Dulce Ramos · 20 de enero de 2014

Las firmas se suman a las más de 17 mil que AI entregó en días pasados, “son así más de 21 mil personas que se han sumado al pedido de justicia para Edgar”, informó en un comunicado la organización defensora de los derechos humanos.
Detalló que entre las cartas de solidaridad que han enviado diversos activistas se encuentran expresiones de apoyo a Tamayo Arias, así como de indignación en contra del uso de la pena capital.
“De cumplirse esa cruel sentencia, el recuerdo de esa crueldad vivirá por siempre. Fuerza hermano que los corazones de quienes creemos en la dignidad humana están contigo”, se puede leer en una carta dirigida a Edgar.
También reiteró su llamado a reponer el proceso judicial, el cual dijo: “al ser llevado a cabo sin un adecuado respeto al derecho a la asistencia consular de Tamayo, le puso en grave desventaja ante un sistema de justicia que le resultaba ajeno y con un amplio historial de sentencias discriminatorias”.
Amnistía Internacional señaló además que la discapacidad mental leve diagnosticada en Tamayo Arias haría su ejecución ilegal bajo la ley de los Estados Unidos.
[contextly_sidebar id=”f5f08a4f84e83c71a5fb48b55980fc9e”]Al respecto recordó que en 2008 un psicólogo determinó que el funcionamiento intelectual de Tamayo se situaba en el rango de “discapacidad intelectual leve”, lo que convertía su ejecución en inconstitucional según la legislación estadounidense, pero “esto fue no tomado en cuenta por los tribunales estadounidenses”.
La organización mencionó que entre las acciones legales más recientes para evitar la ejecución del mexicano está una demanda federal en Austin, Texas, solicitando que el gobernador y la Junta de Perdones y Libertad Condicional de Texas (BPP) se abstengan de proceder hasta que se establezca un procedimiento adecuado y transparente.
Las acciones políticas nacionales incluyen entre otras, las cartas que el secretario José Antonio Meade, el Embajador de México en Estados Unidos, Eduardo Medina Mora, el presidente de la CNDH, Raúl Plasencia, el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y diversos legisladores federales, agregó.

La disputa legal que Edgar Tamayo Arias ha representado entre México y Estados Unidos durante dos décadas está a punto de encontrar su final el próximo 22 de enero en una prisión del estado de Texas, cuando se concrete la sentencia de pena de muerte en contra del mexicano.
De 46 años, Edgar ha pasado en prisión los últimos veinte tras haberse declarado culpable de asesinar el 31 de enero de 1994 al policía Guy P. Guddis. Pero en ese tiempo, tanto el gobierno de México como organizaciones en defensa de los derechos humanos y organismos multilaterales, han argumentado que las violaciones al debido proceso en el caso merecen una revisión judicial que podría implicar una sentencia diferente a recibir la inyección letal.
Edgar Tamayo Arias nació en octubre de 1967 en la comunidad de Miacatlán, en el estado mexicano de Morelos, ubicado en el centro del país.
Aunque su padre, Héctor Tamayo Pedroza, se negó a hablar sobre cómo fue la vida de Edgar en México —hasta que emigró en 1985 a los Estados Unidos para buscar trabajo—, el expediente que recibió la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (IACHR, por sus siglas en inglés) en enero de 2012 describe “una infancia marcada por la pobreza y el abandono”.
La mala calidad de vida del morelense antes de los 18 años es uno de los argumentos de su defensa para describir a un hombre trastornado, enfermo y quien actualmente sufre de una“discapacidad intelectual leve”; situación médica que —según los abogados— no fue tomada en cuenta por las autoridades estadounidenses cuando lo sentenciaron a muerte y que “explican” su carácter agresivo.
El expediente indica que Edgar y sus cuatro hermanos vivieron con el alcoholismo de su padre y “a menudo sin comida y artículos de primera necesidad”. Él mismo explicó a su defensa que sus padres abusaron físicamente de él, recuerda que su madre, Isabel Arias Corona, lo encadenaba cotidianamente a un ladrillo y usaba una cuerda para golpearlo; mientras que su padre “mojaba un lazo rígido para que los golpes fueran más contundentes”.
También mencionó que tuvo muchos problemas en la escuela porque tenía dificultades para aprender y que desde los 9 años inició el consumo de inhalantes.
En la adolescencia, Edgar tuvo que trabajar para apoyar a su padre, un maestro de educación primaria. A los 17 años sufrió un accidente en el rodeo en el que tenía un empleo, cuando un toro lo golpeó y lo hirió de gravedad, lo que le provocó permanecer en estado de coma.
Edgar dice que tras el accidente se volvió más agresivo y adicto a las drogas y al alcohol “para olvidarse de los fuertes dolores de cabeza”, pues no podía costear el tratamiento médico ni asistir a las consultas psiquiátricas que necesitaba, lo que también lo motivó a migrar a Estados Unidos para tener mayores ingresos.

En Estados Unidos, con actitud violenta
El expediente de Edgar muestra que aún antes del homicidio en Houston del policía Guddis, el mexicano tuvo otros problemas legales.
El oficial Nelson Zoch —encargado de la investigación por la muerte de Guddis— describió a Tamayo como “un experimentado criminal”, una vez que documentó que había registro de otras detenciones.
En 1990 fue detenido por portar una daga de metal de tres pulgadas e intentar golpear a un ciudadano estadounidense; en 1991 fue acusado de robo en una tienda de abarrotes y de lesiones por apuñalar al encargado del lugar con un destornillador; un año después fue acusado de intentar robar la batería de un auto y en 1993 de provocar una pelea en un bar.
El delito por el que fue sentenciado a la pena de muerte ocurrió cuando oficiales detuvieron a cuatro personas que presuntamente habían cometido robo en un centro nocturno la madrugada del 31 de enero de 1994.
Guy Gaddis trasladó a dos de los sospechosos, entre ellos a Tamayo Arias; pero mientras conducía, Edgar sacó una pistola que traía oculta en el pantalón y disparó seis veces contra el policía —tres en la cabeza—, lo que provocó que la patrulla se estrellara contra una casa y dejó herido al otro presunto criminal.
Según el registro policial, el mexicano escapó por la ventana trasera izquierda del auto y fue capturado todavía con las esposas puestas y con algunos golpes debido al accidente. Cuando declaró, admitió el homicidio, pero dijo que la culpa había sido de los policías por no haber encontrado cuando lo detuvieron el arma que portaba.
El 1 de noviembre de 1994 fue condenado a la pena de muerte, pero hasta este 17 de septiembre de 2013 una corte estatal de Texas fijó el 22 de enero de 2014 como la fecha para la ejecución.
Con información de Notimex y Tania L. Montalvo (@tanlmont)