José Luis Pardo y Alejandra S. Inzunza · 12 de marzo de 2012

Los 2 mil 300 habitantes de Betania, en Chiapas, se dividen en cinco iglesias protestantes. Cada una de ellas alberga a una etnia indígena. Y cada etnia habla un dialecto propio. En la carretera que pasa por este municipio, unas veces abierta y otras no debido a las protestas, se suceden los rótulos con los nombres de la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días, la Evangélica Apostólica del nombre de Jesús, la Pentecostal… Todas ellas en medio de un pueblo de tierra y medio olvidado.
Este enclave, situado entre San Cristóbal de las Casas y Comitán, es un pequeño laboratorio que refleja la diversidad religiosa en Chiapas, el estado mexicano donde el catolicismo ha perdido a más feligreses: sólo el 58.3% de los habitantes se declaran católicos, según el último estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2010.
La ruptura con la abrumadora tradición católica que se ha dado en Chiapas es la punta de lanza de un proceso que poco a poco se extiende a lo largo del país. Entre 2000 y 2010 se produjo un descenso del 4% (del 88 al 84) entre los fieles de la doctrina mayoritaria.”La sociedad mexicana se está transformando a partir de múltiples elementos que van desde la globalización a la migración. La religión forma parte de ese proceso de diversificación”, explica Hugo José Suárez, investigador de Ciencias Sociales de la UNAM. “El hecho es que las instituciones religiosas oficiales ya no son el lugar donde se monopoliza la relación con lo sagrado. Hoy los creyentes no necesitan iglesia para vivir su fe”.
La sociedad muta y el surgimiento de nuevas religiones y sectas como Los Perfectos, Los Encuentristas y los Neo Carismáticos, entre otros, ofrecen un amplio menú de creencias para sus habitantes. Evangelistas, religiosidad popular, santería, mormones… decenas de opciones de canalizar la fe se ofrecen, por ejemplo, en la colonia Ajusco, en el Distrito Federal. Con apenas 30 mil habitantes y dos metros cuadrados de superficie, el domingo, día grande de la religiosidad, se celebran simultáneamente 14 misas católicas y 13 ritos de otros cultos. El párroco comparte espacio con la tienda de santería, el puerta a puerta de los testigos de Jehová o el culto a la Santa Muerte.
El catolicismo ya no es “la única empresa de salvación”, explica Suárez, quien considera que el conservadurismo que ha enarbolado el Vaticano en los últimos años, sin adaptarse a los cambios sociales tanto en México como en el mundo, han contribuido a una pérdida de feligreses. “Los esfuerzos mediáticos más importantes como la pastoral de la comunicación establecida por Juan Pablo II tuvieron un impacto, y se construyó alrededor suyo un icono mundial, pero eso no fue suficiente para mantener a su feligresía”.
Los protestantes, en cambio, han empezado a ganar terreno en este mundo de diversidad religiosa. A nivel nacional, hay más de 3 mil 500 asociaciones evangelistas registradas ante la Secretaría de Gobernación, que a su vez representan a más de 50 mil congregaciones locales en el país. “Los hechos de pederastia que han sido conocidos en México y en el mundo han generado desconfianza en la feligresía católica, dado que muchos de sus líderes se han convertido en ciegos guías de ciegos”, considera el pastor Arturo Farela, presidente de la Confraternidad de Iglesias Cristianas y Evangélicas (Cofraternice).

El conflicto de la diversidad
En algunos lugares como Chiapas, esta diversidad ha provocado enfrentamientos entre los distintos grupos religiosos. El pastor Rafael Ruiz Jiménez, de la Iglesia Evangélica Pentecostés Independiente Tzotzil, asegura que en San Juan Chamula los evangelistas han sufrido severos casos de discriminación y acoso por parte de los católicos. “Los católicos han quemado nuestros templos y golpeado a nuestros ministros. No quieren que la religión protestante crezca en Chiapas”, comenta.
“Los problemas que plantean estas nuevas religiones en estas comunidades es que el sistema de gobierno indígena no separa las esferas de lo religioso y los político, de tal manera que está asociado a una forma muy particular de catolicismo que se llama la ‘costumbre’”, indica Mercedes Villacorta, profesora de la Universidad de Chiapas. “Esto trae como consecuencia que las nuevas religiones no tiene cabida en el gobierno, el trabajo colectivo y la organización comunitaria. Algunas veces son excluidos por los ‘tradicionalistas’ y otra veces son ellos los que se autoexcluyen”.
En Chiapas, hay municipios en los que entre un 20 y 45% de la población se declaran evangélicos, una tendencia que va en aumento cada año. “Esto muestra que el cambio religioso en las comunidades indígenas de Chiapas, pero también en Oaxaca y de otros estados del sureste de México, apunta hacia una creciente pluralización de las creencias religiosas”, explica el investigador en religión, Carlos Martínez.
El 31 de julio de 2002, Vicente Fox se postraba ante Juan Pablo II para besar el anillo del Papa cuando el obispo de Roma aterrizó en el aeropuerto de Ciudad de México. Fue la última de las cinco visitas que Karol Wojtyla realizó al país. En ellas, llenó el Estadio Azteca, pontificó a Juan Diego y acuñó el “México siempre fiel”.
El próximo abril, sin embargo, aunque los ríos de gente acompañen la visita de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, buena parte de ese “México fiel” la recibirá de espaldas al Vaticano. “Aunque haya ganado oídos entre los poderosos, su palabra ha perdido eficacia entre los fieles”, concluye Suárez.