"La voz clama por libertad”: mujeres de Eloxochitlán encuentran en el arte otra forma de resistencia

Marcela Nochebuena · 3 de octubre de 2025

"La voz clama por libertad”: mujeres de Eloxochitlán encuentran en el arte otra forma de resistencia

Cuando las comunidades se quedan aisladas y sus voces no se escuchan de forma constante, se facilita el abuso por parte de los sistemas, gobernantes y grupos caciquiles, dice convencida Argelia Betanzos, mujer mazateca de la comunidad de Eloxochitlán, Oaxaca, donde más de 50 personas han sido acusadas —21 han llegado a prisión— por delitos fabricados en respuesta a la defensa de su territorio.

“Después de haber dado una batalla jurídica de 10 años, que estamos a punto de terminar, lo creo así. Espero que el creador así también lo crea y lo haga. Va a llegar un momento en el que no podamos permitir que volvamos a sufrir ese acoso, pero nosotras no podemos ni queremos tomar armas para evitarlo, armas de fuego, ¿cómo podemos evitar que nuestra comunidad sea asolada nuevamente?”, se pregunta.

Una de las principales respuestas ha sido que la presencia de la lucha, la voz que clama por libertad y autonomía, esté constantemente en algún sitio. Ese es el papel que ha jugado la gráfica como una forma más de expresión de la batalla de las mujeres de Eloxochitlán. Para Argelia, todo ha partido desde la propia esencia de su lucha. Lo artístico venía aparejado a una memoria histórica.

Voz_clama por libertad_mujeres de Eloxochitlán, Oaxaca, usan el arte como otra forma de resistencia
Foto: Marcela Nochebuena

“Las mujeres mazatecas en sí mismas, a la hora de elaborar nuestro huipil, que fue un rescate –no el único, hay ya varios años–, nos tocó la bendición de contar con nuestra compañera Bertha Reynosa, que es una mujer también de la lucha por la libertad, y estando en el plantón en el año 2021, se dio la iniciativa de ella y de todas de que aprendiéramos a hacer esta prenda que nuestras bisabuelas todavía vistieron todos los días”, relata.

Al igual que con la vestimenta, su lucha fue acompañándose de todo tipo de expresiones artísticas. Ellas han constatado que hacer de estas la propia lucha es una forma de protegerse contra la tentación constante del gobierno de reprimir a la comunidad. El lenguaje artístico para las mujeres de Eloxochitlán, sostiene, es un lenguaje salvador, protector y sanador.

De por sí convivían ya con poetas, músicos, artistas de teatro y muralistas cuando conocieron a Minerva Ante, “y su precioso trabajo”, subraya Argelia, en la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Supieron que era grabadora y empezó un diálogo. Para entonces, sus compañeros presos, especialmente Jaime Betanzos, estaban conviviendo también con la experiencia de hacer grabados.

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“Cuando escuché que Mine era grabadora y mujer nos emocionamos muchísimo y pensando que trabaja con mujeres en lucha, dijimos: ‘¿no te gustaría enseñarnos a grabar?’ Así fue como empezamos a convivir con esta actividad de la gráfica, que ni ella ni nosotras nos imaginamos que se iba a lograr una producción masiva, literalmente desde el primer ejercicio se grabaron más de 100 dibujos”, cuenta.

Para ellas, ha sido una actividad reveladora y restauradora. Por ejemplo, compañeras que nunca habían ido a la escuela ni elaborado dibujos sobre papel, dialogaron para perder el miedo y se sorprendieron de lo que podían hacer, porque quizá nunca habían hecho trazos con lápiz, pero otros trabajos, como el campo, tenían que ver con la posibilidad de crear formas y expresiones.

Estas compañeras que nunca habían tocado un lápiz hicieron unos trabajos maravillosos. Hasta decimos ‘que patenten su tipo de flores y su tipo de personitas, porque sus dibujos son únicos’”, remarca con una amplia sonrisa. Así descubrieron, aunque tenían desde un principio esa intención, que la gráfica puede contar por sí misma lo que ha sido su vida, su experiencia y su lucha. Ha tenido una capacidad potenciadora de multiplicar un grito que ya no se limita solo a la voz.

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Foto: Marcela Nochebuena

El arte fuera de la academia, conectado con la comunidad

Argelia hace énfasis en que el proyecto que emprendieron las mujeres de Eloxochitlán junto con Mine Ante surgió ajeno a las academias, pero totalmente conectado con la comunidad y con la esencia misma, en este caso, de vidas de mujeres sin ningún tipo de límite, por lo que ha logrado llevar su mensaje a espacios en los que no se habría hablado de su lucha. “Eso para nosotras es muy importante”, remarca.

Ese es uno de los primeros rasgos que también destaca, por separado, Mine Ante, entrevistada en su departamento. Cuenta cómo, en esa idea de apuntar hacia un arte más comunitario, llegó a pensar que quizá las mujeres de Eloxochitlán no querrían exponer en un museo, pero la tomó por sorpresa la respuesta de que sí lo deseaban, pues representaba la posibilidad de entrar a un espacio típicamente ocupado por expresiones artísticas “más formales”.

Cuando Argelia escucha esa anécdota resumida por una tercera, ríe y afirma que se trata de una cuestión de la dignidad que ha quedado grabada también en los dibujos, y por otro lado, la necesidad de evitarse riesgos de vida, de perder libertad, de que la criminalización se intensifique y que la represión sea una marca que nunca las abandone. De ahí la importancia de que la comunidad no se quede aislada.

Minerva Ante Lezama es psicóloga social, investigadora en ciencias sociales y artista visual enfocada en luchas de las mujeres, feminismos y el arte como herramienta de lucha. En las próximas semanas, participará en el 13 Congreso de la Salud Sexual de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual. Ese perfil la acercó a la lucha que han sostenido las mazatecas en Eloxochitlán por más de 10 años por la autonomía, el territorio y frente a la criminalización.

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Las mujeres en el campo del arte, señala, se han enfrentado a lo largo de la historia con muchos obstáculos para hacer su trabajo creativo. Los espacios de producción y gráfica han permanecido masculinos. A partir de su conocimiento de mujeres que no se han podido desarrollar en esa expresión por no tener acceso a espacios o talleres, ella adquirió un tórculo –la máquina que sirve para imprimir; “la tórcula”, le llama ella— y pudo adecuar en el departamento donde vive un espacio que se convirtió en el taller “La Cobaya de Fuego”.

Inmediatamente surgió la propuesta y provocación de llevarlo a la sierra mazateca: “Aunque físicamente tiene un espacio, es un taller nómada, y va a estar moviéndose cuando se necesite para apoyar luchas por la vida”, comparte. La vinculación surgió a partir de las coincidencias en la Ciudad de México en espacios como la Glorieta de las Mujeres que Luchan, como resultado de las violencias diversas que son transversales a varios grupos de mujeres.

Mine llama a eso redes intermitentes, configuraciones de compañeras que se forman en momentos coyunturales o críticos donde hay que protestar, enunciar u organizarse para acuerpar o acompañar una lucha.

Mujeres de Eloxochitlán ven en el arte otra forma de resistencia
Foto: Marcela Nochebuena

 “Entre esas redes, yo pienso que estamos Arge y yo conectadas desde años, desde que estuvieron Mazatecas por la Libertad en este plantón nos conocimos en el contexto de estar organizándonos para seleccionar fotos, y dar cuenta de la violencia contra las mujeres y de la lucha de las mujeres”, cuenta.

Al poco tiempo, ya estaban en un templete hablando juntas y compartiendo con las compañeras en el contexto de una marcha. Mine acababa de comprar la tórcula y se lo platicó. Arge le compartió que su papá había aprendido a hacer gráfica cuando estuvo en Oaxaca injustamente encarcelado, y le planteó hacer el taller de grabado en la sierra.

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“Arge es muy sabia —como se evidencia de inmediato con solo unos minutos de conversar con ella–, y tenía muy claro en ese momento el potencial de hablar a través de la imagen gráfica. Ese fue el inicio”, recuerda.

A partir de ahí, vinieron las llamadas, los mensajes por WhatsApp, documentos editables colaborativos y mucho trabajo que ambas hicieron para el diseño y la gestión de la propuesta. Después lo compartieron con más compañeras para ir a trabajar con las mazatecas de Eloxochitlán en la sierra, o que aportaron recursos. “Empezaron unas jornadas muy impresionantes de trabajo ahí”, dice Mine.

La primera fue una jornada veloz, de un par de días, en julio de 2024, con talleres desde la educación popular, pero también de dibujo y de linóleo. Se produjeron unos 100 grabados. A la vuelta a Ciudad de México, mujeres de otras luchas entregaron grabados, y volvieron a la sierra un mes después, a una semana intensa de impresión, donde se generaron poco más de 500 estampas, una parte de ellas sobre tela, lo que permitió juntarlas también con expresiones de bordado.

“Era impresionante ver ese galerón, ese espacio tan amplio que estaba prácticamente vacío cuando llegamos, verlo lleno de gráfica por todos lados; algo insólito, yo nunca antes vi algo así”, sostiene Mine. Argelia cuenta que más tarde imprimieron 10 pendones para espacios tomados, y después se convencieron de “que la obra se lleve a todos lados”. Así se abrieron las puertas de la UAM y se abrirán las del Museo Nacional de la Estampa el próximo noviembre.

Mujeres de Eloxochitlán, Oaxaca, arte resistencia
Foto: Marcela Nochebuena

Los descubrimientos de las mazatecas a través de la gráfica

Argelia dice que la experiencia fue reveladora porque a través de ella descubrieron, por ejemplo, a madres artistas, como Martha Betanzos, que tiene un hijo, Valentín, dedicado a la plastilina en miniatura, y otro a la artesanía, Martín. Cuando ella hizo su propio dibujo y grabado, sus compañeras quedaron asombradas.

Martha dibujó a su esposo preso detrás de unas rejas con unas lágrimas brutales, describe Argelia, cogiéndose de los barrotes de una forma muy expresiva mientras las aves lo visitan. “La artista en esa casa era la mamá, pero no se había dado el tiempo para descubrirlo”, cuenta. Uno de sus grabados se utilizó como logo en la exposición que hicieron en la Casa del Tiempo, de la UAM.

“No solo eso, sino que al hacer dibujos y al relatarlos hubo revelaciones donde la capacidad de estructurar, y lo que estaba contenido en nosotras pudo ser expresado al dibujar y llenar de detalles. Hubo quien dijo ‘es que yo tengo, junto a mi casa, mi propio alimento, por eso dibujé estas hierbas santas, no tengo que ir a otro lado, ahí están mis plantas medicinales, mi arroyo donde bebo el agua, ahí está mi alimento, y eso se llama autodeterminación’, dijo ella”, platica Argelia.

El dibujo, y atreverse a plasmarlo en el linóleo, imprimirlo, para ellas era impactante. Enterrar la gubia, especialmente para la generación de mujeres más grandes, que tienen mucha práctica en la cocina y el campo, fue más fácil que para las demás.

“Había una demostración de fuerza en la mano que no se había notado en otros espacios. Ellas, que están acostumbradas al azadón, al machete, a las palas, a la cocina, con una facilidad tremenda enterraron la gubia para levantar el linóleo”, describe como otra revelación evidenciada solo cuando la oportunidad llega.

El uso sistemático del Poder Judicial para torturar a una comunidad

La fabricación de delitos contra más de 56 mujeres y hombres de Eloxochitlán, de 40 familias de todas las localidades del municipio, se dio a partir de acusaciones por faltas de alto impacto, recuerda Argelia. La intención era que nadie quedara libre, que tuvieran que huir o que no regresaran al pueblo ante el temor de enfrentar un proceso legal. Vivieron la prisión, el desplazamiento y el intento de persuasión constante para abandonar el territorio.

La forma en la que se luchó fue la movilización, mediante una organización que llevó por lo menos los primeros cinco años. Después vino la lucha jurídica cuando se lograron las primeras libertades. Esa, dice Argelia, se ha dado de manera muy consciente, sin confiarse en abogados externos, leyendo ellas y ellos mismos todos los expedientes.

“Se ganaron muchos amparos, enfrentamos momentos muy graves después de que fuimos ganando las primeras libertades, porque el Estado le dio todo el poder a las personas que usó para fabricarnos delitos, y entonces ocuparon cargos como diputación –todavía–, secretarías de Estado, en especial Elisa Zepeda Lagunas, que ha sido muy respaldada por tres gobiernos. Llegó un momento en que el poder de la Federación se entrometió”, narra.

Las mujeres de Eloxochitlán, Oaxaca, arte resistencia
Foto: Marcela Nochebuena

Se refiere a que el Congreso de la Unión emitió un punto de acuerdo para que se juzgara el asunto a favor de ella. A las mazatecas les costó concientizarse, y elegir entre admitir la andanada estatal o defender la razón que les asistía, lo que decidieron finalmente. Lucharon dos años y medio en un plantón frente al Consejo de la Judicatura. Enfrentaron a funcionarios y demostraron que los jueces se habían pervertido en Oaxaca.

El Instituto de la Defensoría Pública tomó el asunto a partir de entonces, y empezaron a ganar de nuevo amparos y las últimas libertades. Desde esa perspectiva, ya no puede haber un retroceso, dice Argelia, pese a que el gobierno de Oaxaca aun pretende atemorizarlas y desmovilizarlas con la reactivación, el 31 de marzo, de 200 órdenes de aprehensión. Se trata de delitos prescritos, ya litigados mediante amparos ganados.

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“Estamos acercándonos al final, porque aunque vivimos un aparente recrudecimiento de inmediato pudimos organizarnos para presentar amparos en Boca del Río contra esa persecución. Nos mandaron a Veracruz, y ahí se está revisando no solo el asunto de las nuevas órdenes, sino los casos de 14 hombres que no han regresado a casa después de esta criminalización brutal que persiguió a muchísimos, a 40. Estos 14 la mayoría no pisaron prisión, entonces no tienen forma de defenderse mediante un proceso penal, deben hacerlo exclusivamente a través del amparo”, explica.

mujeres de Eloxochitlán, Oaxaca, usan el arte como otra forma de resistencia
Foto: Marcela Nochebuena

Exigieron que las autoridades se fijaran más en esa urgencia y no en los detalles administrativos, junto con una movilización en Boca del Río. Apenas el pasado 11 de septiembre recibieron la grata noticia de la celebración de tres audiencias, de Jacob Betanzos, Ranulfo Vidauria y Rogelio López, con miras a una pronta sentencia. “Esperamos que sea favorable, y se traduzca en la concesión de un amparo, que regresaría al juez para que reconozca que las órdenes son ilegales y las tiene que cancelar definitivamente”, añade.

Así debe suceder con el resto de los compañeros, esperan, entre septiembre y octubre. Argelia está convencida de que están muy cerca de alcanzar la justicia, si se suma el amparo de Francisco Durán Ortiz –relacionado con delitos contenidos en las 200 órdenes–, que define que está prescrito.

“Es un uso sistemático del Poder Judicial para torturar a una comunidad, para mantenerla desarticulada, y la razón de fondo es asegurar el negocio de materiales pétreos que tiene el propio padre de la diputada Zepeda, Manuel Zepeda Cortés. El inicio de la criminalización contra la comunidad bajo esta persecución con órdenes de aprehensión es exactamente el mismo inicio de la consolidación de la empresa de extracción del río de forma ilícita”, sostiene.

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Solo se trata de hombres y mujeres, recuerda, que buscan justicia, y que mantienen su exigencia a través de la organización, la movilización, la lucha jurídica y el arte que abre oportunidades. La actividad de grabado y bordado no ha parado, luego de seguir trabajando con sus propias obras en diferentes formatos.

La convivencia con esos grabados ha sido imparable; por cuestiones de que luego estamos dedicadas a seguir los procesos, no nos hemos vuelto a juntar para hacer más dibujos, pero a estas alturas ya cada quien tiene en mente qué podría grabar de nuevo”, dice Argelia.

Cuando empezaron los talleres de dibujo, recuerda Mine Ante, la pregunta detonadora era “qué queremos contarle al mundo que ha ocurrido en Elox”. Las mazatecas fueron contundentes y lograron contar con imágenes, palabras y frases la historia de más de 10 años de lucha y persecución.

Desde la perspectiva crítica que ella sostiene ante la academia y del arte, en el sentido de que no son tan abiertos ni plurales, las mazatecas le dejaron claro que todos los saberes que vamos aprendiendo a lo largo de la vida pueden cobrar sentido cuando lo que se defiende es la vida misma, y aprendió la fuerza, la solidaridad y el amor que puede haber en sus luchas.