Mujeres del mar: las pescadoras de América Latina que sostienen la pesca y defienden ecosistemas
Mongabay · 15 de marzo de 2026
Contrario a lo que suele creerse, las mujeres son el alma de la pesca en Latinoamérica. No solo pescan: preparan redes, ensartan carnadas, conservan el hielo y, cuando las embarcaciones regresan a puerto, limpian, ahúman, salan y filetean el pescado.
Aunque la pesca suele verse como un oficio masculino, datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) muestran que las mujeres representan el 90 % de los puestos de trabajo en las fases previas y posteriores a la captura, y que casi la mitad de la mano de obra en la pesca y la acuicultura está compuesta por ellas.
Aun así, su trabajo ha sido históricamente invisibilizado y, con frecuencia, peor remunerado. Pese a ello, muchas mujeres que dedican su vida al sector pesquero han alzado la voz para defender su oficio y proteger los ecosistemas de los que depende su trabajo.
Este reportaje fotográfico reúne las historias de mujeres pescadoras en siete países de la región que desafían las convenciones y mantienen viva la relación entre sus comunidades y el mar.
Un proyecto en el Congreso de Colombia busca, entre otras cosas, “mejorar las condiciones sociales y económicas de las mujeres piangüeras”. Foto: Laila Abu Shihab Vergara
Mujeres logran reconocimiento
En Chile, el trabajo que realizan las mujeres, como preparar las redes y los anzuelos, filetear y ahumar el pescado o desconchar los mariscos, ha sido invisibilizado. Sin embargo, tras 20 años de organización, la Red Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal logró una ley que las reconoce por primera vez.
Patricia Reyes, encarnadora de la caleta de Lebu – Foto: Francisco VelásquezFoto: Francisco VelásquezEn la Caleta de Lebu es comun ver familias completas encarnando espineles en el patio de sus casas – Foto Francisco VelásquezCaleta de Lebu, región del Biobío – Foto Francisco VelásquezKaren Cisterna, desconchadora y asistente de buzo – Foto Francisco VelásquezCaleta de Tubul, Región del Biobío – Foto Francisco VelásquezBeatriz Yuste, Gricelda Grando, Luisa Rodríguez y Clarita Vallejos, miembros de la Agrupación Comunal de Mujeres Encarnadoras, Pescadoras Artesanales y Actividades Conexas al Mar de Lebu – Foto Francisco Velásquez.Claudia Conejeros, Pescadora de Lebu – Foto Francisco Velásquez
Extraer piangüas de las raíces de los manglares es uno de los trabajos más agotadores y exigentes que existen. Sin embargo, es una actividad ancestral de las comunidades afrocolombianas del Pacífico, que les da alimento y representa el sustento de miles de familias.
En 2025 más de 30 congresistas presentaron un proyecto de ley para mejorar las condiciones de vida de las más de 11 mil mujeres que se dedican a este oficio en el país, víctimas de múltiples discriminaciones.
El cobador -la pequeña vara de metal que Libia sostiene en su mano derecha en la imagen- es una herramienta que ayuda a las mujeres a encontrar más fácilmente las piangüas dentro del barro. Foto Laila Abu Shihab Vergara
Matilde Mosquera -a la izquierda- y Aura Nelly Díaz -a la derecha- representan a dos generaciones de piangüeras que son inspiración para la comunidad de La Plata. Foto Laila Abu Shihab VergaraAunque el Ministerio de Ambiente calcula que en Colombia hay 11.328 piangüeras, las mujeres dicen que el subregistro es grande y son muchas más. Solamente en la comunidad de La Plata, donde viven cerca de 70 familias, hay censadas 114 piangüeras. Foto Laila Abu Shihab VergaraEl Consejo Comunitario de las Comunidades Negras de La Plata – Bahía Málaga está integrado por cuatro comunidades: La Plata, Miramar, La Sierpe y Mangaña. Foto Laila Abu Shihab VergaraAdemás de empanadas, la piangüa sirve para preparar arroces, ceviches y encocados, entre otros platos. Foto Laila Abu Shihab VergaraCuando las raíces de los manglares se conectan entre sí construyen una especie de red neuronal, interminable, que las piangüeras atraviesan por abajo y por arriba para recoger los pequeños moluscos. Foto Laila Abu Shihab VergaraUna de las cosas que Libia Collazos Sinisterra -más conocida como Olivia en la comunidad de La Plata- más disfruta de internarse en el manglar para piangüar es sentir el silencio. Foto Laila Abu Shihab Vergara
Matilde Mosquera se convirtió en la representante legal de la asociación Raíces Piangüeras en 2019, cuando ella solo tenía 22 años. Foto Laila Abu Shihab VergaraEn una sola jornada de cuatro o cinco horas, las piangüeras de Bahía Málaga deben luchar contra un calor extremo y húmedo y un sinfín de zancudos, treparse por las raíces interminables del manglar y cargar de regreso a la lancha un canasto que puede pesar hasta 60 o 70 kilos. Foto Laila Abu Shihab Vergara
En 2019, el Golfo de Fonseca, al sur de Honduras, vivió una tragedia: miles de moluscos aparecieron muertos en sus orillas y nadie explicó por qué. Las mujeres marisqueras del Pacífico hondureño decidieron hacerse cargo. Ellas protegen las almejas, churrias y curiles, garantizando una recolección de moluscos responsable con el ecosistema marino.
Soledad Rivera busca almejas y churrias en los chiqueros. La jornada de trabajo requiere estar varias horas agachada. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra Corriente
Liliana García también aprovecha las sardinas que quedan atrapadas en las piscinas cuando la marea baja. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra CorrienteLa marisquera Liliana García camina entre las piedras llenas de conchas, buscando almejas o churrias que luego vende en el mercado local. Foto CC / Fernando DestephenTras recolectarlas, las almejas se pueden cocinar en diferentes presentaciones. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra CorrienteAna Luisa Mendieta, quien pertenece a Esmumar, explica las consecuencias de la mortandad de moluscos en 2019. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra CorrienteMujeres marisqueras de Esmumar en Playa El Burro. Amapala. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra CorrienteLos muros de piedra sirven para contener el agua, pero también facilitan la recolección de moluscos en el Golfo de Fonseca. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra Corriente
Soledad Martínez durante una jornada de pesca en Playa El Burro, en la isla de Amapala. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra CorrienteLiliana García, integrante de la Empresa de Servicios Múltiples Mujeres Marisqueras (Esmumar), recorre uno de los chiqueros en Playa de El Burro, donde pesca almejas. Foto: cortesía Fernando Destephen – Contra Corriente
En Guatemala hace 20 años, una familia en Sipacate podía pescar hasta 110 docenas de cangrejos nazarenos en un solo día. Hoy, apenas logran cinco. Las mujeres cangrejeras lideran los esfuerzos para conservar a esta especie y exigen una veda de un año.
Gilma Ruiz muestra un cangrejo que recolectó en manglares cercanos a su comunidad. Foto: Emmanuel AndrésLos manglares son parte del ecosistema que se encuentra a la orilla de la comunidad de El Paredón en Sipacate y donde recolectan cangrejos nazareno. Foto: Emmanuel AndrésLos manglares son parte del ecosistema que se encuentra a la orilla de la comunidad de El Paredón en Sipacate y donde recolectan cangrejos nazareno. Foto: Emmanuel AndrésLos cangrejos nazareno son recolectarlos en los manglares cercanos a la comunidad de El Paredón. Foto: Emmanuel AndrésGilma Ruiz espera a que le nivel del agua aumente para poder remar por el manglar. Foto: Emmanuel AndrésEl manglar es el ecosistema donde habita el Cangrejo nazareno y donde Gima Ruiz los recolecta. Foto: Emmanuel AndrésLa especie que las mujeres cangrejeras recolectan es el Cangrejo nazareno y se encuentra entre las zonas inundadas de los manglares. Foto: Emmanuel Andrés
Lideran en Yucatán
En Yucatán, sólo el 1.16 % de pescadores registrados oficialmente son mujeres. Sin embargo, ellas son quienes lideran las labores de conservación marina en comunidades como Celestún, San Felipe y Río Lagartos. Las mujeres bucean, usan drones y vigilan la pesca ilegal.
Son 10 mujeres en Río Lagartos, Celestún y San Felipe las que realizan monitoreos para evaluar los niveles de conservación mar adentro. Foto: cortesía Natalia Gutiérrez
Las mujeres San Felipe y Río Lagartos se capacitan constantemente en temas de vigilancia, monitoreo y datos. Foto: cortesía Natalia GutiérrezEn los poblados de Río Lagartos y San Felipe, las mujeres construyen redes de acompañamiento dentro y fuera del comité de vigilancia. Foto: cortesía Natalia Gutiérrez 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Las mujeres que realizan vigilancia se han convertido también en inspiración para las jóvenes de sus comunidades. Foto: cortesía Natalia GutiérrezLas mujeres de Río Lagartos y San Felipe se reúnen antes del amanecer para organizar las rondas de patrullaje. Foto: cortesía Natalia GutiérrezEn las actividades de monitoreo y vigilancia los hombres trabajan en alianza con las mujeres. Foto: cortesía Natalia GutiérrezEl trabajo que realizan es voluntario y no remunerado. Entre ellas, distribuyen las funciones para cada recorrido de vigilancia. Foto: cortesía Natalia GutiérrezUna parte del equipo de mujeres de Celestún, pieza clave en la vigilancia costera. Foto: cortesía Natalia GutiérrezLas mujeres que protegen las zonas de conservación marina de Yucatán se han capacitado en el uso de drones para facilitar la vigilancia en altamar. Foto: cortesía Natalia Gutiérrez
En las costas de Ecuador, las mujeres trans encontraron en la pesca más que un oficio. Encontraron un refugio, una herencia y una forma de resistir. Viajamos a Puerto Engabao para documentar la historia de Taylor Panchana, la última enchaquirado que mantiene viva esta tradición ancestral.
Taylor Panchana frente al mar de la playa de Engabao. Foto: Irina DambrauskasEntre redes de pesca amontonadas, Taylor posa en un depósito del puerto utilizado por los pescadores para guardar sus equipos. Foto: Irina DambrauskasDurante su faena matutina, Taylor Panchana escucha los sonidos del mar a través de un tubo plástico sumergido. Es su manera de detectar la presencia de peces bajo el agua, una práctica aprendida con los años en la pesca artesanal. Foto: Irina DambrauskasTaylor Panchana conversa con Vicky Rodríguez apoyadas en la ventana de la tienda de Vicky en Puerto Engabao. Foto: Irina DambrauskasPescadores artesanales salen a pescar bien temprano desde la playa de Puerto Engabao. Foto: Irina DambrauskasVicky Rodríguez mira por la ventana de su tienda en Puerto Engabao. Foto: Irina Dambrauskas
En la reserva de Paracas, las mujeres son las jefas del negocio de la recolección de algas. Organizadas en al menos seis asociaciones de pescadores, son ellas las que lideran la actividad que les permite mejorar su calidad de vida.
Extracción de algas marinas en Laguna Grande en Paracas, una Area Natural protegida a 200 km al sur de la ciudad de Lima en el departamento de Ica. La labor de extracción de algas es realizada por mujeres que ademas son estibadoras y hace labores de pesca artesanal para asegurar su subsistencia. El País/Sebastián CastanedaExtracción de algas marinas en Laguna Grande en Paracas, una Area Natural protegida a 200 km al sur de la ciudad de Lima en el departamento de Ica. La labor de extracción de algas es realizada por mujeres que ademas son estibadoras y hace labores de pesca artesanal para asegurar su subsistencia. Foto: Sebastián CastañedaLos sargazos forman montones de color marrón. Todos parecen iguales, aunque no es así. Unos acaban de ser jalados desde la orilla y están frescos, mojados. Foto: Sebastián CastañedaExtracción de algas marinas en Laguna Grande en Paracas, una Area Natural protegida a 200 km al sur de la ciudad de Lima en el departamento de Ica. La labor de extracción de algas es realizada por mujeres que ademas son estibadoras y hace labores de pesca artesanal para asegurar su subsistencia. Foto: Sebastián CastañedaLa anchoveta es el alimento de aves guaneras cuyos excrementos sirven para fertilizar las praderas submarinas donde se encuentran las algas. Foto: Sebastián CastañedaLa costumbre arraigada de asignar “de manera desproporcionada” las tareas de cuidado a las mujeres es, de acuerdo con expertos en asuntos de género y las Naciones Unidas, uno de las principales razones por las que la equidad de género sigue siendo un pendiente en la pesca. Foto: Sebastián CastañedaExtracción de algas marinas en Laguna Grande en Paracas, una Area Natural protegida a 200 km al sur de la ciudad de Lima en el departamento de Ica. Foto: Sebastián CastañedaEn la Reserva Nacional de Paracas existen 28 Organizaciones Sociales de Pescadores Artesanales (OSPAS) dedicadas a la recolección de algas. Varias de ellas son presididas por mujeres o están integradas en su mayoría por ellas. Foto: Sebastián CastañedaLas estibadoras ganan entre 50 y 60 soles, cerca de 17 dólares, por una sudorosa faena de dos a tres horas. Foto: Sebastián CastañedaEl trabajo de recolección casi no tiene horario ni fecha en el calendario. Como hay que esperar a que el mar bote los sargazos y dado que se debe hacer de manera manual y no mecanizada, tal como lo establece un decreto del Ministerio de la Producción. Foto: Sebastián CastanedaPero aproximadamente desde 2003, debido a la popularidad que ganó el consumo de algas a nivel mundial, se puso el foco sobre ellas. Foto: Sebastián Castañeda