Moisés Castillo · 18 de febrero de 2012

Estaba un pajarote/comiéndose un elote/con piquín y salesita/Llegó altanero zopilote/y díjole con sonorita/dame de tu elote/o te quiebro la patita. Este es uno de los tantos versos refinados que se quedaron en la mente del poeta urbano Avelino Pilongano, personaje emblemático de La Familia Burrón. El único hijo de doña Gamucita Pericocha no ha publicado un libro pero no duda que algún día será famoso y tendrá el dinero que merecen sus palabras exquisitas. Mientras le llega la inspiración, se levanta a medio día y sale a vagar por las calles…
¿Cuántos poetas y escritores sufren con la hoja en blanco? ¿El poema no se puede forzar? “Que trabajen los motores”, diría Avelino Pilongano, pero José Ignacio Solórzano “Jis” es más justo con los poetas incomprendidos en su libro Verbos para comenzar (Sexto Piso 2011): “la cosa no es tan fácil”.
Y vaya que no es tan sencillo escribir un poema o una novela. Hasta la familia del poeta bloqueado sufre y casi le da un infarto cuando escucha al hombre de las letras decir: “sigo sin encontrar tema”. El monero Jis retrata con humor agrio-cortante los absurdos cotidianos de escritores que le echan la culpa a la TV o a Dios por no dejarlos escribir aunque sea un haiku (poema breve).
La mayoría de las ilustraciones aparecieron en Milenio Diario, otras cuantas en Letras Libres, La Jornada y en la Gaceta Universitaria. Sin duda muchos poetas y escritores se verán reflejados en esos dibujos de psicodelia-rústica, que revelan momentos de bloqueo mental o aspectos ridículos de los literatos, como buscar las palabras exactas debajo de las piedras o en el sabio limonero.
El oriundo de Guadalajara, Jalisco, es un poeta frustrado. Dice que le gustaría ser Octavio Paz pero combinado con Homero Simpson. Sus más de 80 cartones que aparecen en Verbos para comenzar es el primer volumen de una colección de libros temáticos “para abrir boca”. La pura verdad no sabe por qué se tituló así, se lo propusieron los editores y le sonó bien y ya.

El humor de Jis es directo y no se anda con rodeos. Se burla y se carcajea de aquellos poetas malhumorados y snobs que buscan cualquier tipo de justificaciones para no crear nada o no saben qué hacer con ese viejo poema guardado por tantos años, hasta que le piden un consejo a su compadre: “basta de esperar: cómetelo así, entero, y digiérelo: cagarás belleza”.
O si de plano es muy difícil llenar la temible hoja en blanco, ya existe una técnica popularizada por el ex Premio Xavier Villaurrutia, Sealtiel Alatriste, y que seguramente a muchos les ahorrará varios dolores de cabeza: el copy paste.
-¿Por qué te ocupas de los poetas sin talento o de la gente que no lee?
Me ocupa el tema porque siento que en el fondo yo soy un poeta que, por azares del destino, terminé dedicándome a monero. Y entonces de coraje me pongo a intentar ridiculizarlos pero yo sé que son mis hermanos, mis colegas. Además de poeta frustrado, soy amigo de poetas, novelistas, dramaturgos, críticos literarios. A los más simpáticos los invito a mis fiestas.
-De los dibujos recopilados, ¿cuál te gusta más o te trae recuerdos insufribles?
Casi todos los monos que hago tienen alguna relación con algún hecho concreto o brotaron en alguna situación familiar. Ahora recuerdo a mi amigo Paco Navarrete platicándome de las broncas que tiene en su casa para trabajar en sus proyectos literarios, mientras su familia no lo deja concentrarse con el desmadre que se cargan. Y por ahí aparece un cartón con una situación similar, pero ahí me pongo un poco del lado de la familia, quizá nomás para molestar a Paco.
-¿Le va mejor a los moneros que a los poetas en un país que casi nadie lee?
No sé si le vaya mejor a los moneros que a los poetas. El poeta tiene más prestigio, más caché. El monero tiene más vida sexual, pero no sé, no sé…
-¿Un monero se hace con disciplina o le deja todo a la inspiración?
Un monero por más que se haga sigue siendo aquello que siempre fue y que no es más que lo que se acumula a ratos, entre el polvo del efímero paso de las sombras. Perdón, me distrajo una epifanía.
-¿Por qué dices que los poetas son profundamente cómicos?
Pues es que obsérvalos nomás, ahí, retorciéndose como gusanos que quieren ver algo más que la tierra en que se asfixian. (Aquí me salió otra vez ese resentimiento, esa vieja ínfula frustrada)
-¿Cómo es un día de trabajo de Jis? ¿Te tiembla la mano cuando ves la hoja en blanco?
Intento amanecer cantando y atravesar las diferentes capas del ser antes del mediodía, para reunirme con mi familia en la comida y en la tarde volver a alzar el vuelo. La verdad es que mis días son escandalosamente normales, como de oficinista. Soy tremendamente rutinario: despertar, llevar a los niños a la escuela, ir al yoga. Desayuno ligero. Mesa de trabajo. Comida. Mesa de Trabajo. Cena. Televisión. Sueño.
-¿Este es un libro dedicado involuntariamente a Enrique Peña Nieto? ¿Cuáles son los tres libros que marcaron tu vida?
No hablaré de Enrique Peña Nieto, ni de ningún político, ni de nada que tenga que ver con la política. Soy el idiota que no entiende de política y que hasta tiene una especie de fobia por la política. El clásico idiota. ¿Tres libros que me marcaron? Las ciudades invisibles, de Italo Calvino; El Poema de los Lunáticos, de Ermanno Cavazzoni, y cualquiera de Saul Steinberg.
-¿Por qué dedicarte al dibujo? ¿Cuándo te diste cuenta que esta era tu ruta?
Terminé dedicándome a esto porque cuando me di cuenta ya era demasiado tarde como para hacer otra cosa. Yo le canto a este humilde oficio que me atrapó desde el principio.
-¿Cuáles fueron tus influencias para que tengas un tono y estilo definido?
No sé cuáles son mis influencias. Espero estar influenciado por el montón de moneros y artistas que me fascinan. Son muchísimos, pero siempre cito a mis cinco grandes: Crumb, Sempé, B. Kliban, Moebius y Saul Steinberg. Mi estilo es una de influencias y de hallazgos propios. Mi tono o temática es cotidiano-surrealista-zen-conceptual-sabequémodo.