Ernesto Aroche Aguilar (@earoche) · 23 de julio de 2014

Los chicos están ahí. Formados en dos filas. Con flores en las manos, unas. Con las baquetas que aporrean tambores, otros. Si no fuera por los uniformes que visten, los mismos con los que acuden de lunes a viernes a la escuela secundaria Ricardo Flores Magón, que está poco menos de 500 metros de donde fue el violento desalojo del pasado 9 de julio, podrían perderse en el mar de gente que desborda la plaza principal de San Bernardino Chalchihuapan.
[contextly_sidebar id=”RDeUPVMO53GUtJRe7hBEIsNjVum51lO0″]Pero no están ahí para un desfile, ni para la fiesta de fin de cursos, están ahí porque esa formación tiene un hueco. Le falta Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, el niño de 13 años que yace en un féretro blanco a unos metros, justo en el centro y al frente de la plaza central de la pequeña población que desde hace un par de semanas es el epicentro de la lucha de más de 150 poblaciones por recuperar lo que les arrebataron con el aval del Congreso del estado: la facultad de registrar nacimientos y certificar matrimonios y decesos.
Y el retiro de esa facultad, que tras la reforma a Ley Orgánica Municipal, quedó delegada en los gobiernos municipales, prendió la mecha de un conflicto social que dejó como saldo una vida cortada de tajo por un artefacto disparado por la policía estatal en el desalojo del plantón que se instaló en el kilómetro 14 de la autopista Puebla-Atlixco.
Por eso, el velorio que tiene a los alumnos de la secundaria en este martes de junio ahí, en uno de los costados de la plaza, es más que sólo un triste momento, es también un acto político o al menos en eso se transformará luego de la misa que ofician en conjunto tres sacerdotes, entre ellos Gustavo Rodríguez Zárate, encargado de la Pastoral de la Movilidad Humana de la Arquidiócesis de Puebla.
Concluida la liturgia, las manos de los pobladores se llenan de pancartas en donde reclaman el asesinato del menor, el uso de balas de goma en el desalojo, e incluso lo comparan con su antecesor Mario Marín Torres, el polémico “góber precioso”.
Y en el mitin político son cuatro los temas que se repiten en los más de 15 oradores que por espacio de dos horas toman el micrófono: la justicia para la familia Tamayo, el despido de los secretarios de Seguridad Pública y General de Gobierno, la renuncia del gobernador Moreno Valle y el regreso de la facultad del Registro Civil a las comunidades.
De hecho el vicepresidente del Senado, el perredista Luis Sánchez, anunció ante los pobladores de Chalchihuapan que los legisladores de la izquierda política promoverán un juicio político en contra de Moreno Valle.
“Cuando un representante popular se convierte en un déspota, un represor, entonces no puede estar más en el cargo, por eso Moreno Valle no puede ser más gobernador de Puebla tiene que renunciar, tiene que irse del cargo. Al día de hoy hay 37 presos políticos, todos ellos, todas ellas por reclamar sus derechos”.
“José Luis no debió de morir porque ésta era una manifestación pacífica, estos manifestantes que dice Moreno Valle iban armados, iban armados con cartulinas y sus ideas y exigencias de justicia, esas eran las armas de este pueblo, y Moreno Valle respondió con una fuerza brutal, con una represión sorprendente y ahí está su ley bala”.
Y recordó que, de acuerdo con el dictamen médico, Luis Alberto no murió producto de un cohetón, como ha insistido el gobierno del estado, “murió, dice el parte médico, por un objeto a gran velocidad y lo único que había de objetos a gran velocidad eran las balas de goma de ese gobernador, por eso no hay duda de que quien asesinó a José Luis fue el gobernador y por eso no puede permanecer en el cargo”.
En su turno, Araceli Bautista, madre del presidente auxiliar de San Bernardino Chalchihuapan, y quien acompañó a Elia Tamayo durante la agonía de su hijo José Luis Alberto en el Hospital General del Sur, en donde estuvo internado hasta su fallecimiento, denunció las presiones y el acoso de que fueron objeto por funcionarios del gobierno del estado.
“Esto parecía una película de espías, día y noche. A las 3 de la mañana llegaba gente según de gobierno que le decía, te vamos a dar becas para tus hijos, ¿a las 3 de la mañana?”
Y advirtió que si algo le llega a pasar a ella, a su hijo o a su familia los responsables están en Casa Puebla.
Hasta el micrófono llega también una compañera de Luis Alberto, una de las pequeñas que formadas en dos filas ha acompañado los dos momentos del velorio el litúrgico y el político, y en esa línea serán sus palabras: “Los de la escuela secundaria Ricardo Flores Magón venimos a darle el último adiós, porque él sigue vivo en nuestros corazones, él es no es el único que va a morir en esto, sino todos por Moreno Valle, el que lo mató por la ley bala”.
Y tras la mujer, el legislador y la pequeña estudiante, lo mismo pasaron al micrófono presidentes auxiliares, diputados federales, miembros de organizaciones no gubernamentales y vecinos del lugar.
Al final, el cortejo mitad fúnebre mitad político parte al ritmo que impone la banda de guerra de la escuela rumbo al descanso final de José Luis Alberto.