Los dibujos mínimos de Axel Velázquez

Moisés Castillo · 26 de noviembre de 2011

Los dibujos mínimos de Axel Velázquez

El pintor Pablo Picasso decía que el arte no es la verdad. Es una mentira que nos hace ver la verdad, al menos aquella que nos es dado comprender. Y los dibujos de Axel Velázquez reflejan un estado mental de astucia total. Sus imágenes no esconden nada, ni tienen un conocimiento oculto: oscuras estrellas danzantes marcan los puntos de un secreto itinerario que conocen.

Axel está interesado en lo simbólico, en una modalidad que ha llamado “dibujo de síntesis”: reduce sus imágenes al mínimo de componentes, trazos lineales en blanco y negro. Abandona el color voluntariamente porque puede ser demasiado ornamental y distrae la intención central de la idea.

Dice que rara vez alguien toma la decisión deliberada de ser artista. Desde joven encontró una forma de expresar sus intereses en el mundo del arte, ya sea como gestor, organizador de exposiciones o curador. Estudió en el Centro de Extensión Taxco de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y, posteriormente, llegó a la ciudad de México para continuar su aprendizaje en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Su práctica artística se inclinó hacia temas como la divinidad, la memoria, la magia y la alquimia.

“Ese tipo de conocimiento se fundamenta en el uso de imágenes para lograr efectos casi instantáneos y son muy profusos en cuanto a la producción de símbolos. Me interesan esos temas en donde la imagen es el lenguaje único”.

En los recientes dibujos de Axel se pueden observar hombres-árbol, personas que desembocan en ninguna parte, una nube divina conduce a otra nube divina, problemas místicos como no poder entrar al cielo o algunos encapuchados del Ku Kux Klan navegando en un mar sin fin: laberinto de la muerte.

Los trazos de Axel son sutilmente turbulentos como la cresta de una ola inmóvil, congelada en pleno viento. Nada da más miedo que la mano de Dios y su calma engañosa. Aquí abajo se quedan nuestros pies obedientes, dormidos, esperando la ruta divina que recorre todos los caminos. El cielo con su verdad, el hombre con su realidad.

A sus 31 años, Axel dice que en el campo del arte mexicano contemporáneo existe una especie de inmediatez entre los jóvenes artistas, que miden su modelo de éxito en viajes, becas y fama. Sin embargo, carecen en muchos casos, de un discurso visual que sólo se obtiene con la creación de obra.

“Factores como el dinero, el mercado y la publicidad, tienen al arte contemporáneo en una especie de tambaleo. El mercado logró imponer sus criterios y mucha gente piensa que en el arte hay dinero fácil o una carrera que no demanda demasiada intelectualidad. Es una serie de falacias como el boom de que todos son artistas. Esto satura y el resultado contamina al público”.

Neter y Magritte

En febrero de este año un grupo de amigos egresados de La Esmeralda formaron un anti-colectivo llamado Neter, que en el Egipto antiguo significaba “espíritu divino” o “Dios”. El nombre se escogió porque la decena de artistas que trabajan en una casona vieja de San Pedro de los Pinos, tienen en común ciertos temas con un sentido religioso o divino.

Desde hace 8 años se sembró Neter como una necesidad de abordar ciertos temas descuidados u olvidados en el campo del arte mexicano contemporáneo, como la relación del hombre con la naturaleza, que están eclipsados por el arte conceptual, urbano y político.

Su fundador, Axel Velázquez, convocó a sus amigos para trabajar en el inmueble prestado y, junto con Marcela Chao, coordina el proyecto que busca promover el trabajo de Ramiro Chaves, Jimena Schlaepfer, Marcos Castro, Greta Gamboa, Alejandro García, Cynthia Yee, Alex Bolio, Mariana Magdaleno, Carlos Olvera y Christian Castañeda.

“Es un grupo de 10 artistas que no funciona como colectivo, porque no hacemos obra en conjunto. Más bien nos agrupamos en esta casa para tener los estudios en el mismo lugar con la intención de que las personas visiten el espacio, lo vean y se empiecen a dar conexiones obvias de artistas y temas. Neter es un segmento representativo de la generación a la que pertenecemos, sin descartar que otros artistas se sumen y complementen el proyecto”.

-¿Hacia dónde va Neter?

La estadía en esta casa es muy precaria. Puede que mañana ya desocupemos el lugar y se acabará el espacio físico. La sustancia de Neter está muy trabajada, aquí está creando gente que ya tiene una década puliendo su discurso y definiéndolo. El proyecto habla por sí solo cuando la gente lo conoce y se va dando cuenta de estas conexiones artísticas.

 

-Digamos que le apuestan a la autogestión…

No es un espacio revolucionario, ni marginal. Al contrario, sin prejuicios tratamos de entrar al mercado pero la manera ideal de lograrlo no es viable. Hay que hacer todo un rodeo para poder llegar ahí. Neter opera de una forma independiente y precaria, pero no quiere decir que los chicos no vendan su obra en una galería o no expongan su obra en museos. Quiero pensar en este espacio como un lugar de libertad, donde podemos dejar atrás la presión y hacer lo que queramos sin tener que pensar que se tiene que vender o que la obra tiene que gustarle al curador. Lo valioso es que no hay limitantes para trabajar.

-En este contexto violento y de crisis social, ¿Qué es ser un artista?

Cuando alguien me pregunta a qué me dedico y contesto ‘soy artista’, de inmediato me dicen ‘en qué programa de televisión sales’ o ‘qué canciones cantas’. Y no se imaginan que existe un ámbito de las artes. Lamentablemente mucha gente piensa que es muy fácil ser artista y no ven todo la carga educativa, intelectual y conceptual que hay detrás. Yo no creo que en la escuela se aprenda a hacer arte, pero la escuela te da las pautas necesarias para visualizar ciertos códigos. Sí hay una especie de desazón, tanto del arte como lo que hace el artista y la función del arte. Tiene que ver con esta tendencia social y política que se le exigen cosas al arte, como soluciones a cosas oficiales. El arte tiene la misión de explorar ciertos aspectos de la mente, de la vida humana o de cómo percibimos la religión u otros temas. Esa disparidad entre lo que el arte es y lo que se le pide provoca que la gente piense que es algo inútil.

-¿La política cultural perdió fuerza y rumbo en los últimos años?

Es muy claro que la postura oficial respecto a la cultura es desdeñosa porque el argumento es que no es útil, no es productivo, no sirve para nada. En el arte se quieren abarcar demasiadas cosas y se genera una especie de mal entendido generalizado. Esto hace que la gente llegue al arte y muy poca se quede interesada en los proyectos. Lo percibo como algo caótico y eso se visualiza. En el medio sí hay una serie de políticas internas por las que hay que luchar, pero ese es el juego del mundo del arte y hay que saberlo jugar.

-En tu caso, ¿A qué problemáticas te enfrentas?

Hay muchas. Por ejemplo, una monopolización de la estética, hay una generación que hizo carrera en los 90s que sigue estando vigente y pareciera que es lo único que existe o lo más novedoso que hay en el arte mexicano. Por otra parte, el mercado que me debería de dar de comer como profesional del arte es muy corrupto. Hay veces que mejor se opta por no involucrarse para no tener que ver con esos juegos deshonestos. El medio intelectual y la academia está anquilosado. Hay discusión pero no hay pasos críticos, prácticos, materialización de planes.

Axel habla sin prisa, aunque su rostro refleja que tiene miles de pendientes. En la planta baja de la casona vieja entra un fuerte viento frío, que congela los huesos. Es una tarde gris y avanza lo obscuro.

Axel dice con una voz ligera que siempre le gustaron los dibujos de Francis Alÿs y, de más joven, le encantaba la forma de pintar y las sensaciones que le provocaban los cuadros de René Magritte. Y es el camino que le gustaría recorrer en este momento que se está esfumando: emociones profundas con el mínimo trazo. Las manos divinas que dibuja Axel, lanzan un mensaje eterno: la verdad no viene ni se va.