Pulquería Los Insurgentes: punto de reunión para amigos y enemigos

Dulce Ramos · 5 de noviembre de 2011

Pulquería Los Insurgentes: punto de reunión para amigos y enemigos

Por Moisés Castillo

Fotos de Juan Carlos Ruiz Vargas

 A veces hay días terribles que hasta da miedo caminar por las calles. Se puede sobrevivir en la ciudad de México simplemente de pena y angustia. Al DF hay que experimentarlo y explotarlo cada día en mil formas diferentes hasta que te devora. Coquetear con el desastre.

Dicen que se puede vivir sin amigos, de igual modo que se puede vivir sin amor, o incluso sin dinero. Sin nada y nadie, se busca un refugio, pertenecer a algo o simplemente suceder. Y desde hace año y medio, el Expendio de Pulques Finos Los Insurgentes, mejor conocido como “La Pulquería”, es un punto de encuentro y desencuentro de jóvenes y viejos; miserables y exitosos; hippies y hipsters; escritores y falsos profetas.

Nadie lo entendería hasta visitar una y otra vez esa casona porfiriana ubicada a unas cuantas cuadras de la Glorieta de Insurgentes. La Pulquería es un verdadero hogar para hacer amigos y enemigos. Un espacio para pasar un momento feliz ante las miserias de la vida. Un lugar donde se escupe un lenguaje amargo, anhelos, risas, charlas inútiles, compañías entrañables.

La Pulquería es uno de los pocos puntos de la ciudad que los jóvenes se apropiaron y escogieron para divertirse, convivir y escaparse del pasmo cotidiano. Lo hicieron suyo como el Alicia, la UTA o El Under. En esa casona de dos pisos no sólo se puede disfrutar de un buen pulque de Nanacamilpa, Tlaxcala; o un mezcal de Sola de Vega, Oaxaca; sino de presentaciones de libros, exposiciones de arte y conciertos sin cover.

Gustavo Ruiz y Alan Ureña se arriesgaron y levantaron el bar de las ruinas, entre escombros y polvo. La casa porfirina tiene más de 100 años y era usada como una bodega de talacha. Antes era un cabaret que murió en el abandono. Ahora es un sitio que la juventud y muchos viejos visitan diario o los fines de semana como un ritual.

Los treintañeros querían poner un bar para rescatar las bebidas tradicionales mexicanas como el pulque y el mezcal. La hermana de Alan conoció a Gustavo en la UTA y supo que el también el fundador de El Under tenía ganas de desmarcarse un poco del movimiento dark y punk, por lo que le presentó a su carnal.

Las pulquerías están en peligro de extinción. Gustavo y Alan sabían que su idea era descabellada pero no imposible. A principios del siglo XX se decía que había más pulquerías que panaderías. Hacia el primer centenario de la Independencia se construía el Ángel con apenas 400 mil  habitantes y había mil 800 pulquerías. Ahora suman 20 millones de habitantes y menos de 70 pulquerías activas.

El pulque estaba reservado a periodos especiales del año, como las fiestas dedicadas a Mayahuel, la Diosa del Maguey. Después de la Conquista, el pulque perdió su carácter sagrado y se transformó en una bebida apreciada tanto por españoles como por indígenas.

También se dice que ante la falta de agua potable durante la Revolución, el pulque fue la bebida por excelencia. Sin embargo, al termino de la guerra llegó la decadencia de la bebida de los Dioses: la baja producción, el consumo escaso por las campañas gubernamentales anti-pulque y la competencia de la cerveza, fueron casi letales.

Gustavo y Alan supieron que hacía medio siglo que no se abría una pulquería en la ciudad de México y no dudaron en impulsar esta bebida que se obtiene del maguey y la fermentación de su aguamiel.

 

-¿Por qué abrir una pulquería en una avenida tan caótica como Insurgentes?

Gustavo: Porque somos capitalistas. Nos dimos cuenta que había de todo menos pulquerías y queríamos hacernos de una lana. Sabíamos que iba a funcionar. Desde que era niño siempre quise brillar en sociedad y reconocieran que era bueno haciendo algo.

Alan: Bueno, un poco más serio, jajaja. Es una fusión de ideas y lo importante era rescatar y resaltar las bebidas tradicionales mexicanas, no sólo el pulque. En realidad esto no es una pulquería antigua, es un nuevo concepto de bar. El nombre de pulquería nos gustó porque estamos por la conservación de bebidas como el mezcal y la sidra poblana.

 

-¿Siempre les gustó el pulque? ¿Cuándo lo probaron por primera vez?

Alan: Nunca fui muy pulquero porque en mi familia en realidad no había gente que lo bebiera, de repente mi papá. A los 20 años lo tomé en La hija de los Apaches…

Gustavo: Tiene todo el espíritu alternativo. El espíritu siempre es hacer algo enfocado para los jóvenes. Bueno, oficialmente no soy joven para el GDF, a los 29 se deja de ser joven. Tengo 30 y creo que ya tengo que pensar en hacer cosas para viejos para sentirme en contexto, jajajaa.

 

-¿Y el pulque que venden sí es “fino” como presumen?

Alan: El pulque viene de Tlaxcala de una región que se llama Nanacamilca. Nuestro productor es de ahí y nosotros lo curamos con productos 100 por ciento naturales. Lo triste de muchas pulquerías es que hacen sus curados con puros colorantes y saborizantes artificiales. Aquí procuramos lo mínimo de azúcar mascabado y pulpa de fruta.

Gustavo: Para mí un buen pulque es el blanco, no entran los curados porque son muy engañosos por el sabor de la fruta y el azúcar. En eso sí mantuvimos una actitud de no colorantes ni saborizantes, sólo fruta orgánica y mascabado que se lo compramos a una persona en Cuernavaca en términos de comercio justo. En la ciudad es muy difícil tomar un pulque blanco de calidad porque tiene que tomarse directamente saliendo del tinacal.

 

-¿Cuántos litros de pulque consume la “chaviza” a la semana?

Alan: Empezamos las primeras semanas con 300-400 litros a la semana. Hoy son 1200-1500 litros…

-Pero también el mezcal es muy solicitado…

Gustavo: Es de Sola de Vega, Oaxaca; destilado en olla de barro, igual comercio justo. Queremos hacer énfasis en esto porque es la esencia del lugar. El objetivo final es hacia dónde quieres llevar el espacio. A nosotros nos interesa eso, pagarle bien a las comunidades productoras. Sabemos que varios bares pagan por un mezcal alrededor de 40 pesos el litro, es un trato ventajoso.

 

-Desde su inauguración, ¿Siempre ha frecuentado gente tan diversa La Pulquería?

Gustavo: Es que Alan y yo convivimos con todo tipo de personas. Tenemos amigos de todos los estratos sociales, culturales, políticos. Desde el artista más de moda hasta un wey borracho de Garibaldi. Son jóvenes distintos, muy de la UNAM, de la Ibero, muy forever, del rescate de lo “mexicano” -que me da hueva ese discurso- y la otra banda de artistas conceptuales, fotógrafos, músicos o gente que nada más viene a tomar y después ya es DJ de la casa. Hemos tenido a los de Maldita, Café Tacuba, Nortec y así.

Alan: La zona es importante. Estamos en una colonia que está en crecimiento total, enfrente de la Condesa y hay un chingo de banda que jala para acá. Entra de repente un grupo de 10 europeos y luego tres trabajadores de la obra. Así es La Pulquería.

-¿Ahora tomar pulque y mezcal es “cool”? ¿No eran sólo bebidas de albañiles y teporochos? ¿Por qué esta moda de rescatar lo “mexicano”?¿Y la lucha libre no era de “nacos”?

Alan: Es moda y cliché. Igual pasó con el tequila: invirtieron en un diseño sofisticado de la botella y el producto no importa. Hablemos del pulque como una bebida prehispánica que no podía faltar en los banquetes de Maximiliano. El pulque ha pasado por muchas etapas, la nuestra es revalorizar el pulque ante los prejuicios. El pulque es una bebida muy delicada que si no tienes el proceso adecuado se te echa a perder.

Gustavo: En general, la gente es así de pose en cualquier ámbito: en la música, en el arte, en el cine… Diría que el 90 por ciento es pose. Hay pocas personas que realmente hacen lo que quieren hacer y lo disfrutan. Lo vemos ahora con esta onda de los hipsters: platico con esa gente que compró boletos para ver a OMD y les digo ‘mencionen 5 canciones de la banda y no tienen ni puta idea de esa música’. El mezcal se puso de moda y Coca Cola no quiso quedarse atrás: sacó su marca a través de Femsa. La globalización es eso, ver todo como una mercancía, homogeneizar gustos.

 

-¿Han tenido algún problema con las autoridades?

Alan: Hasta ahora no. Es un foro de expresión cultural y artístico. Aquí pasan muchas cosas, hay presentaciones de escritores importantes, lectura de poesía, música en vivo, fotografía, pintura, obra nueva, callejera, arte urbano.

Gustavo: No hemos tenido problemas. El Virreinato enfrentó a las pulquerías. Mandaron a cerrarlas porque creían que la gente que se concentraba en esos lugares era un foco rojo para incitar a la Independencia. La postura del espacio es respetar las leyes que pone el GDF, aunque desde mi punto de vista es una estupidez cerrar a las 2 de la mañana y evitar el cigarro.

 

Cantinas, birria y juventud

De repente, la mesa se llena de mezcales, botellas de sidra y curados de tamarindo, fresa, avena y guayaba. Mientras Gustavo Ruiz dice que no estudió y es autodidacta, sale de la rockola música de Interpol. Alan Ureña confiesa que cursó ingeniería en sistemas en la Ibero pero odia la tecnología. Estuvo trabajando muchos años en Estados Unidos en varios restaurantes y su tirada era regresar para abrir un negocio propio.

Por su parte, Gustavo, incansable promotor cultural underground, quería cambiar de aires y se encontró a Alan en el camino. Lo demás sucede en La Pulquería. Momentos gloriosos: la inauguración el 20 de marzo de 2010; el Congreso de Contracultura, donde la gente pudo ver el mano a mano entre José Agustín y Guillermo Fadanelli; la presentación de la revista Generación y su especial sobre el pulque; o el concierto brutal de Nortec Panoptica Orchestra…

Gustavo y Alan comparten el gusto por beber, visitar cantinas y mirar a las mujeres bellas que pasan desenfadadas y risueñas. Dicen que el Puerto de Veracruz en la Escandón y la cantina Los Cuates tienen una botana de lujo; la pozolería de Moctezuma en Garibaldi y la birria de Don Chuy en la Guerrero son levanta crudos infalibles.

 

-¿Qué hacen en sus ratos libres?

Gustavo: No hay ratos libres, es un engaño del capitalismo asqueroso jaja. Me gusta leer a J.M. Servín, a Pedro Juan Gutiérrez, Fante. Hago intentos por escribir, ver cine y viajar. Leo desde niño Proceso y La Jornada. Mi papá era del PSUM, entonces era la educación que tenía, me tuve que chutar todo eso cuando era niño. No había más.

Alan: Nos gusta hacer tours y convivir mucho con nuestros amigos… Hay una retroalimentación interesante. Amo los deportes, me gusta nadar y quiero retomar el básquet. Ah! y por supuesto las mujeres…

 

-Veo que las paredes están decoradas con cuadros de artistas…

Gustavo: Pues todo comenzó con el artista Daniel Guzmán. Nos conocimos borrachos en el Covadonga, vino aquí una vez y trajo esos dibujos de box y ya es cuate de La Pulquería, como muchos otros músicos y escritores.

Alan: Esa es la parte interesante. Con esa banda que nos visita siempre hay una especie de trueque, un intercambio simbólico. Daniel ama el mezcal y de repente viene con gente de la Galería Kurimanzutto y ahí les dejamos dos botellas y, por otro lado, nos ofrecen parte de su vida y obra. Es un intercambio más profundo.

 

-¿Cómo ven a la juventud? ¿Frustrada, harta, apática o más estúpida que nuestra generación?

Gustavo: No me toques ese vals! La apatía es un síntoma de los jóvenes y se agudiza más porque no tienen experiencia ni recursos económicos. Pero los viejos, son súper apáticos. También está decepcionada de los partidos y del sistema. Mi madre a los 42 años se volvió vegetariana y atea. Ella era la más católica -es de Guanajuato- y priista del universo. Mientras Elba Esther Gordillo siga dirigiendo la educación en México vamos a estar de la chingada. Además Televisa le ha hecho un daño enorme al país.

En Insurgentes Sur 226, de lunes a sábado, cualquiera puede vivir la experiencia de echarse una taza de “agua de las verdes matas del maguey” y escapar de los malos augurios. Alguien sabio de la mesa de a lado dice que no somos sino una cosa muerta como la luna.