Animal Político · 29 de noviembre de 2023
En México, más de 38 mil unidades productivas del programa Sembrando Vida se encuentran en riesgo debido a los impactos asociados al fracking, señala una investigación de CartoCrítica y la Alianza Mexicana contra el Fracking.
Con datos a 2019 de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), en el país había registro de 7 mil 840 pozos fracturados, distribuidos en 68 municipios de siete estados: Tamaulipas, Veracruz, Nuevo León, Puebla, Coahuila, Tabasco y Chiapas, con un total de 35 mil 979 fracturas.
En tanto el “Mapa de unidades producción del programa Sembrando Vida”, de la Secretaría de Bienestar, ubica 499 mil 953 parcelas incorporadas al programa, las cuales están en 20 estados pero Chiapas, Veracruz y Tabasco concentran el 45% de ellas.

La investigación divide el riesgo por fracking de las unidades de producción en tres categorías a partir de su relación con la fractura hidráulica:
De acuerdo con la clasificación del nivel de riesgo de la investigación de CartoCrítica y la Alianza Mexicana contra el Fracking, 7 mil 581 unidades de Sembrando Vida, con un total de 18 mil 953 hectáreas, están a menos de 5 km de un pozo fracturado.
Veracruz concentra el 60% de estos predios, seguido de Tabasco, Puebla, Chiapas y Tamaulipas.
Y si se consideran las parcelas ubicadas en bloques de yacimientos no convencionales en espera de ser licitados, así como áreas con contratos y asignaciones vigentes, el número de productores afectados asciende a 38 mil 338.

Esto es una afectación a 95 mil 845 hectáreas, ubicadas en Veracruz (15 mil 437 unidades), Hidalgo (8 mil 230 unidades) y San Luis Potosí (9 mil 246 unidades).
Entre los cultivos con más afectaciones en la producción nacional dentro del programa Sembrando Vida están la naranja, sorgo, vainilla, tangerina, litchi, mandarina y maracuyá.
La investigación señala que, considerando el apoyo mensual de seis mil pesos del programa Sembrando Vida, en 2023 se erogaron aproximadamente 545 millones de pesos en parcelas potencialmente afectadas por su exposición a pozos fracturados.
De continuar con la práctica del frankenstein “se corre el riesgo de afectar a los beneficiarios de un proyecto que aspira a ser algo más que una transferencia económica (…) aspira a generar un medio de vida (…) Es claro que se trata de dos actividades que no pueden coexistir”.