Paris Martínez (@paris_martinez) · 23 de octubre de 2013
[contextly_sidebar id=”5cdfa31a7bbcc0c83ab1e1d262af4109″]Abigail desapareció durante la madrugada del 10 de marzo del 2012, en la delegación Venustiano Carranza. Ella se encontraba en la calle cuando una camioneta tipo Jeep, color vino, se detuvo a su lado, y de la parte posterior bajó un hombre que tomó a la joven de 19 años por la espalda y la obligó a subir al vehículo, para luego huir, sin que hasta la fecha se conozca su paradero.
El de Abigail es uno de los 19 casos de desaparición involuntaria por los cuales, ayer, 22 de octubre, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió su recomendación 19/2013 en contra de las autoridades capitalinas, al concluir que éstas carecen de órganos, instrumentos y protocolos para enfrentar este tipo de delitos adecuadamente, además de que el actuar de la Procuraduría General de Justicia del DF en las investigaciones respectivas se han caracterizado por la falta de “probidad y diligencia”.
Entre esos 19 casos se encuentran, además del de Abigail, los de 13 personas desaparecidas tras asistir al bar Heaven –una en 2011 y las otras 12 en mayo pasado–, y están también los de cinco jóvenes desaparecidos luego de acudir al bar Virtual, en abril de este año. Pero de todos esos casos, aclaró ayer Guadalupe Cabrera, cuarta visitadora de la CDHDF, el de Abigail “es el asunto que más ausencia de las autoridades presenta”, ya que no sólo depositaron en la familia la responsabilidad de recabar pistas sobre su paradero, sino que, además, la Secretaría de Seguridad Pública borró los videos de las cámaras que pudieron captar el momento de su rapto, y la Procuraduría General de Justicia del DF extravió el expediente de la investigación.
Depuración automática
El 9 de marzo de 2012, Abigail llegó a su casa a las 9:30 de la noche, tras cumplir su jornada de ocho horas de trabajo en el bar Azteca –de Eje Central–, donde laboraba como edecán. “Tus hijos no tienen comida”, le dijo Isabel, su madre, cuando la vio entrar, en referencia a los dos gatos que la joven tenía por mascotas, por lo cual ésta salió apurada a la tienda, para volver a su vivienda minutos después, acompañada de una vecina, otra joven “de 23 ó 24 años”.
Tal como recuerda doña Isabel, su hija le comentó que la vecina “me invitó a dar una vuelta con unos amigos de ella, no me tardo”, y se comprometió a estar en casa a la medianoche. Sin embargo, Abigail ya no volvió.
Tratándose de un fin de semana, Isabel tardó un día en localizar a algún conocido que supiera algo de su hija y, cuando lo hizo, éste le confirmó que durante la madrugada del 10 de marzo la había visto con la joven vecina, aunque no fue sino hasta el segundo día tras la desaparición que Isabel pudo hallar a esa muchacha.
Según los testimonios recogidos en el Anexo 4 de la recomendación emitida por el ombudsman capitalino, esta joven, quien fue la última en ver a Abigail antes de su desaparición, inicialmente informó a la familia que ambas estuvieron dando vueltas en auto, con algunos amigos, y que, a las 3 de la madrugada, las dos jóvenes se despidieron de ellos y se quedaron en un parque, desde donde la acompañante se despidió de Abigail, dejándola sola en ese lugar, sin conocer cuál fue su destino.
Luego, no obstante, al rendir declaración ministerial, esta misma joven afirmó que no se encontró con Abigail a las 21:30 horas, de lo que fue testigo su madre, sino a las 23:00, y que tras pasear en auto con algunos amigos, ambas decidieron dejarlos y abordar un taxi de vuelta a casa, del que descendieron en las calles de Ferrocarril de Cintura y Berriozábal, donde, siempre según el testimonio de la acompañante, Abigail voluntariamente se subió a una camioneta oscura, y partió.

Cabe destacar que, el 13 de marzo, tras recibir la primera versión, en la que Abigail se había quedado sola en un parque, su familia acudió a la Procuraduría General de Justicia del DF para reportar su desaparición, pero en el Centro de Atención a Personas Extraviadas o Ausentes les informaron que debían esperar cinco días más –es decir, hasta el 19 de marzo– “pues tal vez su hija estaba con amigos o se había ido con el novio e, incluso, le dijeron que tal vez estaba en Acapulco, así que debía esperar a ver si regresaba”.
Pese a ello, un día después, el 14 de marzo, ante la presión de la familia CAPEA aceptó iniciar una averiguación previa por la desaparición de Abigail y, para el día 15, un agente investigador localizó una cámara de video de la Secretaría de Seguridad Pública que podría haber captado lo ocurrido a la joven, por lo que realizó el trámite respectivo para que dichas imágenes le fueran enviadas.
La respuesta de la SSP, sin embargo, fue negativa, ya que, tal como informó por medio de un oficio, “no era posible proporcionar las videograbaciones de las cámaras solicitadas, en virtud de que el servidor sólo guarda la información por siete días y, posteriormente, se inicia una depuración automática”.
Cabe destacar que estas imágenes fueron solicitadas cinco días después de la desaparición de Abigail, es decir, cuando aún estaban en poder de la SSP y, aún así, fueron borradas.

El Fumadero
Luego de que el agente del Ministerio Público encargado de la investigación, Ignacio Moreno García, abiertamente se deslindara de la responsabilidad de buscar a posibles testigos de lo ocurrido a la joven, su mamá tomó en sus manos la investigación, y fue así que, en los días siguientes, ella comenzó a recabar diversos testimonios que no sólo revelarían que la joven fue subida por la fuerza a un vehículo, sino que esto había ocurrido en presencia de la vecina que la acompañaba.
Otros testigos, además, afirmaron que días después del rapto, la acompañante afirmó abiertamente que, el día de la desaparición, ambas acudieron a una vecindad de la colonia Morelos, conocida como El Fumadero, donde se encontraron con gente que “le quería pegar” a Abigail.
Además, la familia identificó a otras personas que podrían tener información sobre el rapto, de las cuales proporcionó a la PGJDF nombres, direcciones, teléfonos e, incluso, fotografías, sin que fueran llamadas a declarar.
Asimismo, la familia debió desembolsar 6 mil pesos a la empresa Telcel para obtener los registros del teléfono personal de la joven –trámite que la Procuraduría había omitido–, gracias a lo cual se pudo saber que, el día del rapto, desde ese aparato se hicieron llamadas a Veracruz, Puebla y Cancún.
Los teléfonos a los que se marcó desde el aparato de Abigail, luego de su desaparición, así como desde los que se hicieron llamadas a éste, no han sido investigados por la autoridad, hasta la fecha.
Tampoco ha sido investigada la vecindad en la que se presume pudo estar la joven antes de su desaparición, ni se ha investigado el papel de la acompañante.
Menos aún han sido rastreados los teléfonos desde los cuales, meses después de la desaparición, un desconocido exigió 100 mil pesos a la familia, a cambio de proporcionar información sobre Abigail.
De hecho, aún cuando todos estos indicios obligaron a la PGJDF a turnar el caso a su área de investigación de secuestros –dos meses después del rapto–, ésta devolvió el expediente al Centro de Atención a Personas Extraviadas sin haber realizado ninguna diligencia –salvo recibir más indicios recabados por la familia–, y con el argumento de que “de los testimonios recabados se desprendió que Abigail no fue privada de la libertad”.
Epílogo: CAPEA
Guadalupe Cabrera, cuarta visitadora de la Comisión de Derechos Humanos del DF, reveló ayer 22 de octubre que en febrero pasado, cuando la familia de Abigail quiso acceder al expediente, en el Centro de Atención a Personas Extraviadas o Ausentes “les refieren que no localizan el expediente, que regresen después, y hasta ahora no han sido llamados nuevamente”.
Para doña Isabel, las autoridades “han sido muy negligentes, no ha habido una investigación, no han querido hacer la búsqueda…”
Es así como Georgina Abigail Zitlalpoócatl García, quien el pasado 2 de octubre cumplió 21 años de edad, suma ya un año, siete meses y 14 días como víctima de desaparición involuntaria.