Tania L. Montalvo (@tanlmont) · 23 de enero de 2014

El próximo 9 de abril, el estado de Texas tiene una cita más con un mexicano al que condenó a la pena de muerte y que forma parte del llamado Caso Avena, en el que tras una denuncia de México la Corte Internacional de Justicia (CIJ) ha solicitado a Estados Unidos que haga una revisión judicial por la violación al derecho al acceso consular.
El caso de Ramiro Hernández Llanas será el cuarto amparado por el fallo de la Corte que no es revisado en Texas para determinar si la violación a la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares durante el proceso judicial fue determinante para que los mexicanos fueran condenados a la pena capital.
Desde 2004 que la CIJ emitió el fallo, México ha insistido en la revisión de 51 casos, pero en Texas ya se ha ejecutado a tres mexicanos: Édgar Tamayo, que recibió la inyección letal este martes 22 de enero, Ernesto Medellín Rojas y Humberto Leal García, que fueron ejecutados en 2008 y 2011.
La defensa de Ramiro Hernández Llanas —que nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en octubre de 1969 y antes de ser aprehendido en Estados Unidos permaneció en la cárcel en Matamoros, Tamaulipas por homicidio— ha presentado una docena de recursos, desde el año 2000 que recibió sentencia, para suspender la pena de muerte. Al igual que en el caso Tamayo, los principales argumentos son la violación a los derechos consulares y el “retraso mental” del mexicano, pues la Suprema Corte de Estados Unidos prohíbe ejecuciones a personas con algún tipo de discapacidad intelectual.
“La Convención de Viena no constituye una base en el caso”
Hernández Llanas es acusado del homicidio de Glen Lich, un exprofesor de la Universidad de Baylor y de Winnipeg , que era dueño de un rancho en Kerreville, Texas y con quien trabajó durante 1997.
[contextly_sidebar id=”94847c64c12835c2132f0cd686467999″]La acusación en contra del mexicano se basa, principalmente, en la declaración de Lera Lich, esposa de Glen, quien describió cómo el mexicano empezó a trabajar con ellos en julio de ese año en labores de carpintería.
Según su testimonio, tres meses más tarde, Hernández Llanas pidió trabajo permanente a Glen, por lo que tenía un cuarto dentro de su propiedad.
La noche del 14 de octubre de 1997, el mexicano llamó a la puerta de la habitación de los Lich y bajó con el hombre de 49 años, a quien finalmente atacó con una varilla de metal.
Lera Lich describe horas de terror, pues asegura que Hernández Llanas regresó a su habitación cubierto de sangre y con un cuchillo, con el que la amenazó mientras la violó en al menos cuatro ocasiones.
En ese testimonio, la mujer indica que Hernández Llanas estaba fuera de sí y sólo pudo entender que decía frases como “Ir a Nuevo Laredo”, “mi hermano”, “cinco mil dólares”, “diez mil dólares”, tanto en inglés como en español.
Aunque él le pidió las llaves del auto Jeep de Glen y salió a encenderlo, tras unos minutos apagó el motor y regresó para violarla hasta que finalmente se quedó dormido, momento en el que ella encontró una oportunidad para escapar y llamar a la policía.
Según el expediente, las autoridades encontraron a Hernández Llanas dormido y cubierto de sangre. En una declaración dijo que golpeó a Glen con la varilla metálica y que después violó a Lera una vez.
En las apelaciones que ha hecho el mexicano, tras ser capturado el 15 de octubre de 1997 y recibido la sentencia a pena de muerte en febrero de 2000, indicó que su confesión no debe ser tomada en cuenta porque al momento de ser detenido e interrogado no fue notificado de su derecho a tener asistencia consular, según indica la Convención de Viena —de la que tanto México como Estados Unidos son parte—.
El Tribunal de Apelaciones de Texas ha rechazado este punto argumentando que “la Convención de Viena no constituye una base en el caso para suprimir la confesión del acusado”. Para esa decisión, tomó en cuenta los casos de los mexicanos Ernesto Medellín Rojas y Humberto Leal García, que también bajo el amparo del fallo Avena de la Corte Internacional de Justicia usaron el mismo recurso sin éxito.
Texas también argumenta que la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos determinó en 2005 que la sentencia de la CIJ no es de cumplimiento obligatorio para los estados.
“Retraso mental”
La defensa de Hernández Llanas argumenta también que tras la causa Atkins vs. Virginia de 2002, la Suprema Corte de Justicia se opone a la ejecución de reos que presentan “retraso mental”.
Sin embargo, la Corte de Texas indica que no hay “suficiente evidencia que muestre el retraso mental” de Ramiro Hernández Llanas y que se apegan a la orden del máximo tribunal de justicia estadounidense de que “el retraso debe probarse expresamente ya sea con muestras de funcionamiento intelectual por debajo de la media o con importantes limitaciones en habilidades como la comunicación y el autocuidado manifiestas antes de los 18 años”.
Organizaciones de defensa de derechos humanos como Amnistía Internacional acusan que con esa definición la Corte dejó a los estados la libertad de decidir qué es “retraso mental” o presentar una discapacidad intelectual.
Sin embargo, la defensa del mexicano ha presentado diversos estudios y testimonios que muestran “bajo nivel de funcionamiento en la capacidad intelectual y de habilidades cognitivas”.
Entre las pruebas a favor y en contra de Ramiro Hernández se encuentran testimonios de sus hermanos —sus padres tuvieron diez hijos—, dos de ellos reconocen que siempre tuvo dificultades para aprender y seguir instrucciones, pero una más dice que es “una mentira” que tenga algún tipo de “retraso mental”.
El testimonio de Jorge Hernández
Dos años mayor que Ramiro, Jorge Hernández dijo que su hermano vivió desde el año de edad en un depósito de chatarra, a donde se mudaron sus padres a una choza de madera infestada de roedores y no resistía cuando había fuertes vientos.
La recolección de chatarra era la principal fuente de ingresos de la familia y desde los cuatro años Ramiro se unió a esa actividad, sin embargo —describe Jorge— siempre tuvo problemas para separar la basura porque nunca pudo distinguir el contenedor correcto para cada artículo o separar las botellas por el color del vidrio. Sólo asistió a la escuela hasta el cuarto grado de educación primaria porque “no aprendía”.
Eso fue motivo para que su padre lo apodara “burro” y aunque fue “bastante duro” con todos, los golpes y castigos contra Ramiro siempre fueron más fuertes.
“Tampoco podía hacer deporte con los otros niños porque no se podía aprender las reglas, no se concentraba en los partidos y no hacía lo que debía. Por ejemplo, cuando intentó jugar béisbol se ponía el guante en la cabeza, tiraba la pelota cuando no debía y se arrojaba sólo porque sí (…) A los ocho o nueve años no podía vestirse por su propia cuenta, se ponía los zapatos al revés, no se abrochaba los botones de la camisa como debía (…) hasta los 13 podía bañarse solo pero nuestra madre tenía que recordarle que debía cambiarse de ropa todos los días”.
Yolanda Hernández Llanas
Según el testimonio de la hermana diez años mayor que Ramiro, ella “mucho tiempo” se encargó de él porque no podía ni bañarse por sí mismo. Describió que su madre fue muy dura pues le gritaba y le pegaba “a veces sin piedad”.
Según Yolanda, Ramiro siempre actuó “como un niño, con dificultades para aprender cualquier cosa, para escribir o para repetir sus lecciones”.
Cuenta que cuando él tenía 17 años lo invitó a la Ciudad de México, en donde ella vivía; Ramiro bajó del autobús en una de las paradas para ir al baño y olvidó que debía volver a subirse, por lo que ella tuvo que ir a buscarlo y cuando finalmente lo encontró estaba sentado en una sala de espera sin conciencia de lo que había pasado o a dónde tenía que llegar.
Adelita Hernández
La constante en el testimonio de esta hermana tres años menor es la declaración de que le tiene miedo a Ramiro por violento, aunque también dijo que si “alguien dice que Ramiro es retrasado mental, en mi opinión eso es una mentira. Nunca me di cuenta de cosas que me hicieran creer que Ramiro era retrasado mental. Él era como una persona de inteligencia promedio”.
Adelita describió dos momentos con Ramiro, el primero cuando se enteró que estaba embarazada a los 15 años de dad y la golpeó junto con otro de sus hermanos, lo que provocó que estuviera hospitalizada tres días.
Pero también menciona que cuando él estuvo en prisión en Matamoros, Tamaulipas, amenazó a dos de sus hermanas con violarlas.
Pendiente para el gobierno mexicano
A través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), el gobierno mexicano ha expresado su rechazo a la ejecución de connacionales que forman parte del caso Avena resuelto por la Corte Internacional de Justicia.
Tras la ejecución de Édgar Tamayo este martes, suman tres los mexicanos cuyos casos debieron revisarse antes de cumplir la sentencia de pena de muerte para establecer si la falta de apoyo consular fue determinante en su proceso.
El caso de Ramiro Hernández Llanas, cuya ejecución se prevé para el próximo 9 de abril, se suma a la lista de peticiones de Cancillería para que en Estados Unidos se acate la resolución de la CIJ.