Redacción Animal Político · 15 de marzo de 2023
En México, la fuerza laboral de la industria de la moda es, en su mayoría, ocupada por mujeres con empleos mal remunerados. Aunque este sector productivo genera más de 2.1 billones de pesos en ingresos anuales, el 57% de la población femenina empleada en él no tiene salario fijo, contrato o seguridad social, de acuerdo con el informe Reforma laboral: Análisis desde una perspectiva de género, elaborado por la asociación civil La Círcula.
El documento destaca que casi dos tercios de quienes trabajan en este sector no tienen un ingreso suficiente para comprar dos canastas básicas, que sean suficientes para mantenerse a sí mismas y a otra persona, pese a que esta industria contribuye aproximadamente con el 2.4% del PIB de las actividades de manufactura.
La Círcula documentó que las mujeres que trabajan en la industria de la moda experimentan violaciones a sus derechos, como el tener que laborar en espacios reducidos, con poca ventilación o en condiciones insalubres; plazas sin contratos escritos; salarios precarios; largas jornadas de hasta 18 horas; tiempo de descanso mínimo; carencia de primas de antigüedad; menos días de vacaciones y de aguinaldo, así como de incapacidad por maternidad, situación que se repite a nivel mundial.
En las maquiladoras, las mujeres sufren violencia laboral —consistente en acoso sexual, agresiones verbales y abuso de los patrones hacia adolescentes—, y que cuando llegan a denunciar estas situaciones son despedidas. Además, se han encontrado casos en los que no se les contrata por discriminación relacionada con su peso.
Las mujeres son quienes más participan en este tipo de actividad económica (68%), principalmente en la confección de prendas de vestir, un porcentaje alto en comparación con el 35% que representan en total dentro de la industria manufacturera.
A nivel mundial, también son las mujeres las que ocupan la mayor parte de los puestos de trabajo de la industria de la moda, mismos que ejercen desde la informalidad, o en condiciones inseguras y precarias.
Además, según el informe, el ser mujeres se cruza con otros factores que las sitúan en condiciones de vulnerabilidad y discriminación, como el ser migrante, ser una persona racializada, tener una doble jornada de trabajo por las labores de cuidado no remuneradas, entre otros, situaciones que no se encuentran contempladas en la reforma laboral de 2019.
Estas condiciones de trabajo desiguales se vieron agravadas en el contexto de la pandemia de COVID-19, ya que, debido a la falta de contratos laborales formales, algunas de las consecuencias que se dieron fue el despido de trabajadoras sin que se garantizaran sus derechos laborales, y se les obligó a trabajar en condiciones inseguras.
El 1 de mayo de 2019, en México se publicó una reforma laboral que incluyó la obligación patronal de implementar protocolos contra la violencia por razones de género en los centros de trabajo y una mayor protección en casos de violencia laboral.
Sin embargo, según trabajadoras de la industria indumentaria, organizaciones de la sociedad civil, activistas y especialistas entrevistadas por La Círcula, la reforma laboral quedó a deber en materia de igualdad de género, pues “se perdió la oportunidad de abordar rubros como el tiempo que las mujeres invierten en trabajos no remunerados (de cuidados) y cómo esto afecta su vida laboral”.
Tampoco se aumentó el número de días de permiso de paternidad en la Ley Federal del Trabajo, lo que se traduce en que la reforma sigue replicando la visión de que los hombres son proveedores y las mujeres cuidadoras, de acuerdo con las entrevistadas.
Si bien se estableció la obligatoriedad de contar con protocolos para la prevención, atención y erradicación de la violencia laboral en centros de trabajo, “la realidad es que la reforma dejó pasar la oportunidad para atender las desigualdades estructurales atravesadas por el género en la materia”.
Las entrevistadas señalaron que, si bien hay derechos humanos que protegen a las mujeres y grupos en situación de vulnerabilidad que trabajan en la industria indumentaria, es difícil que se cumplan, debido a que las prácticas como contratar a personas migrantes sin documentos, niños y adolescentes ocurren sin que haya vigilancia de autoridades.
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Respecto de las acciones que las empresas de la industria podrían implementar para garantizar los derechos de las trabajadoras, La Círcula recomendó que se reconozca que todas las personas son parte de la organización social de cuidado, por lo que las y los empleadores tienen que colaborar generando condiciones para que se redistribuyan estas labores y no se sigan sobrecargando hacia mujeres y niñas.
La asociación pidió al sector redoblar esfuerzos para desnormalizar la violencia del ámbito laboral, con protocolos y sensibilización a las áreas de recursos humanos sobre los tratos humillantes que se presentan en este tipo de empresas.
A la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y a sus homólogas estatales, les recomendó que pongan en marcha un plan para incorporar la perspectiva de género en la instrumentación de la reforma al sistema de justicia laboral, así como acompañar el proceso de la misma con la creación de leyes o normas para atender la violencia y el acoso.
Para el Poder Legislativo, recomendó hacer un análisis detallado de la legislación laboral, particularmente de la licencia de paternidad y sistema de cuidados, así como analizar que el trabajo de maquila sea considerado de manera especial, de modo que se tomen en cuenta las condiciones particulares en las que operan estos centros.