorda. Un sordo necesita que le des contexto. Y más en Corona Capital, que los artistas cantan en inglés”.
Nuestro cerebro se tarda entre 10 y 15 minutos en acostumbrarse a una señal sensorial nueva, en este caso las vibraciones. Entonces Carmen le sugirió a Marilaura que contrataran a intérpretes de lengua de señas. “No se trata de cantar con las manos porque es otro idioma. Aplicamos una técnica de susurro: tienes al intérprete y atrás alguien le dice las letras. Esa persona de atrás se lo traduce al intérprete de señas. Es diferente a lo que pasa en los festivales en EU, por ejemplo, porque es el mismo idioma (inglés), aquí tuvimos alguien que traducía al español y le decía al intérprete”, todo esto para que los sordos tuvieran un contexto ideológico sobre las canciones, dijo Marilaura.

Silencio invitó a los mejores intérpretes de señas para el Corona Capital. Marilaura contó que fueron los intérpretes del Congreso de la Unión, así como los del debate presidencial del INE, a lo que le recuerda: “¿Cómo le explicas a un sordo qué significa “Me canso ganso”? La contextualización funciona al explicarles que eso no es literal, que en realidad es “te juro o te prometo”. En el caso de la música del Corona Capital, como está en inglés, es explicarles lo que el cantante quiere decir. Ocesa nos dio lo setlists (lista de canciones) y ya teníamos las letras preparadas”.
Además, las mochilas provocan un clima de unión: “la mochila vibra hacia ti y hacia fuera. Cuando los asistentes que no tenían mochila ponían la mano en la espalda de alguien que sí la tenía. Fue algo mucho más colectivo: los sordos siempre estamos juntos. Lo que te aísla es la sociedad. Nosotros no. Y fue espectacular: todos se pusieron a bailar, sobre todo con Imagine Dragons”.
Después del éxito de la asociación en el Festival Corona Capital, Silencio tiene ambición para el futuro: “El plan el siguiente año es que todos los festivales de Corona tengan presencia de Silencio. La idea también es aumentar la cantidad de mochilas, que sean cincuenta. Y así como existe la zona para personas con discapacidad motriz, que exista una zona para sordos en cualquier arena de entretenimiento”, cuenta Marilaura.
Así mismo, Marilaura quiere diversificar la oferta de Silencio: “No solo estamos explorando con las mochilas, sino también con auxiliares. Siempre tenemos que apoyarnos de intérpretes de señas: es un tema de civismo y de comprensión a la comunidad”, concluye.