“La literatura de mujeres es resistencia”: la apuesta para impulsar una librería feminista

Elidet Soto · 5 de marzo de 2023

“La literatura de mujeres es resistencia”: la apuesta para impulsar una librería feminista

Leer solo a escritoras es una forma de protesta ante lo ya conocido. Tener una librería que solo exhibe y vende  literatura escrita por mujeres es un atrevimiento. Y a eso le apostó Sonia Higuera, maestra en Historia, escritora y propietaria de la librería Señora Dalloway.

“Lo que quiero ofrecer es la obra de escritoras porque es en lo que más confío y con lo que me siento conectada”, sostiene Higuera desde su natal Culiacán, Sinaloa, lugar donde se encuentra su local, justo en el primer cuadro del Centro, entre comida coreana, escuelas y centros comerciales.

Para Sonia, la literatura hecha por escritoras no solo es un negocio, es un estilo de vida y es la forma en que a ella le gustaría que muchas personas se acerquen a la literatura. Es una manera de resistir y una apuesta al feminismo.

“Confío en el trabajo de las mujeres porque también creo que es una apuesta al feminismo, es una manera de hacer resistencia de innumerables cosas. Me choca cuando dicen ‘de qué se quejan si antes estaban peor’, o ‘ahora sí pueden votar’, invisibilizando o anulando la lucha pues donde volteemos vamos a encontrar una grieta, un foco de que todavía no estamos donde quisiéramos encontrarnos, y no en el sentido de superar, sino de ir iguales”, afirma.

Higuera estudió la licenciatura en Filosofía y después una maestría en Historia, pero su primer acercamiento con la literatura fue gracias a su hermana, quien le pedía, a manera de mantra, que le leyera la novela, Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr.

“No teníamos más que ese libro, era lo único que había en la casa y mi hermana me pedía que se lo leyera cuando lavaba porque se aburría, entonces todos los fines de semana yo tenía que leer y leer ese libro”, rememora Sonia.

Después dejó los libros literarios y comenzó con las lecturas de Platón, Socrates y los clásicos; fue hasta que terminó su maestría cuando se dio cuenta de algo: No había vuelto a leer escritoras.

Lo que trajo la pandemia 

La historia de la librería Señora Dalloway  comienza en plena pandemia, cuando Sonia crea Tejiendo Historias, un proyecto en el cual organizaba talleres de ensayo, cuento y novela a través de zoom para poder sacar dinero extra, pues una de las escuelas en las que trabajaba como maestra ya no pudo continuar.

Los talleres incluían la mentoría de escritoras como Liliana Blum, Lola Ancira, Clara Obrigado, María Fernanda Ampuero, Ariana Harwicz, entre otras, y casi siempre había lecturas que los alumnos debían tener para avanzar en los talleres. 

Fue ahí donde Sonia se dio cuenta que en las librerías convencionales no encontraba los títulos que se discutían en las clases, por lo que tuvo que ponerse en contacto con las propias escritoras para poder obtener el material.

“Yo me daba a la tarea de hablar con las escritoras, ellas me daban sus libros y yo los distribuía entre las personas que estaban en los talleres”.

A la par, con las dificultades que estaba atravesando para conseguir los libros, recordó lo que alguna vez dijo la escritora Liliana Pedroza.

“Ella habla de que hagamos un ejercicio en nuestra biblioteca personal, y también al momento de asistir a cualquier librería; y que veamos qué tantos libros de escritoras y escritores hay, entonces la balanza pues no nos favorece, y sí, me daba cuenta de todos esos vacíos, todas esas ausencias, de que en la academia nunca vemos escritoras y aproveché ese momento”, explica Higuera.

Su emprendimiento comenzó de manera digital; compartiendo su catálogo de libros entre amigos y por whatsapp, pero el gran paso ocurrió en uno de los peores momentos de su vida: la muerte de su padre.

“Desafortunadamente fallece mi papá y pues en concreto, con el dinero que nos deja, la parte que a mí me toca, decido invertir para ya poner la librería”.

El resto ha sido una serie de decisiones que Sonia ha sorteado con el paso del tiempo, desde decidir dónde iba a poner la librería, hasta tener que vender uno que otro libro de autores clásicos.

“Sí tengo una mini sección de libros clásicos donde hay autores hombres, pero solo eso, decidí hacerlo porque cuando fui a un bazar a vender mis libros, se vendieron todos, los de hombres y mujeres, ahí me di cuenta que hay que hacer ciertas concesiones”.

Sin embargo, tiene límites, y enfática, Higuera asegura que en su librería jamás habrá algo de Bukowski.

Ir contra corriente

Para Sonia, su atrevimiento no ha sido fácil, pues se enfrenta a las fuertes críticas de las personas que la juzgan por vender libros de escritoras.

“Sí fui muy ingenua porque no tenía idea de lo difícil que iba a ser, llegué a pensar que toda la gente iba a querer comprar libros de escritoras, para mí era obvio, pero la realidad es que hay gente que desde que entra ya viene a juzgar, a criticar o a decir: ¿por qué no tienes escritores?”

Ante los cuestionamientos su respuesta es firme:  “No quiero porque ellos están en todas partes”.

Higuera relata que la lucha más fuerte la ha librado con personajes del mundo editorial o la academia, la mayoría hombres, quienes suelen criticarla por, supuestamente, segregar la literatura de esa manera.

“Incluso uno de ellos alguna vez me dijo que si no tenía algo que no fueran temas de mujeres”, una situación que descolocó a la también escritora.

Sonia toma un momento y ella misma se cuestiona: “A veces me pregunto si la experiencia sería diferente si fuese una librería “normal”.

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Entre el culto a la belleza y la violencia

Sonia también lucha contra una cultura patriarcal que aún se ve como algo “natural” en su estado, pues cree que una de las grandes limitantes por la que la gente no entra tanto a su espacio, es porque lo asocian directamente con el feminismo.

“Les mueve algo y es esa resistencia a darnos ese lugar que ya deberíamos tener y creo que sí es uno de los motivos por los que no se acercan”.

Otro factor de lucha es la cultura del narcocorrido y la violencia que impera en Culiacán.

“Desgraciadamente aquí todavía se vive en esa cultura patriarcal en donde todavía no vamos a la par, aquí hay un mayor culto a la belleza, también a la violencia, los narcocorridos, entonces digamos que son todos estos elementos que se van sumando. Es una cultura contra la que intento posicionar mi espacio”, sostuvo.

Sin embargo, no todo ha sido negativo, pues ha visto que muchos de sus clientes son adolescentes entre los 15 y 17 años que entran a su local para curiosear y casi siempre salen con un libro.

“Muchas veces los veo juntar sus monedas y les digo que se lleven el libro, no ocurre todo el tiempo, pero sí pasa y pues lo más satisfactorio es que regresan”.

El símbolo de la Señora Dalloway 

El nombre de la librería no es casualidad, Sonia decidió nombrar a su proyecto como el personaje principal de la novela de Virginia Wolf, una de sus escritoras favoritas, debido a la simbología que para ella representa.

“Me parece un personaje muy potente porque tiene esa posibilidad, todo gira en torno a ella, sí, es una clase alta, pero yo creo que todas deberíamos de tener esa posibilidad, independientemente del estatus social”.

Sonia afirma que hacen falta muchos referentes en donde las mujeres podamos ser el centro porque todo está plagado de historias los “Ulises” y los “Odiseos”.

“Creo que podemos recontar y narrar las historias, pero partiendo de aquello que nos mueve a nosotras; y dar otra óptica porque “¿me gustas cuando callas?” ya no, ya hay que leer otras historias”.