Paris Martínez (@paris_martinez) · 5 de enero de 2012

Cuatro tipos de metales, cuatro clases de plástico, así como cuatro químicos usados como plaguicidas circulan por las venas de las mujeres mexicanas, según el biomonitoreo trinacional realizado por la Comisión para la Cooperación Ambiental de América del Norte (CEC, por sus siglas en inglés), cuyos resultados hizo públicos este organismo oficial a finales del año pasado.
El estudio, denominado “Evaluación de contaminantes orgánicos persistentes y metales seleccionados en la sangre de madres primigenias”, y cuya versión completa en inglés fue presentada en octubre de 2011, empleó muestras sanguíneas de 240 mujeres mexicanas que se encontraban en el tercer trimestre de gestación, y recolectadas en diez entidades de la República, en las cuales se detectó la presencia de cadmio, plomo, níquel y mercurio, además de distintos tipos de bifenilos policlorados (la clase de plástico comúnmente conocida como *PCB), así como los compuestos químicos beta-hexaclorociclohexano, oxhyclordano, dicloro-difenil-dicloroetileno y hexaclorobenzano.
“La exposición humana a contaminantes que prevalecen en el organismo y ciertos metales tóxicos en nuestro ambiente –señala el documento, cuya versión en español no fue difundida, pese al anuncio hecho en ese sentido tanto por el Instituto Nacional de Salud Pública como por la CEC–, es un serio asunto que nos concierne por su potencial para causar efectos nocivos en la salud (…) Y las mujeres embarazadas fueron escogidas como un grupo meta para desarrollar la investigación inicial, debido a que son más susceptibles al ambiente y a los contaminantes ingeribles.”
Esta evaluación fue realizada con el objetivo de captar una radiografía preliminar en los tres países del subcontinente, sobre la presencia en la población de ciertos tóxicos que el organismo no puede expulsar; pero una segunda meta, establece también el documento, es “elevar la capacidad de México para realizar un monitoreo general en la población tal como establece la Convención de Estocolmo en la materia, y sentando así las bases para generar estadísticas compatibles y comparables” con las que ya desarrollan Canadá y Estados Unidos (países en los que las concentraciones tóxicas son también altas, de hasta 70%).
El caso mexicano, sin embargo, es tratado de manera específica, ya que en este país se requiere “incrementar las condiciones para analizar muestras, así como capacitar al personal, en busca de que México planee y dirija un programa nacional de biomonitoreo”, el cual deberá abarcar, se especifica, “una muestra poblacional mucho más grande y representativa de la que fue empleada en el estudio, y similar a la que ya realizó Estados Unidos y que está implementado Canadá”.
Venenos para llevar…
El cadmio, hallado en todas las muestras de mexicanas examinadas, es un elemento químico que no se encuentra en estado libre en la naturaleza, y su absorción en el organismo se da a través de la ingesta de alimentos que lo contienen, así como por la exposición a residuos de la industria metalúrgica, en donde es aprovechado para proteger otros metales de la corrosión, además de que en la industria nuclear es empleado para recubrir reactores.

Este químico se encuentra en altas proporciones en el organismo de fumadores, cuyos pulmones resienten gravemente su presencia, y se acumula en los riñones. Puede propiciar fracturas, infertilidad, daños al sistema nervioso central, al sistema inmunológico e incluso favorecer el surgimiento de tumores.
Otro elemento encontrado en todas las mexicanas evaluadas fue el plomo, metal con un sinnúmero de usos industriales, además de ser detonador estándar para explosivos y un pesticida de uso común, que puede ser absorbido por la piel, inhalado, e ingerido a través de los alimentos y el agua.
A diferencia de otros minerales, el plomo no cumple ninguna función en el metabolismo humano.
En la actualidad, las emisiones industriales de plomo son vigiladas con mayor celo que en el pasado, y el organismo ahora lo acumula tras beber agua de tuberías oxidadas, así como por alimentarse con frutas, vegetales, granos o mariscos que, a su vez, lo absorbieron a causa de la fumigación.
Puede causar anemia, presión alta, abortos, además de que los fetos pueden absorberlo a través de la placenta, causando posterior disminución de las habilidades de aprendizaje en los niños, así como volverlos más agresivos, impulsivos o hipersensibles.
Además, daña el cerebro, el sistema nervioso y los riñones.
El níquel, también hallado en todas las madres mexicanas que se sometieron voluntariamente a la prueba, es otro metal que puede encontrarse en los frutos y verduras de manera natural, aunque en pequeñas cantidades. En cambio, su producción alcanza una escala industrial por su utilidad en la generación de acero, además de que es ingrediente habitual de los detergentes domésticos.
El níquel contamina suelos, saturando los cultivos que, al ser consumidos por el humano, propician cáncer de pulmón, nariz, laringe y próstata, embolia de pulmón, asma, alteraciones cardiacas y defectos de nacimiento.
De los cuatro metales identificados en el organismo de las mexicanas que participaron en el estudio, el mercurio fue el único que no alcanzó una presencia de 100%, aunque se quedó cerca, ya que fue detectado en 97% de las muestras.
Este metal es también usado en la industria metalúrgica, en plaguicidas en aerosol, herramientas eléctricas e incluso en empastes dentales. Puede ser inhalado, absorbido por la piel e ingerido y, al alcanzar altas concentraciones, daña el sistema nervioso, el cerebro, el ADN, además de que provoca daños de nacimiento como el síndrome de Down y abortos.
Específicamente, el mercurio puede disminuir la habilidad de aprendizaje, alterar la personalidad, provocar temblores, afectar la visión y el oído, dañar la coordinación muscular y generar pérdida de la memoria.
Por otro lado, los plásticos conocidos como PCB (generados tras la mezcla de más de 200 químicos distintos) son empleados en refrigeración, lubricantes, lámpara fluorescentes, y tuberías, y pueden ingresar al organismo a través de la inhalación de partículas microscópicas, al ingerirlo e, incluso, por contacto físico.
Los cuatro tipos de PCB hallados en 93% de las mexicanas, pueden favorecer el surgimiento de cáncer, daño hepático, debilidad del sistema inmunológico y defectos de nacimiento.
En tanto que los pesticidas (hallados en entre 89 y 100% de las examinadas, según la variedad examinada), propician daño hepático, renal, hormonal, anemia y afectación al sistema nervioso, además de que tienen efectos cancerígenos.
*El Policloruro de bifenilo (PCB) está considerado según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente como uno de los doce contaminantes más nocivos fabricados por el ser humano.