Dulce Ramos (@WikiRamos) · 8 de julio de 2012

“¡Fue-ra Pe-ña! ¡Fue-ra Pe-ña! ¡Fue-ra Pe-ña!”
Los gritos de protesta contra el virtual ganador de la elección presidencial se cuelan al ex Convento de Regina. Opacan los cánticos del coro aun con las puertas cerradas. Adentro de la parroquia están las cámaras Televisa. El canal 2 trasmite en vivo la boda de una pareja de artistas y –de manera involuntaria– los gritos de la “megamarcha” contra el triunfo de Enrique Peña Nieto también llegan en directo a todo el país.
Entre las 15:00 y las 18:00, miles de personas han recorrido los cuatro kilómetros que separan al Ángel de la Independencia del Zócalo de la Ciudad de México para manifestarse contra el resultado de la elección celebrada el domingo pasado. Igualmente piden la democratización de los medios de comunicación, y rechazan la actuación del Instituto Federal Electoral.
Ya son pocos los que se abren paso por la Avenida Juárez rumbo la calle de Madero cuando, justo al final de la Alameda Central, un contingente grita festivo:
“¡Vamos a la boda! ¡Vamos a la boda!”.
Unas 200 personas cambian la Plaza de la Constitución por la de Regina. Ahí se encuentran trabajadores del grupo de medios que señalan como responsable de la “imposición” de Peña Nieto como Presidente y hasta ahí llevan su inconformidad. Así, el actor Eugenio Derbez –creador del programa ‘La Familia Peluche’—y la cantante Alessandra Rosaldo, se casan entre el eco de una manifestación política.
En cuestión de minutos, los jóvenes inventan una arenga: “¡Que no te eduque la Familia Peluche!”. Una sola frase expresa, en parte, el sentido de su manifestación.
‘Aprecio por el PRI’
Faltan cinco minutos para las 15:00, hora de la cita en el Ángel de la Independencia para que la “megamarcha” dé inicio y sin personajes públicos a la cabeza, el contingente ya avanza.
Por las redes sociales se convocó a esta manifestación contra la imposición y en los ‘volantes’ electrónicos que circularon en Facebook y Twitter todos lanzaban la misma instrucción: “Lleva carteles en todos los idiomas. Esto debe traspasar fronteras”.
“Tell everyone around the world that democracy in Mexico is a fraud”.
“La dignité du Mexique vaut plus q’une carte, Soriana”.
“Mexico will nicht dass ein Präsident der Besteuerung!”.
Ruth, maestra de secundaria, lleva la pancarta en inglés. Andrés, estudiante de Relaciones Internacionales escribió la suya en francés, y una amiga les ayudó a redactar la que está escrita en alemán.
Aunque los mensajes de protesta aparecen en distintos idiomas, la creatividad se despliega prácticamente sin necesidad de lenguaje.
Atrás de la columna de la independencia un grupo llega con tres réplicas en tamaño gigante de tarjetas de puntos Soriana. Serían idénticas a las que, según la izquierda, fueron usadas por el PRI para comprar votos, de no ser por un par de detalles. En lugar de Soriana, la tarjeta dice ‘Sopriana’, y en lugar de mostrar a un papá y a una mamá con sus hijos felices, muestra a Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto.
Una ciudadana vestida de naranja como edecán, muestra una banda que se mofa del lema de la tienda. “Aprecio por el PRI”, se lee. Detrás de ella, una bandera con los colores verde, blanco y rojo en horizontal, muestra al centro el logotipo de la tienda.
En casi todas las esquinas del Paseo de la Reforma se suman contingentes a la marcha. Unos reparten flores, otros, como un joven que se hace llamar “Muela”, camina las calles cantando un rap.
En la calle de madero se suma uno de los contingentes más grandes. El bloque entra al Zócalo pasadas las 17:00 recorre la mitad del perímetro y frente a la puerta del Palacio Nacional camina directo al asta bandera.
Una vez ahí, no hay templetes ni discursos. Cada quien se suma a las consignas que prefiere, pero el “¡Fuera Peña!” y el “¡Fuera Televisa!”, le ganan en potencia a las que apoyan al candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador. Hay ánimos de protesta y hartazgo, pero también de cierta alegría por la enorme convocatoria. Personal de Protección Civil de la ciudad estima a las 16:40 unas 100 mil personas.
A la derecha de la bandera un grupo escucha atento a un hombre que lanza un mensaje. A sus pies hay una televisión y a través de un megáfono, les dice que es el aparato de su casa. Afirma estar “hasta la chingada” de la manipulación, así que está dispuesto a romperlo. Con ayuda de otro hombre levanta el aparato en hombros y lo deja caer una, dos, tres veces. A la tercera la pantalla se rompe y se asoman cables y circuitos verdes. De fondo se escucha la arenga “¡Queremos escuelas, no telenovelas!”.
El sonido del caracol
Aunque el Zócalo ya está lleno no dejan de llegar manifestantes por 16 de Septiembre, Madero y 5 de mayo. Con ‘goyas’ y ‘cachi cachi porras’ se hacen presentes alumnos de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional.
Vestidos de negro, con estoperoles y cabellos pintados de colores brillantes llegan otros jóvenes que portan banderas con la A bordeada por un círculo. El símbolo del anarquismo.
En la Avenida Juárez y el eje central un grupo de homosexuales avanza con la consigna “Ni puto, ni joto. Soy un ciudadano defendiendo su voto”.
La marcha es larga. Aunque ya ha caído el sol y los barrenderos comienzan a limpiar a la altura de Bellas Artes, la gente en el primer cuadro sigue gritando.
Pese a la fiesta, al centro de la plancha, hay un ambiente distinto. De manera espontánea, se forma un grupo para rodear a quienes tocan tambores y caracoles a la usanza prehispánica, justo al pie del asta bandera.
Sin importar si son desconocidos los presentes se toman de las manos y un círculo sucede a otro hasta llegar a tres. Por el espacio libre varios jóvenes pasan despacio mostrando sus mensajes de protesta a quienes gritan “¡México, México!” por encima de los tambores que suenan a dos tiempos como los latidos. Tres veces suena el himno nacional, pero del Zócalo casi nadie se mueve.