Rafael Cabrera (@raflescabrera) · 7 de septiembre de 2013

[contextly_sidebar id=”7b9f22698b7a1b6982371dda9e65c107″]Por un instante la postal recuerda al mercado “20 de noviembre”, del centro de Oaxaca. El barullo, la multitud y una enorme nube de humo de carbón cargada de olores de alimentos, de antojos. La similitud está justificada por los rostros que asoman entre ese desorden que se ha convertido el Portal de Mercaderes, en el Zócalo del DF.
Ahí acampan desde hace tres semanas los profesores de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que pertenecen precisamente al colorido estado de Oaxaca. Esta es, por el momento, su casa. Ahí duermen, esperan, comen, se ríen y miran de soslayo a quienes los ven con hartazgo. Porque saben que muchos no los quieren.
Si la lluvia los perdonó el pasado jueves, cuando bloquearon el Circuito Interior hacia el aeropuerto del DF, ayer la suerte no les sonrió. El agua cayó a cántaros sobre sus casas de campaña y toldos, y el viento corrió libertino como corre en el Itsmo de Tehuantepec, de donde son muchos.
-Por mí ya me iba. Dejé a mis niños con mi hermana. ¿Pero irnos sin nada?
Ana habla sentada sobre una cobija afuera del Palacio del Ayuntamiento, ahí donde Miguel Ángel Mancera, el Jefe de Gobierno del DF, tiene su oficina. Para ganar algo de dinero, vende unas flores hechas con hilos de colores. Diez pesos que, para ella, equivalen a comprar fruta o agua para aguantar las marchas.
– A mí no me gusta marchar, pero ¿qué le hago? Si no vamos el gobierno no nos hace caso y los líderes nos castigan.
Pero sobre ese tema prefiere no hablar. Mejor se ríe. Y cambia de tema.
Cerca de ahí, un anafre suelta sus olores. Ocote, tortillas, carne asándose y frijoles. Buenos recuerdos. Sus casas, sus pueblos.
Comen lo que pueden, lo que les manda su dirigencia.
Pero a los dirigentes es difícil verlos. Rubén Núñez, secretario general de la Sección 22, por ahí anda, aseguran. Es el hombre que negocia en privado con el Gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, en Gobernación. Pero dan vueltas cuando uno pide verlo para entrevistarlo. Desconfían. “¿De dónde viene?” o “¿eres de Gobernación?”, son las repuestas.
La lluvia, en realidad, tampoco les molestó. Pasaron la tarde sentados, descansado en sus casas de campaña después de dos días seguidos de marchas y plantones en el DF. Unos jugaban cartas, otros leyendo los periódicos que se comparten y acaban arrugados.
El cruce de 20 de Noviembre y la Plaza de la Constitución es, en realidad, un mercado. Esquites, tacos de bistecs y hot-dogs a la mexicana, pues asan las salchichas en sus anafres. Algunos peatones se paran y compran. Otros siguen con muecas de hartazgo, mientras esquivan los lazos de los toldos y las casas de campaña.
Esta no es la Oaxaca idílica de mezcales, tasajo, tlayudas y puestas de sol en la playa. Esta Oaxaca, la real, la pobre, incomoda a muchos. Pero ahí está, en el corazón del DF. Quién sabe hasta cuándo.