Paris Martínez (@paris_martinez) · 11 de noviembre de 2013
Cuatro años se cumplieron ayer, 10 de noviembre, desde la desaparición de Héctor, Irene y Milton, tres jóvenes que, con la falsa promesa de finiquitar un adeudo, fueron empujados a salir de su estado, Querétaro, y dirigirse a Coahuila, donde su pista se perdió luego de ser detenidos por la policía municipal de Monclova.
“Ellos no desaparecieron en Querétaro –dice Brenda, hermana de Héctor, al pie de la estatua de la Corregidora, en el centro histórico de esta capital estatal–, pero sí fueron sacados de aquí con engaños, y ahora yo no sé si está comiendo, si tiene sed, si le permiten dormir, dónde está.”
[contextly_sidebar id=”daf95b6840099f6db25c1c41860b6927″]Un primer anillo de amigos, parientes y familiares de otros desaparecidos se tiende en torno a Brenda y el monumento a Josefa Ortiz de Domínguez, y un segundo anillo las rodea, mucho más nutrido, de gente que deambula por la plaza, y que suspende su paseo para leer las mantas que las víctimas portan, y para escuchar sus palabras, desconcertados ante el descubrimiento no sólo de que hay queretanos en la larga lista de desaparecidos de México –26 mil, según la cifra oficial– sino también de que algunos de estos casos se han presentado dentro de los límites de Querétaro, un estado que, al menos en voz de sus autoridades, se precia de ser seguro.
“Yo le pido a la sociedad que se una a nosotros –dice Brenda, al micrófono–, que se una a nuestra búsqueda, a nuestra lucha, y le pido que intenten sentir por un momento el dolor que hoy vivimos…”
Brenda tiene seis meses de embarazo, “pero esto no me va a detener, nada me va a detener en la búsqueda de mi hermano, porque es necesario gritar ‘¡Ya basta!’ ante la impunidad y la falta de seriedad de las autoridades, ya basta de que siga desapareciendo gente, en todo el país, y este estado no es la excepción, ya basta de tanta indolencia”.
–¿Qué le exiges a las autoridades de Querétaro? –se le pregunta.
–En agosto pasado yo estuve en plantón ante la Secretaría de Gobernación, en el DF, y para levantar esa protesta se acordó que difundirían en el Querétaro y en Coahuila la recompensa emitida por las autoridades federales para aquella persona que aporte información sobre el paradero de mi hermano Héctor Rangel, y eso no se cumplió; además, concretamente se acordó gestionar una reunión con el gobernador José Calzada, misma que no se ha dado; así que eso es lo que pedimos al gobierno de Querétaro: que nos reciban y que difundan en toda la entidad la recompensa para localizar a mi hermano, que la pongan en anuncios espectaculares, que la reproduzcan en los medios masivos de comunicación, que cumplan su palabra y se pongan a trabajar…”
Bryan
María Cruz de León marcha a la par de sus hijos menores, cargando entre todos la manta con la imagen de Bryan, un joven de 19 años que, el pasado 20 de septiembre, desapareció en el interior de su centro de trabajo.
“Mi hijo no desapareció en la calle –dice la señora Cruz–: él llegó a su trabajo, en un servicio automotriz ubicado en la colonia Santa Bárbara, del municipio de Corregidora, Querétaro… sus jefes dicen que nunca llegó a laborar, pero distintos empleados reconocen que lo vieron en su puesto y, sin embargo, nadie nos quiere decir qué pasó, para ellos es como si sencillamente mi hijo se hubiera esfumado.”
Bryan Cruz de León es una de las 100 personas que han desaparecido en Querétaro durante 2013, según estadísticas difundidas el mes pasado por los diputados locales Luis Bernardo Nava y Alejandro Cano –presidentes de las comisiones legislativas de Procuración de Justicia y de Derechos Humanos, respectivamente–, cifras a pesar de las cuales el secretario de Gobierno estatal, Jorge López Portillo Tostado, afirmó, también en octubre, que el de las desapariciones “no es tema” en esta entidad.
Así es como la negación, señala la señora María Cruz, se ha convertido en la única estrategia desarrollada por las autoridades queretanas, para enfrentar esta problemática creciente. “Pasa que una pide ayuda –narra la madre de familia– y vemos que las autoridades no le dan importancia a nuestra petición, sólo elaboran un papel, lo meten a un expediente, y ya, porque como nuestros hijos no son del gobernador, pues no se hace nada, como una no es fulano de tal, con renombre, pues a nuestros hijos no los buscan.”
En el caso de Bryan, ejemplifica, “las investigaciones quedaron en promesa, yo presenté mi denuncia ante el Ministerio Público de Corregidora y ahí me dijeron que próximamente me llamarían, y nada hasta la fecha. Tampoco han llamado a testificar a ninguno de sus compañeros de trabajo o a sus jefes… y cuando le pedimos audiencia a las autoridades del gobierno, no obtenemos respuesta, el gobernador no nos concede entrevistas, nos dicen que volvamos después, que algún día habrá espacio en su agenda…”
La señora María y sus hijos son la única familia que denuncia un caso de desaparición ocurrido en Querétaro, durante la marcha de este domingo. Sin embargo, afirma Brenda, la convocante, “aquí hay familias de más desaparecidos, pero no se atrevieron a venir con pancartas, ni con las fotos de los familiares que buscan, porque tienen miedo”.
Luego de que el pasado 1 de noviembre un contingente de 30 policías, encapuchados y con fusiles de asalto, intentara allanar la casa de Brenda, “en lo que fue un claro intento de intimidarnos –denuncia ella–, muchas familias se comunicaron con nosotros para decirnos que no asistirían a la marcha, y lo respetamos, aunque todas las familias de desaparecidos deben entender que si no salen a buscar a sus hijos, el gobierno nunca lo hará.”
Xiu
La señora Sara es de las primeras en llegar a la Torre de la Esperanza, monumento usado por el DIF para colgar mantas de su bazar navideño, y desde la que partirá la Marcha Silenciosa por los Desaparecidos de Querétaro. Ella es madre de Xiuhtletl Abarca, un joven chef que a sus 31 años preside la Asociación Culinaria de México en el estado de Guerrero, y que el pasado 8 de septiembre desapareció en Chilpancingo.
“Él estaba en la capital de Guerrero porque, al día siguiente, tenía una cita con representantes del gobierno estatal, porque estaba promoviendo un proyecto de cursos de cocina en internet, pero no sabemos exactamente con qué autoridad se encontraría. Una persona lo vio cenando en un mercado, pero no hay cámaras de vigilancia en esa zona, y aunque hemos solicitado a la Procuraduría estatal que recupere los videos captados en la central de autobuses de Chilpancingo, para saber si salió de la región, hasta la fecha no los han tramitado.”
La señora Sara y su esposo radican en Querétaro, pero partieron a Guerrero tan pronto se perdió el rastro de su hijo. “Ahí levantamos la denuncia y lo primero que hicieron las autoridades fue pedirnos dinero. Luego denunciamos ese hecho y entonces sí aceptaron abrir la averiguación previa, pero las labores de investigación no han arrancado en realidad.”
En cambio, subraya, quienes inmediatamente los abordaron fueron delincuentes. “Nosotros fuimos a Guerrero y pusimos muchos carteles con su imagen, y ahí venía un teléfono al que, casi inmediatamente, se comunicaron para reclamar dinero a cambio de nuestro hijo… yo recibí dos mensajes extorsivos, me pedían dinero para entregarme a Xiu, pero resultó ser falso, el objeto era defraudarnos.”
Más de un mes ha transcurrido desde la desaparición de Xiu, se lamenta su madre, “y hasta la fecha las autoridades de Guerrero ni siquiera han informado de la desaparición de mi hijo al resto de los estados de la República, para solicitar su colaboración en la búsqueda y rastreo en sus bases de datos… y por otro lado, la Asociación Culinaria de México, de la que mi hijo es presidente a nivel estatal, se tomó un mes para escribirnos por Facebook y decirnos que nos iban a apoyar, aunque en realidad, tampoco han mostrado interés en ayudar a su compañero.”