Moisés Castillo · 3 de septiembre de 2011
I.
Diálogo de la película Celebrity de Woody Allen:
Suena el timbre…
-¿Diga?
-Mudanzas…
-¿Quiere subir por favor? Dejaré la puerta abierta, dice la dulce Bonnie.
-¡Despierta! Los de mudanzas traen mis cosas. Siento lo de anoche, en cuanto te fuiste a la farmacia me quedé dormida…
-¿Los de mudanzas ya están aquí? Pregunta Lee entre dormido y sorprendido.
-Son las 7:30 AM
-Oye, Bonnie
-He hecho café…
-Bonnie, escucha.
-¿Qué pasa?
-Tengo que hablar contigo…
II.
Dicen que la mudanza es la memoria ambulante o trajín del demonio. Y es verdad. Una mudanza es descontrol, pero también un momento de cambio y encuentro con el pasado. ¿Qué cosas llevas contigo? ¿Qué recuerdos entierras para siempre? ¿La mudanza es empezar de cero?
En el libro de cuentos Mudanzas (Cal y arena 2011) once escritores relatan sus mudanzas interiores, mentales, trágicas, violentas y perversas.
Últimas palabras (ojalá), de Adriana González Mateos, cuenta la historia de una mujer madura que ha sufrido recientemente rupturas amorosas. El fracaso de su matrimonio con Armando se aceleró cuando conoció y se enamoró perdidamente de Ricardo, una pasión que le pareció definitiva.
Ella se encuentra por primera vez en su vida en un lugar libre. Será la primera noche que dormirá sola. En su nuevo hogar se ven por aquí y por allá cajas, muebles vacíos, ventanas desnudas, paredes blancas. Sola después de tantos años de casada. El techo y los muros son espejos.
“Y en esta llave, estas cajas, este departamento vacío. Como mi vida: un espacio que ahora parece enorme, la posibilidad pura”.
Ella comienza a desempacar y encuentra cosas que la definen. Cosas que pensaba haber perdido y que siempre estuvieron vigilantes. Al acomodar sus libros se percata que Ariel: Poems by Sylvia Plath, no le pertenece. Piensa que es de Armando, pero él le dice que no. Y al hojear y leer algunas anotaciones descubre una historia que la llevará a tiempos de nostalgia y que paralelamente la ubica en su presente, le confirma la sensación de que es una cáscara de plátano tirada a la basura. Algunos recomiendan que en tiempo de desolación nunca hacer una mudanza.
Adriana González Mateos es escritora y traductora. Afirma que cuando traduce está tratando de darle al español algo que no tiene. Ha recibido el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1995 por Cuentos para ciclistas y jinetes, el Premio Nacional de Ensayo Literario “José Revueltas” 1996 por Borges y Escher, y el Premio Nacional de Traducción Literaria 1996 por La música del desierto, de William Carlos Williams, versión al español realizada en colaboración con Myriam Moscona.
-¿Cómo te integraste al libro Mudanzas?
Me invitó Delia Juárez, que es la compiladora y me dio mucho gusto. El tema del libro de entrada me pareció provocativo, interesante, porque me he mudado varias veces. Estuve muchos años viviendo en Nueva York y luego regresé. Para mí las mudanzas es un momento en que tu vida se desacomoda y en que salen cosas que a lo mejor no saldrían si no te mudaras. Es como una oportunidad de ser casi otra persona, de comenzar otra vida. En realidad te diría que no me gustaría volverme a mudar pero literariamente es un tema interesante.
-En tu cuento mencionas que las cosas te definen, los libros te ayudan a tomar decisiones…
Cuando te mudas qué de ti cambia y qué de ti no cambia. Qué de ti permanece a pesar de la mudanza. Pienso que en una mudanza y en general en los viajes mucho de la identidad, que todas son ficticias, la construimos con cosas como la ropa, objetos que traes contigo. Siempre que te mudas tiras cosas. Empecé el cuento cuando ella llega al nuevo departamento, pero también hay otro momento fuerte en que ella piensa ‘esto no lo voy a querer o peor aún para que he guardado esto tantos años’. La mudanza es muy interesante porque salen cosas que ya se tenían en el olvido.
-¿Cómo surgió tu cuento Últimas palabras (ojalá)?
‘Las memorias de Adriano’, de Marguerite Yourcenar, es un libro que estuvo muy de moda en los 80’s y la escritora contó en una entrevista que en una mudanza al abrir una caja encontró el manuscrito de un proyecto que ya había iniciado, lo leyó y no le gustó, pero una frase le fascinó y volvió a escribir el libro y a trabajar la versión definitiva. Hay muchas historias así de manuscritos perdidos y encontrados en las mudanzas. Para mí una parte muy fuerte de las mudanzas es toda la carga de papel que uno trae: cartas, documentos, diarios, y que de pronto digas ¡ay! al encontrar algo y que te hace recordar una etapa de tu vida que se te había olvidado. Esa idea me encantó y la retomé.
-¿Cómo mezclar emociones fuertes que retuercen la garganta y situaciones “sentimentales” que le dan un tono agridulce a tu cuento?
Me parece que hay toda una serie de experiencias, sentimientos que tienen que ver con formas de literatura no muy valoradas: la novela rosa, las novelas sentimentales, los cuentos románticos. Me parece que son cosas que no tienen mucha respetabilidad literaria. Y que, al mismo tiempo, es interesante tratar porque siempre estás en ese filo de caer en la cursilería, en escribir cosas francamente deleznables. ¿Cómo hacer algo literario con ese material? Eso era algo que traté de hacer en este cuento. Es una zona que tiene que ver con las experiencias de mujeres que normalmente se consideran no muy interesantes, no muy importantes, pero me pareció que es un filo muy provocador.
III.
Adriana González Mateos se ha mudado en seis ocasiones y dice que una mudanza es un momento que cambia tu vida, en el que va mucho con rupturas amorosas y nuevos encuentros. Una mudanza es duelo pero es al mismo tiempo volver a empezar.
Cuenta que su mudanza más fuerte y difícil fue vivir en Nueva York. Lo más complicado para Adriana fue el idioma. A pesar de escribir su tesis de doctorado en inglés, se sentía incomunicada con las personas. Seis años vivió Adriana en la Gran Manzana y nunca acabó completamente de sentir que podía hablar inglés.
Le sucedió lo mismo con el español. Hay muchos argentinos, dominicanos, peruanos o puertorriqueños que usan el idioma y lo convierten en un misterio.
Sin embargo, para Adriana fue una mudanza afortunada. En Nueva York conoció a su marido Christopher Winks, con quien realizó una antología bilingüe del poeta barbadiense Kamau Brathwaite, que se llamó Los danzantes del tiempo.
Adriana cursó el doctorado en Literatura Comparada en New York University y le seguía pareciendo una ciudad fascinante, a pesar de que ya la había visitado en los 80’s. Inmediatamente comenzó a preguntarse ¿Cómo le hago para vivir aquí y ser algo más que un turista? Conoció a gente interesante y fue una época muy buena de lectura y aprendizaje.
Dicen que si no tienes la preparación y el carácter fuerte, Nueva York te puede comer de un bocado. Hay una competencia terrible y es muy duro vivir. Pero Adriana se sintió feliz a lado de Chris, quien le enseñó todos los rincones de la ciudad. Gracias a Nueva York empezó a conocer ese tipo de poesía caribeña.
“La mudanza es un momento de estrés, pierdes lo conocido y por eso son importantes las cosas. Cuando dices ya puse mi lámpara, mis libros en el librero, tratas de reproducir lo conocido a través de las cosas. Cuando es un cambio de país es muy fuerte, es una experiencia que te altera en muchos niveles”.
En una jardinera de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, donde da clases de creación literaria, Adriana dice que su abuela sembró la semilla para que ella se dedicara a la escritura. Le leía aventuras como Las mil y Una noches y tenía el gusto de leer todo tipo de libros.
En la secundaria 95 ubicada en Satélite, Adriana escribía en el periódico escolar y le gustó plasmar sus historias en papel. Le emocionaba devorar cuentos y se creó el deseo de escribir algo semejante a sus libros de cabecera.
En el Colegio de Bachilleres continuó creando historias hasta que decidió estudiar literatura en el Tec de Monterrey en Nuevo León, donde conoció a otros escritores incipientes y organizaron talleres literarios para ellos mismos. Fue una de las tantas mudanzas de Adriana. Regresó en 1982 a la Ciudad de México para realizar la maestría en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM.
Adriana dice que en tiempos de la prepa estaba de moda la literatura del “boom latinoamericano”, que era muy interesante y compleja. Recuerda haber leído Rayuela cuando tenía 18 años y le pareció un libro complicadísimo, pero representaba un gran reto para escribir y crear historias originales.
Ahora Julio Cortázar no le gusta. Le parece un escritor cursi y efectista, ya no le interesa releerlo. Mejor prefiere reencontrar a Jorge Luis Borges que tiene una prosa muy profunda y aguda. Normalmente los cuentos del argentino no pueden fallar en los cursos que da a sus alumnos.
Adriana tiene una sonrisa envidiable. Le encantan las películas del movimiento Dogma 95 pero menos las de Lars von Trier. Curiosamente ahora está dando un curso sobre escritores viajeros en México. Acaba de leer una novela de Traven y están en espera textos de los Beats en nuestro país.
IV.
Fin del diálogo de la película Celebrity de Woody Allen:
-Bien, ya te escucho.
-Oye tienes que escucharme… He hecho algo horrible.
-Seguro que es algo muy malo.
-No, escúchame.
-De acuerdo.
-No sé cómo decírtelo, pero… Oye quiero suspender esto.
-¿De qué hablas?
-Pensarás que soy el peor… Hijo de puta retorcido del mundo y lo soy.
Intentaré ser sincero a mi manera estúpida. He conocido a otra, Bonnie.
-¿Qué dices?
-Escucha, he conocido a otra. He conocido a otra, no sé decirlo de otro modo.
-¿Cómo has podido?
-Tienes derecho a odiarme.
-Me instalé aquí ayer mismo.
-Estoy desquiciado, quisiera decirlo de otro modo…
-¡No puedo creer lo que oigo!
-Lo de vivir juntos…
-¡Fue idea tuya!
-Lo sé y puedo explicarlo.
-¿Cuándo conociste a “esa otra”?
-Eso no es importante…
-¡Sí que lo es! ¡He cambiado toda mi vida!
-Ya lo sé y esto me resulta difícil…
-¡Dijiste que me querías!
-Te dije que lo creía y te aseguro que lo deseaba. Eres maravillosa ¿Sabes qué?
-¡Hijo de puta retorcido!
-Es verdad.
-¡Eso va abajo! ¡Fuera de aquí, mierda! Gracias…
-Oye acepto toda la responsabilidad. Soy un imbécil integral.
-¡Sí eres un imbécil integral!
-Pero creía que siendo sincero y confesándolo podrías entender que al menos… No quiero de ningún modo hacerte daño, porque sé como te sientes y créeme, me duele mucho. Pero si aceptamos que estoy mal. Y aunque es difícil, intentemos ser racionales, podremos hacer esto con el perjuicio mínimo. Desde luego puedes dejar aquí tus cosas por un tiempo y…
-¡Psicópata de mierda!
-Bonnie esto es muy difícil y no sé, estoy…
-¡Mierda!
-¿Qué haces con mi novela?
-¡Pero si es mi copia única!
-Eh amigo, ¿Has visto salir a una mujer con un manuscrito?
-He visto salir a una chica
-¿A dónde ha ido?
-¿Una alta? Ha cruzado corriendo…