Paris Martinez (@Paris_Martinez) · 3 de junio de 2012
Con cerca de cinco mil participantes, este sábado se llevó a cabo en la Ciudad de México la XXXIV Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTI), patrocinada por una decena de bares, gimnasios y páginas de encuentros sentimentales que brindan servicios a la comunidad homosexual capitalina, y con la notoria ausencia de las distintas organizaciones no gubernamentales que desde hace cuatro décadas encabezan la defensa de derechos de este sector.
Así, a diferencia de otros años, esta vez no hubo reparto gratuito de condones, para prevenir la propagación de enfermedades de transmisión sexual. En cambio, se regalaron al por mayor latas de las bebidas energizantes Red Bull y Burn.
Tampoco se distribuyeron volantes informativos sobre las condiciones de exclusión que enfrenta la comunidad gay y, en su lugar, la oradora principal del acto, la conductora de televisión travesti conocida como La Supermana, obsequió vodka Skyy, desde el camión alegórico de dicho sello, a todo el que se acercara con la boca abierta.

También, en contraste con lo que era habitual en ediciones anteriores de esta protesta, no se invitó a la ciudadanía que presenciaba la manifestación a sumarse y, por el contrario, quienes se encontraban en Reforma, Avenida Juárez, 5 de Mayo y el Zócalo fueron objeto de burlas. “¡El que no brinque es buga (heterosexual)!” les los manifestantes espetaron a su paso, seguido por un “¡Esos mirones son los maricones!”.
Sólo a la vanguardia de la marcha, un pequeño grupo de señoras hablaba de derechos y su defensa, intentando platicar con la gente que miraba la protesta, para sensibilizarla a través de panfletos. Se trataba del Grupo de Madres y Padres por la Diversidad Sexual, quienes lanzaban esporádicamente el grito de “¡Derechos iguales a lesbianas y homosexuales!”, proclama que, no obstante, era acallada por una más que se escuchaba con mayor fuerza, desde el equipo de audio: “¡Arriba la verga! ¡Arriba la verga!”, grito simple, vacío de contenido, más bien una broma que los oradores consideraron pertinente y que la masa que bailaba y bebía cervezas repetía con efusividad.

“¿Ese respeto demandan para ellos?”
Samuel mira a la gente llegar a la Plaza de la Constitución, ondeando banderas multicolores y cargando cajas de cerveza. Samuel está sentado en el suelo, a un costado de la casa de campaña en la que ha dormido desde el lunes pasado y en la que conserva las pocas cosas que no se llevó la tromba de este viernes.
Él decidió ser maestro, narra, porque en su comunidad, enclavada en La Montaña Alta de Guerrero, sí había escuela, pero no quién enseñara.

En la actualidad, afirma, su comunidad ya tiene maestros, que organizaron a los niños y niñas en nueve grupos de educación primaria y secundaria; sin embargo, siguen faltando otras cosas que, ya desde que él era niño se extrañaban, como luz eléctrica, bancas, libros de texto, aulas, material para la enseñanza, así como algo qué dar de comer a los alumnos, porque todos asisten a clases con el estómago vacío, luego de realizar labores agrícolas.
Es así que, sin mover una pestaña, Samuel escucha a La Supermana y a La Supergüera decir desde el templete que el gobierno capitalino facilitó a la Marcha del Orgullo que “esos que están allá (los maestros) están ahí porque no tienen capacidades, porque son unos güevones”.
Los músculos faciales de este profesor rural, que se manifiesta en en DF junto con otros de Oaxaca, Michoacán y Guerrero, apenas se contraen en una breve sonrisa cuando La Supermana asuza a la comunidad gay a gritar a los maestros un “¡A chingar a su madre!”.

–¿En qué piensas cuando escuchas eso? –se pregunta a Samuel.
–Es muy respetable lo que ellos piensan, pero un cosa es que nosotros respetemos y otra muy distinta que se den a respetar. ¿Ese es el respeto que demandan para ellos? El comentario que hicieron fue realmente muy bajo, y es un reflejo de que, al menos quienes vienen encabezando la marcha, son personas muy ignorantes, porque para lanzar un comentario así de cabrón, primero ellos se deberían de informar… Si ellos realmente quisieran hablar del tema, deberían antes preguntarnos qué estamos haciendo aquí. ¿Yo cómo podría hacer un comentario de lo que están haciendo ellos, si no lo sé? No porque los vea yo aquí voy a decir que son una bola de no sé qué.
–¿Por qué se están manifestando ustedes?
–Nosotros estamos en plantón en el Zócalo desde el lunes pasado, ellos (los de la Marcha del Orgullo) dicen que por güevones, porque no queremos ser evaluados, pero no es así, nosotros nos oponemos a la forma en que quieren evaluarnos, que es algo muy distinto. Pareciera lógico pensar que a todos los maestros se les debe evaluar a través del mismo procedimiento, es decir, a través del rendimiento de sus alumnos. Pero, ¿cómo esperan que nuestros alumnos tengan el mismo rendimiento de los niños del DF, por ejemplo, si aquí los niños sí llegan desayunados, sí tienen útiles escolares? ¿Cómo piensan evaluar igual a los maestros, si nosotros enseñamos sin tener aulas, sin pizarrón, sin bancas? Y a nosotros no nos van a decir que no hacemos nada, a nosotros nos evalúan los papás de las comunidades, y saben que sí trabajamos porque construimos junto con ellos las banquitas para que se sienten los niños, si construimos junto con ellos los jacalitos de adobe donde están los niños aprendiendo? Quién puede creer que estamos aquí, bajo la lluvia, durimiendo en el suelo, comiendo cualquier cosa, por gusto. No es así… ellos, que son un grupo excluido, deberían ser capaces de ver esto…
Quienes sí están por gusto en el Zócalo parecen ser otros: los que bailan al ritmo de Eiza González y Christian Chávez (protagonistas de las telenovelas de Televisa Lola y Rebelde), los que arrojan las latas de cerveza a un costado y abren otra. Los que aguardan tumbados en el suelo la aparición estelar del grupo muscial OV7.

¿Por qué nos dejaron?
Los manifestantes han coreado “Someone like you”, de Adele, y también los éxitos de Stephanie Salas, la prima de la cantante Alejandra Guzmán, y, ahora, llega el momento del mensaje político. Es nuevamente La Supermana la encargada de “reconocer el trabajo y la valentía de Marcelo Ebrard y de la ALDF, particularmente del diputado David Razú, gracias a quienes la Ciudad de México es el crisol más amplio de expresión para nuestra comunidad en todo el país.”

Después, enlista una serie de nombres de personas que “nos han dejado” (aunque la mayoría de los que menciona no han fallecido) y quienes apoyaron expresamente la defensa de los derechos de esta comunidad: la revolucionaria Jotita de la Encarnación, el politólogo Luis González de Alba (vivo), al escritor José Ramón Enríquez (vivo), las activistas Patria Jiménez (viva) y Enoé Uranga (viva), los actores Tito Vasconcelos (vivo) y Jesusa Rodríguez (viva), a los intelectuales Braulio Peralta (vivo) y Lolkin Castañeda (viva), y a los ya fallecidos Carlos Monsiváis, Quetzalcóatl Lieja y Agnes Torre… luego continuó la fiesta.
