Dalila Sarabia · 30 de enero de 2023
Durante la pandemia, la matrícula de niños entre cero y tres años que cursaban la educación inicial disminuyó en 23.5%, de acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
En la edición 2022 de los Indicadores Nacionales de la Mejora Continua de la Educación en México, la dependencia explica que se trata de 58 mil niñas y niños que se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021 pero que para el ciclo 2021-2022 no volvieron. Por ello, la educación inicial es el grado escolar que porcentualmente tuvo el mayor abandono durante la emergencia sanitaria.
En el nivel preescolar, la matrícula experimentó una reducción de 406 mil 439 alumnos, equivalente a 8.6%, mientras que en la primaria se redujo en 1.3%, es decir, alrededor de 185 mil alumnas y alumnos.
En la secundaria, durante el ciclo escolar 2020-2021, la matrícula fue menor en 12 mil 336 estudiantes —una disminución de 0.2%—, convirtiendo a este nivel en el que experimentó un menor descenso.
“En los ciclos escolares afectados por la pandemia (ciclos 2019-2020 y 2021-2022) la disminución fue de 1 millón 364 mil 591 estudiantes en educación obligatoria, es decir, 4.5% de la matrícula”, informó la SEP.
La Ley General de Educación, reformada en 2019, indica que todos los habitantes del país están obligados a cursar la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. Además, la educación inicial constituye un derecho de niñas y niños; por tanto, el Estado debe garantizar su provisión a los infantes que así la requieran, además de generar de forma progresiva las condiciones para su universalización.
Sin embargo, en el camino a su universalización se han enfrentado contratiempos, como la falta de infraestructura, los recursos limitados y la pandemia.
“La educación inicial es la que tiene los problemas más graves, sobre todo respecto a la matrícula. Ya teníamos un problema en la educación inicial antes de la pandemia porque no era obligatoria y en 2019, a partir de la reforma, se volvió obligatoria, pero como no es una etapa o una edad escolar en la que los papás consideren que los niños y niñas deben ir a la escuela, es que tenemos desconocimiento de su existencia e importancia”, subrayó Katia Carranza, investigadora de la organización Mexicanos Primero.
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En entrevista, explicó que, tras la modificación al artículo tercero constitucional, la SEP en coordinación de distintas instancias trabajó para poner en marcha estrategias para acercar los servicios de la educación inicial —tanto en su modalidad escolarizada como la no escolarizada— a los padres de familia; sin embargo, el plan se ha quedado en el camino por la falta de recursos.
Incluso, la investigadora compartió un dato extraído de un análisis de UNICEF y el CIDE, que daba cuenta de que, en 2020, ocho de cada 10 niñas y niños en el rango de entre cero y tres años no recibieron ni tuvieron acceso a servicios de educación inicial. “Esto nos habla del problema que ya veníamos cargando previo a la pandemia”, alertó.
Como parte del trabajo de investigación de Carranza, pudo identificar cinco causas que han contribuido a la baja matrícula en los servicios de educación inicial.
La primera tiene que ver directamente con el desconocimiento de la existencia e importancia de la educación inicial para el desarrollo de los niños, pues en comparación con los otros niveles de educación básica, los padres de familia identifican que los niños deben ir a kínder, primaria y secundaria, pero la educación inicial no está contemplada.
“No queremos decir que el niño desde que nazca debe ir a la escuela, no, más bien, lo que debe pasar es tener todas estas posibilidades de recibir esta información desde distintos ámbitos”, resaltó la investigadora.
“Cuando (los niños) no están en estos servicios, también es más difícil identificar ciertos problemas o ciertos rezagos, por ejemplo, afectaciones a nivel sensorial, afectaciones del habla, es decir, si no pueden llevarlos a estos servicios puede ser que el niño llegue a tener dos años y diga tres palabras y a lo mejor a los papás no les ha caído el 20 de que ese es un desarrollo natural, normal de los niños”, detalló.
La segunda causa que identifica de por qué los niños no acuden a los servicios de educación inicial tiene que ver con el miedo de los papás al contagio de COVID-19; prefieren que se queden en casa, lo que se entrecruza con la tercera causa: que en muchos centros de trabajos se ha optado por el home office y los padres de familia han decidido que, como ellos están en casa, sus hijos también.
La cuarta causa tiene que ver con el desconocimiento de los padres de familia sobre los beneficios que significa que sus hijos cursen la educación inicial, porque las autoridades federales no se han dado el tiempo ni el presupuesto para hacer una campaña intensiva de información.
Por último, también por falta de información, los papás desconocen que pueden llevar a sus hijos a los servicios públicos, aunque no sean derechohabientes.
“Esto pasa específicamente en los centros de atención infantil que pertenecen a la SEP, por ejemplo, en las guarderías del IMSS, del ISSSTE, todo mundo sabe que si eres trabajador entonces claro que tienes el derecho de llevar a tus hijos a la guardería y antes solo los hijos de los maestros podían ir a esos centros de atención infantil de la SEP; actualmente, están abiertos a todo público, pero la gente no lo sabe”, dijo la investigadora.
El modelo de educación no escolarizado se ofrece a través del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) y es un servicio orientado a atender a localidades pequeñas con un alto grado de marginación y a comunidades indígenas.
Contrario a lo que sucede en la educación no escolarizada de otros niveles y tipos educativos, en la educación inicial comunitaria los servicios no atienden directamente a niñas y niños, sino a padres, madres y cuidadores que tienen a su cargo infantes de menos de cuatro años. Ellos reciben orientación y asesorías para inculcar y fortalecer prácticas de crianza que promuevan el desarrollo integral.
Aunque la educación inicial es obligatoria, Carranza subrayó que, si los menores no la cursan, no tienen ningún impedimento para continuar con sus estudios de preescolar, primaria y secundaria; sin embargo, sí se pronunció por la importancia de acudir a los centros de la SEP.