Paris Martínez (@paris_martinez) · 8 de mayo de 2012

Envejecimiento, despoblación, feminización de la vida comunitaria y de la agricultura, abandono de los adultos mayores, pérdida de habitantes con capacitación técnica, déficit de fuerza de trabajo, disminución del suelo forestal ante la evolución de la crianza de ganado, así como una extensa erosión del suelo agrícola son los principales problemas que enfrentan las comunidades indígenas de Oaxaca y Guerrero, a 50 años de que iniciara la migración masiva de campesinos mexicanos a Estados Unidos.
Según el estudio “Migración en el México indígena, impacto en la gobernanta local y en el manejo de territorios comunitarios”, elaborado por la UNAM y el Grupo Autónomo para la Investigación Ambiental, cuyos resultados fueron presentados ayer, el flujo de campesinos de estas entidades federativas hacia Estados Unidos ha provocado que, en Guerrero, los menores de 40 años en la Montaña Baja representen a 13% de la población y los que tienen más de 65 equivalen a 38.8% mientras que en la Sierra de Juárez, Oaxaca, se detectaron dos localidades en las que “el número de menores de 15 años es inferior al requerido para el remplazo de la población”.
Asimismo, en la Mixteca Oaxaqueña se detectó que 68% de los habitantes de pueblos indígenas tienen de 40 años en adelante, mientras que los jóvenes sólo llegan a 31%.
“De hecho –señala la investigadora Leticia Merino, coordinadora del estudio–, existen algunas regiones de estos estados en los que únicamente nacen uno o dos bebés al año, ya que la gran mayoría de los adultos en edad reproductiva se han ido”.
Abandono masculino
En las regiones estudiadas en Guerrero y Oaxaca, destaca el documento, “existe ausencia de hombres en edades productivas” motivada por cinco décadas de flujo migratorio constante, que se agravó en 1994 con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, a grado tal que el índice de masculinidad en las zonas rurales-indígenas de ambos estados (es decir, la proporción de hombres en relación con las mujeres) cayó por debajo de la media nacional.
En la Mixteca Oaxaqueña, por ejemplo, hay 96 varones por cada 100 mujeres, mientras que en la Sierra Sur son 95 y en la Costa disminuyen hasta 93, siendo que el promedio en el resto del país es de 97 hombres por cada centenar de mujeres.
“Siempre son los hombres jóvenes los que se van primero”, señala Merino, “lo que ha generado mayor presión para las jefas de familia”, que en las comunidades indígenas oaxaqueñas están al frente de entre 18% y 24% de los hogares, según el poblado.
Mientras tanto, en la Montaña Baja de Guerrero, los académicos determinaron que, la migración de los hombres se ha traducido en una “feminización de la población, de la agricultura y de la participación social”.
Jóvenes, ni de aquí ni de allá
El estudio de la UNAM, integrado a la investigación internacional titulada “Migración, medios de vida rural y manejo de recursos naturales” (elaborada con apoyo de la fundación Ford, así como de los gobiernos canadiense y salvadoreño), establece también que la emigración profundiza la pobreza, más que reducirla, “en la medida en la que priva a las comunidades de su capital más valioso: los recursos humanos jóvenes”.
Reflejos inmediatos de esta ausencia son, según el documento, la “falta de fuerza de trabajo para llevar a cabo actividades de restauración y protección ambiental, el abandono y desconocimiento de grandes áreas de los territorios comunitarios, la desvalorización del potencial productivo de sus tierras” e, incluso, la violencia, asociada con el regreso de los emigrantes que, a su vez, encuentran dificultades para reintegrarse a las comunidades indígenas.
“Luego de muchos años de ausencia –se establece– el proceso de reincorporación enfrenta a las comunidades con nuevos retos”, ya que los que retornan enfrentan necesidades de salud específicas, mientras que sus capacidades de trabajo han sido “mermadas” y su visión de la vida se ha alejado de “las visiones de los que permanecieron”.
Ahora, concluye, “los jóvenes (de estas comunidades indígenas) no conocen el territorio, ni la estructura de gobierno comunal, ni las reglas y acuerdos comunitarios, tampoco participan en los espacios de información y toma de decisiones sobre los asuntos relevantes de las comunidades, mismas que son vistas como espacios donde su futuro no es viable”.