Rafael Cabrera (@raflescabrera) · 31 de enero de 2014

La voz de Esperanza Reyes se oye cansada al teléfono. Ha pasado todo el día de ayer repitiendo, una y otra vez, la historia del billete falso de cien pesos que la llevó a pasar 34 meses en prisión, includo casi un año en la colonia penal de las Islas Marías. Pero cuando se le pregunta por el defensor de oficio que llevó su caso, su voz se enciende con ese tono de su natal San Luis Potosí: “Sólo una vez lo vi. Nunca me pidió pruebas, no hizo nada. Hizo todo al ‘ay nomás’. No me defendió, esa es la verdad: no me defendió”.
La mujer salió la tarde del pasado miércoles del penal potosino de La Pila, una vez que la Secretaría de Gobernación le dio el beneficio de la preliberación. Se reencontró con su hija e hijo, y el resto de su familia. Mil cincuenta y cinco días pasaron desde que fue a una papelería a comprar una libreta y terminó acusada de circular un billete falsificado. Cuando la apresaron tenía 44 años, ahora se acerca a los 47. Su nueva preocupación es conseguir un trabajo.
—Que Dios les perdone la injusticia que me hicieron —dice parca.
Miguel Martínez Castro es el nombre del abogado defensor que le fue asignado en marzo de 2011, cuando fue consignada al reclusorio.
Esperanza cuenta: “Al defensor de oficio sólo lo vi una vez. Nunca se presentó al penal. Jamás fue a verme ni a notificarme nada. Yo veía que mis compañeras del penal salían a los locutorios, que las llamaban sus licenciados, y pasaban todas menos yo”.
En noviembre del mismo año, un juez le dictó una condena de cinco años de prisión. Poco a poco, dice, se acostumbró a que para ella no había defensa ni derechos.
—Me resigné a que yo no tenía beneficios, a que debía cumplir mis cinco años ahí, no hice más. No me defendió nunca… No se vale que me haya hecho esto.
La libertad de Esperanza se logró por la defensa que asumieron la Barra Mexicana Colegio de Abogados, la cuál lanzó el 13 de enero pasado una colecta de firmas a través de la plataforma www.change.org, a fin de solicitar que el Presidente Enrique Peña Nieto le concediera el indulto. Su caso comenzó a ser revisado por la Subsecretaria de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, Lía Limón, y el Consejero Jurídico de la presidencia, Humberto Castillejos.
Y aunque el indulto no le fue concedido, en su lugar se le dio el beneficio de la libertad anticipada.
El día de la detención
¿Cómo llegó el billete falso a sus manos? Esperanza no tiene idea. Pudo ser el pago por los días en que ayudaba en un restaurante, o su sueldo como trabajadora doméstica. Lo que sí recuerda bien es que una mañana tomó el papel con el rostro del emperador Cuauhtémoc impreso y fue a comprar una libreta que le habían encargado a su hija en la escuela. Era el 11 de marzo de 2011.
“Fui a una papelería cerca de la primaria de mi hija, no la conocía pero quedaba de paso. Me dieron la libreta, pagué con el billete y me dijeron que no tenían ‘feria’ (cambio) y me hicieron esperar. Pasaron cinco, diez minutos y nada…”, cuenta. Esperanza recuerda la escena:
—Sino tiene ‘feria’ le dejo la libreta, llevo prisa…
—No se preocupe, ya vienen con su ‘feria’…
Los minutos siguieron pasando. Se comenzó a desesperar, se asomó a la calle y estaba vacía. De pronto alguien la agarró de un brazo. Era un hombre: “Me dijo que me iban a detener porque estaba pagando con un billete falso. No habían ido a cambiar el billete sino que habían llamado a la policía…”, narra. Al poco rato llegaron patrullas por ella y se la llevaron al Ministerio Público.
Pasaron casi tres años para que volviera a su casa.
