Dulce Ramos (@WikiRamos) · 30 de junio de 2013

[contextly_sidebar id=”76e90f0853246fda498c529e10736b12″]Caminan sobre el asfalto del Paseo de la Reforma convertidos en un trío de pitufos, una guacamaya, un ángel de Victoria’s Secret… Debajo del maquillaje y el vestuario son personas con nombre y apellido que algún día reconocieron su homosexualidad sin saber si tendrían o no el respaldo de su familia. Ayer sábado 29, independiente de sus historias, salieron a marchar orgullosos, junto con otras 80 mil personas.
Saben que en la mayoría de los estados del país no tienen derecho a unirse en matrimonio o a adoptar hijos. Saben también que pueden ser blanco de un odio tan brutal que ha dejado en México 600 muertos en una década. Han tenido incluso lidiar con los que desaprueban sus expresiones de afecto. Este día, en contraste, todos quieren estar cerca de ellos. A cada paso les piden una fotografía y responden -al ritmo de la música dance-, con una infinidad de poses. Son algunos de los participantes de la trigésimo quinta marcha del orgullo gay del Distrito Federal que cautivaron con su vestuario a los asistentes.
¿Quiénes son estos jóvenes y no tan jóvenes que tomaron la principal avenida del DF? ¿Por qué transformarse en pavorreal o vestirse de novia? ¿Qué significa para ellos ser parte de esa marcha? Animal Político lo cuenta.
“A los 18 años mi mamá me cachó con mi novio”.
Ramón Adán, 45 años.

Ramón es una de las guacamayas que ve de cuando en cuando en Poza Rica, su lugar de origen. Aunque cada vez las ve menos porque son una especie amenazada. El peligro que vive el ave en Veracruz y la homofobia que ha enfrentado le parecieron inspiración suficiente para hacer él mismo el traje con el que marcha, cuyas alas se echan para adelante y le enmarcan el rostro, o se echan para atrás y alargan su espalda.
Ramón se dedica a la medicina alternativa. Desde hace cuatro años, cuando llega el verano, deja el negocio por un fin de semana y visita el DF para participar en la Marcha del Orgullo Lésbico Gay, pero fue hace casi 30 años cuando enteró a su familia de que es homosexual. “Tenía 18 años y mi mamá me cachó besándome con mi novio. Se ‘atacó’. Me hizo muchas preguntas”. Ramón intenta imitar el tono displicente con el que su madre le dijo: “Es tu vida. Cuídate”, y se pregunta si a las personas heterosexuales les hacen la misma recomendación.
“Mi mamá me abrazó cuando le dije que soy gay”.
Eruk Torres, 26 años.

A Eruk le gustan dos cosas: el color azul y las plumas. El pavorreal cumple con ambos requisitos y además, tiene elegancia. Por todo ello, este estudiante decidió que iría a la Marcha Lésbico Gay transformado en ave y se mandó a hacer por unos 600 pesos este disfraz.
“Sé que esta marcha antes era más en plan de combate. Se reclamaban nuestros derechos”, sentencia el joven, que domina con garbo sus tacones azul rey. “Entre la comunidad homosexual falta unión. Hay incluso quienes dejaron de participar en la marcha porque se hizo un carnaval y hoy se viene a posar y eso no les gusta. Yo digo: ¿Qué tiene de malo? Hay que sentirse apoyado”.
Eruk cree que de quien más respaldo ha recibido es de su madre. “Me abrazó cuando le dije que era gay. Desde ahí, nuestra relación ha mejorado muchísimo”.
“En la marcha, como en toda la comunidad gay, falta organización”
Óscar Domínguez, 30 años.

Óscar, Ismael y un amigo más decidieron ir a la marcha disfrazados de pitufos. Del torso para arriba iban maquillados de azul, pintaron del mismo color unas narices de payaso y se pusieron mallas. Cada uno aportó 500 pesos y en una semana resolvieron los atuendos.
En pocos minutos sale a la vista que, cada pitufo va un poco con su personalidad. Ismael, Pitufo Vanidoso, abre sus ojos verdes para cada foto y no repite una sola pose. Pitufo Filósofo es tan tímido que ni siquiera dice su nombre. Se nota que los lentes de pasta verdaderamente subsanan una miopía y no los usa sólo como accesorio. Óscar Dominguez es quien, de los tres, toma el liderazgo. Siempre está en medio. Es Papá Pitufo y habla resuelto.
“En el Distrito Federal se han reconocido ya nuestros derechos, pero falta que sea igual en todo el país. En la comunidad gay falta organización para hacer ese reclamo. Que los gobiernos de los estados nos reconozcan por igual”.
“Nunca encontré trabajo como contador porque sabían que también era travesti”
Javier, 34 años.

“Hice este traje a la carrera y con lo que tenía”, dice Javier, travesti desde los 22 años. Desde hace cuatro años, cada verano se prepara para dejar Veracruz y viajar al DF a marchar con sus compañeros de trabajo, pero este año sentía que le faltaba algo a su vestuario. Prácticamente de la noche a la mañana se inventó un sombrero con una boa de plumas y le puso cuentas brillantes a su top.
Para Javier, el mayor obstáculo que enfrenta la comunidad homosexual es la discriminación. Él es contador público. Cuando sus empleadores se enteraban que, como trabajo adicional, se dedicaba a ofrecer espectáculos travesti, se acababa el contrato. Nunca encontró un empleo fijo para dedicarse a lo que estudió.
“Necesita haber más comunicación para que cosas como esa no pasen todos los días”.
“En casa me dijeron que era un enfermo. Me llevaron con un brujo”.
Julio César, 29 años.

Julio César es una especie de Lady Gaga. Las formas exageradas del cuerpo de mujer y el moño saltón que le corona la cabeza dan una idea de que representa a la cantante. Sin embargo, que realmente sorprende es el material con que está hecho su vestuario. Son centenares de las piezas de aluminio con que se abren las latas de refresco y van atadas una a una con cintas de colores brillantes.
Julio César dice que año con año se usa el mismo material para representar a distintos personajes. El autor de todo el diseño es un amigo que tiene al lado y rechaza dar su nombre. Los ojos del joven están bordeados por enormes pestañas metálicas de color rosa pastel. La boca delineada, las mejillas coloreadas. Hoy está contento de marchar. Lo hace muy cerca del carro alegórico que lleva a los ‘osos’. Hombres embarnecidos, orgullosos del vello en su cuerpo y casi todos con barriguitas.
La alegría de Julio, desempleado desde hace un par de meses, se difumina un poco cuando recuerda cómo fue el día en que a los 12 años de edad ‘salió del clóset’. “Mi familia hizo un escándalo. Me dijeron que eso era una enfermedad y que no es natural. Me llevaron con psicólogos y hasta con un brujo. No lo pudieron aceptar”. Hoy Julio César apenas mantiene contacto con sus padres.
“El cierre de antros afecta a todas las familias”.
‘Pereza’, 27 años.

Pereza, drag queen, está preocupada por los cambios que ha sufrido la vida nocturna del DF en los últimos meses. Primero, con el asesinato de un par de jóvenes que horas antes se divirtieron en el bar donde ella trabaja y que es uno de los más famosos de la escena gay capitalina: el Living. Después, con las noticias de desapariciones de jóvenes en antros. Primero los del Heaven, luego los del Virtual. Con eso basta para que la noche no sea lo mismo. Todo ha derivado en clausuras de centros nocturnos, en veladas con un dejo de preocupación que empaña la diversión.
“Por eso hoy venimos a protestar. Habitualmente el Living participa con un camión y mucha fiesta. Pero hoy venimos a pie”. El contingente, formado por clientes y empleados va sin música.
“Están clausurando antros y con ello dejan a familias afectadas. No importa si son gays o no. Están dejando a personas sin empleo”.
“Tenemos valores. Nacimos en una familia”.
‘Natalie Spears’, 37 años

Natalie se vistió de novia para celebrar las bodas homosexuales, pero también, como recordatorio del origen de las personas: las familias de todo tipo.
“Las familias están para inculcar valores, respeto. Y ahí se debe enseñar que todas las personas somos iguales. Que ser homosexual no significa ser promiscuo, que cuando un hijo se reconozca homosexual no pase por un momento triste o solitario, sino que encuentre apoyo”, dice Natalie, parte de un colectivo que apoya el deporte y el respeto a la diversidad sexual.
“Representamos mejor nosotros al charro mexicano”.
Adrián, 20 años

Adrián, estudiante, practica la danza folclórica. En su grupo, dice, la mayoría de los chicos son homosexuales.
“Nos hacen burla porque nos dedicamos a bailar, pero la neta es que nadie representa mejor al charro mexicano que nosotros. Con todo y que es un personaje con tintes machistas y eso es algo que nosotros rechazamos, le damos carácter y personalidad”.
Adrián invitó a David, también integrante de la compañía de danza. Tomaron un vestuario de mujer típico de Sinaloa, un traje de charro, y salieron a marchar.
“Hoy la marcha es una mierda”.
Daniel, 27 años.

Si para algunos, la crítica es que la marcha se ha convertido en carnaval y ha perdido su ánimo reivindicativo, para Daniel, estilista, pasa lo contrario.
“Antes traíamos más fiesta, más ambiente. Ahora nadie se divierte. Si en el día a día ya nos restringen, ¿por qué restringirnos a nosotros mismos en la marcha? Está todo muy aburrido. Hoy la marcha es una mierda”, dice casi en el cruce del Paseo de la Reforma e Insurgentes.
Pese a todo, Daniel no tiene mucho tiempo para aburrirse. Por todos lados le piden fotografías porque su vestuario captura la atención. Las alas blancas adornadas con pedrería, que salen de su espalda, están inspiradas en las que la marca de lencería Victoria’s Secret pone a sus modelos cuando suben a una pasarela.