Ana Lilia Ramírez · 17 de octubre de 2026
Ensenada.- En medio del lodo, las piedras y la fuerza devastadora de la corriente de la crecida en el arroyo por la tormenta Rachel, Leonel de apenas 10 años de edad encontró en las raíces de un árbol la oportunidad de seguir con vida.
La corriente lo arrastró con tal fuerza que le arrancó la ropa. En medio de aquella pesadilla, el niño se aferró al tronco y a las raíces, como si de aquel abrazo dependiera su vida. Y así fue.
Solo, desnudo y expuesto a la fuerza del agua, Leonel resistió hasta que, a punto de desfallecer, un voluntario que participaba en las labores de búsqueda lo encontró cerca del rancho Cárdenas, en la zona rural de Maneadero, en Ensenada. Una familia le proporcionó ropa.
Para los habitantes de la comunidad, que el pequeño sobreviviera a aquella corriente fue un milagro. Pero detrás de su rescate también está la solidaridad de quienes no se quedaron esperando: ciudadanos que se sumaron a los recorridos, buscaron entre el lodo y acompañaron a las autoridades en la esperanza de encontrar a quienes habían sido arrastrados por el arroyo. “Fue un milagro que lo encontraran vivo”, relató un residente de Maneadero.
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La imagen de Leonel, que vieron los rescatistas, aferrándose a las raíces de un árbol resume la lucha de un niño por sobrevivir a una de las tragedias que dejó el paso de la tormenta Rachel por Ensenada y que hasta el momento ha dejado nueve personas muertas.
Su refugio fue aquel árbol al que se abrazó para resistir mientras el agua y el lodo seguían su curso.
El general Laureano Carrillo Rodríguez confirmó que el niño fue localizado con vida y recibió atención inmediata por los pobladores de Maneadero. Después fue llevado con sus familiares, mientras las autoridades continuaban con las diligencias para reconstruir lo ocurrido y mantener la búsqueda de las otras personas desaparecidas.
“El niño fue localizado por un voluntario la mañana del domingo, estaba abrazado al tronco de un árbol, cuando lo encuentran, lo agarran y lo sacan, se lo llevan con familiares y la autoridad no sabía de manera inmediata, porque estaban haciendo relatoría de los hechos para la búsqueda”, precisó el General Carrillo Rodríguez.
“Desde la noche, a las 11 (PM), el río se llevó la casa. La misma agua arrastró a todos, pero el niño alcanzó a sujetarse del tronco de un árbol. Después un voluntario lo rescató. El niño estaba desnudo, lo atendieron y llamaron a la policía. La foto después de su localización es real” dijo Carrillo Rodríguez, al resumir la odisea de Leonel.
El hallazgo de Leonel devolvió la esperanza en medio de la tragedia. Sin embargo, su supervivencia no significó el final de la angustia para su familia: otros de sus integrantes fueron alcanzados por la corriente y la búsqueda continuó para localizar a quienes todavía no habían sido encontrados.
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Aquella noche, cuando Rachel pegó en Baja California, toda una familia intentó ponerse a salvo cuando la crecida del arroyo golpeó su vivienda. Siete miembros del núcleo familiar quedaron involucrados en la emergencia, en un episodio en el que el agua y el lodo terminaron por arrastrarlos.
Entre las víctimas fallecidas están familiares de él; Rosa María, de 48 años, localizada sin vida; mientras que Rosalinda, de 23 años, permanecía desaparecida al momento de la información proporcionada para esta nota.
Fernando, de 17 años, también fue localizado con vida durante las labores de búsqueda.
La historia de Leonel quedó marcada por dos realidades: el milagro de haber sobrevivido y el dolor de una familia golpeada por la fuerza de la naturaleza. Su rescate representa una esperanza, aunque para sus seres queridos la incertidumbre continúa mientras se busca a quienes faltan.
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En Maneadero, la búsqueda no ha sido únicamente una tarea de las autoridades. A las corporaciones estatales, municipales y federales se sumaron decenas de residentes y voluntarios, quienes recorrieron incansablemente la zona para ayudar a localizar a las víctimas.
La participación ciudadana fue reconocida por el general de Brigada del Estado Mayor del Ejército, Daniel Gallegos Acevedo, quien destacó la importancia de la unión entre la comunidad y las Fuerzas Armadas durante la aplicación del Plan DN-III-E.
“Estas acciones donde se une la comunidad nos hacen tomar más fuerza y esa comunión con el pueblo de México, porque venimos de ahí, merecemos los mexicanos tener esa solidaridad cuando suceden ese tipo de fenómenos naturales”, expresó.
Por su parte, Juan Carlos Vera Minjares, comandante de la Segunda Zona Naval, agradeció la colaboración de la población civil y la coordinación con las autoridades estatales y municipales para proteger la vida humana y apoyar las labores de búsqueda.
“Proteger la vida humana, eso nos ha permitido integrarnos como una sola institución del Gobierno de México y contar con la fraternidad y camaradería de nuestros hermanos de armas de las autoridades estatales y municipales y, desde luego, con el valioso apoyo de la población civil”, reconoció.
El rescate de Leonel es también una historia de esa unión: un voluntario que salió a buscar y encontró a un niño con vida, ciudadanos que decidieron ayudar y equipos de emergencia que trabajaron para ponerlo a salvo y continuar la búsqueda de los demás.
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Porque cuando una corriente arrasa con hogares y familias, la solidaridad puede convertirse en una fuerza capaz de abrirse paso entre el lodo y la desesperación.
Leonel se aferró a las raíces de un árbol para sobrevivir. Después, fueron las manos de quienes lo encontraron las que lo devolvieron a un lugar seguro.
En Maneadero, su historia recuerda que, incluso en medio de una tragedia, la unión entre la ciudadanía y quienes arriesgan su vida en las labores de rescate puede hacer la diferencia entre la desesperación y la esperanza.