En Veracruz, la presencia de los muertos y el discurso de AMLO

Paris Martínez (@Paris_Martinez) · 19 de septiembre de 2011

En Veracruz, la presencia de los muertos y el discurso de AMLO
Cientos de personas llegaron hasta el centro de Xalapa para apoyar la Caravana por la Paz.//FOTO: Lucía Vergara

Primero, lucen como una centena y, un parpadeo después, como un millar… y al siguiente dos… y luego tres millares de personas que copan la avenida 20 de Noviembre, en Xalapa, Veracruz, ciudad que retira del cielo sus nubarrones para dar paso a una noche clara, que ilumina en su andar a la más grande concentración ciudadana de la decena que, en su recorrido por el sur de México, han sido convocadas por la Caravana de Paz.

Aquí viene la maestra Esther, cuya hija, Irene, fue asesinada el año pasado de seis balazos “que le provocaron 26 orificios en su cuerpo”, y camina al lado de Magdalena, mamá de Fouad Hakim, el entrenador infantil de futbol americano, esposo de Irene, quien, luego de ver cómo asesinaban a su pareja, recibía un tiro en la pierna, para luego ser secuestrado, torturado y abandonado en un río, donde se desangró sin que nadie pudiera brindarle auxilio.

Y avanza también Abraham, el padre de Emilia, la pequeña que en 2009 murió, junto con otros 49 niños, en el incendio de la Guardería ABC, y quien pide llevar la movilización de víctimas hacia Sonora y la península de Baja California. Y Melchor, papá del Vaquero Galáctico, el artista callejero desaparecido por policías de Nuevo León, quien afirma que el beso que recibió en la mejilla, al conocer a Javier Sicilia en mayo, “fue como el beso del padre que ya no tengo, aunque la prensa se encargara de convertir esos besos en algo malo“. Y Bárbara, la mujer que desde hace tres meses busca sin descanso a su hija Gabriela; y Anita Vera, la anciana de 71 años que exige la inmediata liberación de su hijo Gilberto, el joven al que el gobernador veracruzano Javier Duarte mantiene en la cárcel por compartir, a través de redes sociales, igual que Maruchi, la presunción ciudadana de que el crimen organizado atacarían centros escolares y que les valió enfrentar cargos por terrorismo.

Ernestina Ascencio anda junto con ellos, aún cuando esta anciana hace ya cinco años que murió a causa de la violación tumultuaria de la que fue víctima a manos de militares en la sierra de Zongolica y Samuel Ruiz, cuyas palabras resuenan en la plaza Lerdo, frente al despacho del sucesor de Fidel Herrera, en voz de Soledad, la madre de Paris, el pintor del Estado de México que murió sin que las autoridades proporcionaran una versión creíble de lo sucedido.

Todos están aquí, los estudiantes de la Universidad Veracruzana y el Colectivo por la Paz Región Xalapa, y los trabajadores agrícolas y fabriles del Consejo Obrero, Popular y Campesino, y artistas locales y otros de renombre nacional, como Daniel Giménez Cacho o el otro poeta que viene tras la Caravana, Jorge González de León, todos congregados en torno a los 600 ciudadanos que han dado la vuelta al sur de la República, cobijándolos como un gran cinturón de seguridad, que el líder de la movilización agradece enternecido, “sobre todo después de las cosas desagradables que nos acompañan desde que entramos a Veracruz (la amenaza de emboscada en su contra, el abandono de los cuerpos policiacos que resguardaban su camino, la toma de fotografías a líderes y víctimas que lo acompañan), ustedes ahorita son la seguridad, si nos dejan solos, si no nos mantenemos unidos y expresando que somos muchos sucederán cosas muy desagradables…”

La familia de Joaquín Vásquez pide justicia para su padre.//FOTO: Lucía Vergara

El ejemplo

Janeth Figueroa es una mujer joven, delgada, que mira al público con los ojos cristalizados por las lágrimas. Su padre, Joaquín, y dos compañeros de trabajo, el pasado 17 de julio fueron “ejecutados extraoficialmente” y presentados luego como sicarios abatidos por las fuerzas del orden. “Tres personas dedicadas al trabajo, a su familia, a su hogar, tres personas que nunca hicieron daño a nadie”, y por cuyo reclamo de justicia, asegura, sólo dos cosas han obtenido de las autoridades estatales: amenazas e “intentos de comprarnos para que no digamos que mi padre no era un sicario, que Joaquín Figueroa Vásquez era una persona dedicada a su trabajo y no un delincuente…”

En su memoria, y la de sus dos compañeros del trabajo, afirma, “mi familia le va a dar una lección de dignidad al gobierno, al que venimos a decirle: ¡No tenemos precio! ¡Queremos justicia, y no el dinero que nos han ofrecido para que no digamos que fueron bajados de su camioneta al salir de trabajar, torturados y luego asesinados con un tiro en la cabeza!”

La plaza guarda silencio y sólo un sollozo de rabia es compartido por las tres mil personas que escuchan atentas hasta que, de entre la masa, un grito sobresale: “¡Janeth, eres un ejemplo!”, y esto levanta una ovación que la joven agradece, retirando las lágrimas de su mirada endurecida.

Los llamados "medios libres" que acompañan la caravana fueron intimidados en dos puntos de Veracruz.//FOTO: Lucía Vergara

Encañonados

Aunque el camino de la Caravana, entre Coatzacoalcos y Xalapa, intentó realizarse en convoy compacto, extremando medidas de seguridad tras la alerta de emboscada que un día antes obligó a la escolta de Sicilia a guarecerlo, fusiles en mano, a la orilla de la carretera que transitaban, ayer el grupo de autobuses dejó atrás a su más representativo vehículo, el Chebús, el camión Blue Bird en el que viajan los autodenominados “medios libres”, cuyos tripulantes fueron primero amedrentados por dos vehículos de la Marina que los encajonaron por varios minutos, armas en mano (la camioneta con registro 600162, con tres marinos a bordo, y el camión 600118, con otros diez).

Luego, estando ya separado por algunos kilómetros de la Caravana, el conductor del Chebús fue encañonado por un policía en la caseta de peaje de La Antigua, antes de llegar a la capital del estado, cuando se negaron a hacer alto total, en el intento de alcanzar al resto de los autobuses.

Déja vu

En su turno al micrófono, Javier Sicilia, principal orquestador de las movilizaciones ciudadanas iniciadas en abril contra la violencia que se cierne sobre el país, exigió la liberación de Gilberto y Maruchi, los internautas que desde agosto permanecen presos por terrorismo, tras intentar divulgar el temor de ataques a centros escolares a través de redes sociales, ya que “las amenazas a la democracia se combaten con más democracia, no con represión, y estos ciudadanos no merecen lo que se les está haciendo.”

Un mensaje de apoyo para los tuiteros detenidos en Veracruz y acusados de terrorismo.//FOTO: Lucía Vergara

Esto despertó una enorme ovación y el grito a coro de “¡Libertad!”, que se repitió una y otra vez por los miles de veracruzanos reunidos por casi un minuto.

“Al gobernador Javier Duarte -dijo el poeta elevando la voz- en nombre de la proporción democrática, la liberación de estos twitteros, Duarte no puede amenazar de esa manera las libertades“.

Fue entonces que en su boca se escuchó una frase ya escuchada antes, repetida cien veces en templetes de todo el país, reproducida en pancartas y volantes, pero no del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, sino del Movimiento de Regeneración Nacional, que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

“La única manera de detener esto es unidos y exigiendo al gobierno, desde una conciencia profundamente ciudadana, que cumpla con el mandato que tomaron cuando se les eligió: cuidar la seguridad ciudadana, no a la impunidad ni al crimen desorganizado. Es el tiempo de la ciudadanía -clamó Sicilia- sólo los ciudadanos juntos podemos salvar al Estado… ¡sólo el pueblo puede salvar al pueblo!”

Pero no fue ésta la única reminiscencia al discurso lopezobradorista. A punto de finalizar el encuentro en la plaza principal de Xalapa, Julián Lebarón, cuya participación fue pedida a gritos por la concurrencia, pidió a los asistentes ser “agentes del cambio“, tal como los integrantes del Morena gustan de calificarse.