Veronica Smink de BBC Mundo (@bbcmundo) · 19 de julio de 2015

[contextly_sidebar id=”jmxqVYVeuDshhrPjS6pYePGhWtxXl90W”]Mucho se ha escrito sobre cómo las juntas militares que gobernaron Argentina entre 1976 y 1983 persiguieron y censuraron a intelectuales y artistas.
Lo que es menos conocido es que las prohibiciones del gobierno de facto llegaron incluso al mundo de la literatura infantil.
Libros clásicos como “El Principito” fueron censurados por temor a que “adoctrinaran” a los niños.
Eso es lo que revela “Libros que muerden“, una muestra itinerante que se exhibe hasta agosto en el Museo de Ciencias Naturales de la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.
La exhibición es organizada por el Grupo La Grieta, formado por expertos en lenguaje e investigadores que en 2006, al cumplirse 30 años del último golpe militar, comenzaron a construir un archivo de material censurado.
La escritora y docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) Gabriela Pesclevi, quien publicó un libro sobre este tema, fue la curadora de la muestra.
Pesclevi dio a BBC Mundo algunos ejemplos de libros censurados y explicó por qué los militares los encontraron “peligrosos”.
Cuenta la historia poética de un piloto que se pierde en el desierto del Sahara luego de que su avión sufre una avería y allí conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta, que le cuenta cómo llegó a la Tierra. Contiene muchas observaciones filosóficas sobre la existencia, la naturaleza humana, la amistad, el amor y sobre cómo los adultos ven el mundo.
Además, resalta que “cuando el Principito se refiere a la libertad, lo hace a su favor y con un ejemplo en el que participa un dictador. Es decir, que cualquiera podría haber asociado al dictador turco con los dictadores argentinos”.
Según Gabriela Pesclevi, otra posible razón de su prohibición pudo haber sido que fue encontrado en muchas de las casas allanadas por los militares, debido a que fue un libro muy popular en la década del 60 y principios del 70, por lo que los militares pudieron haberlo asociado con los supuestos “subversivos”.
Los animales denuncian el mundo de los cazadores, la petulancia y todas las formas de la ambición humana, incluyendo la esclavitud. Fue editado en Buenos Aires en 1974 por Ediciones Librerías Fausto.
Según Pesclevi, los animales de “Cuentos para chicos traviesos” desafían el orden y transgreden normas impuestas de la sociedad, lo cual era considerado subversivo.
Los derechos para imprimir el libro fueron adquiridos en 1973 en la feria de Frankfurt por el editor Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de la Flor, que tenía varias colecciones infantiles y también publicó la historieta Mafalda, de Quino.
Divinsky y su pareja Ana María “Kuki” Miller fueron detenidos por el gobierno militar en 1977, y tras permanecer varios meses en cárcel se exiliaron en Venezuela, desde donde siguieron editando libros. Ediciones de la Flor siguió funcionando bajo el mando de Elisa Miller, madre de Ana María, hasta el regreso de la pareja en 1982.
“(Tiene) finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatorio a la tarea de captación ideológica propia del accionar subversivo”, reza el decreto.
Para Pesclevi, “Cinco Dedos” está atravesado por la idea de “La unión hace la fuerza”, un concepto considerado muy peligroso por los militares.
Los militares ordenaron a Argentina Televisora Color levantar el ciclo luego de que el Episcopado se quejó de que el programa había puesto en tela de juicio el concepto de la creación divina como origen del mundo. También molestó un capítulo que denunciaba la contaminación ambiental.
En tanto, la historieta gráfica sufrió una curiosa forma de censura: los militares hicieron colocar calcomanías de un grupo musical popular en esa época (la banda española Los Parchís), sobre una página de uno de los tomos que contenía una referencia a la Iglesia considerada ofensiva.
El texto cubierto describe de los sacerdotes como “borrachines” y denuncia a “esa gente vestida de terciopelo que tiene los vinos y los buenos panes”. También se refiere a “esas criaturas de Satán que escogen el estado eclesiástico”.
La canción era popular desde que apareció en el álbum “Doña Disparate y Bambuco”, en 1962, cuya estrella era Manuelita la tortuga.
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Pesclevi cree que el gobierno de facto pudo haber objetado el lenguaje coloquial de la canción, que les pudo haber parecido “impropio”. “Además la historia versa sobre una naranja excéntrica, que a pesar de los intentos de domesticación hace lo que quiere”, resalta la experta.
Otros temas de María Elena Walsh que fueron censurados fueron “La cigarra” y “Gilito de Barrio Norte”. La artista dejó de cantar en público en 1978 por la presión que recibía de los militares y varios de sus temas se convirtieron en símbolo de la lucha por la democracia.