Redacción Animal Político · 29 de noviembre de 2011
Ricardo Cayuela, ensayista y el jefe de la redacción de la revista Letras Libres, afirmó hoy en entrevista radiofónica en el programa semanal Expediente Animal, transmitido por Reactor 105.7, que los libros de coyuntura, sobre asuntos políticos, vinculados a seguridad y narcotráfico serían una especie de síntesis entre la prensa y la literatura de análisis de largo plazo.
“Si uno piensa en la función de la prensa, que es seguir los asuntos cotidianos, y la de los libros, que es profundizar con mucho mayor distancia y con mayor capacidad de reflexión, estos libros serían una especie de síntesis que irían a caballo, entre la velocidad de los periódicos y la pausa de los libros“, afirmó Cayuela.
Esta cierta moda, en opinión del escritor, “tiene que ver con la agilidad de la industria editorial mexicana que cada vez está más en sintonía con la industria editorial española, por ejemplo, que tiene esta fortaleza de saber tomar temas de coyuntura y convertirlos en libros.”
De esta forma, “este boom de libros de contingencias, de actualidad, de emergencia, por decirlo de una forma, es muy importante porque sí abre perspectivas para entender lo que está pasando“, aunque no significa que “”todos los libros sean buenos, que todos estén bien documentados, que no haya una suerte de oportunismo muchas veces, desde los títulos o tipos de portada. ”
Sin embargo, Ricardo Cayuela concluyó que el boom es bueno, pues “en México han muerto 50 mil personas en una guerra que todavía no sabemos bien ni las causas ni las razones de Estado que llevaron a tomar esta decisión tan equivocada (…) no sabemos quién mata y quién muere” y estos libros están siendo muy importantes. “Pienso en Diego Osorno, pero también pienso en Anabel Hernández, y en tantos otros que están intentando desentrañar las verdaderas razones.”
Sin embargo, el jefe de redacción de Letras Libres afirmó que “esto no quiere decir que el gobierno sea responsable de los muertos, que la inmensa mayoría son producto de los criminales, de los asesinos, pero de la estrategia sí y esta estrategia, como comprueban muchos de estos libros, es más que discutible, por decirlo suavecito.”
Para Cayuela es difícil saber cuáles son los libros buenos y cuáles los menos documentados, pues en sus palabras, “hay que buscar periodistas con solvencia, que uno haya seguido por su trayectoria en medios impresos o audiovisuales, que su nombre garantice que no se prestaría a un simple acto de oportunismo.” En este caso “los prestigios … se han ido construido lentamente y son una buena garantía.”

La volatilidad de los libros no es necesariamente mala, pues “no hay nada más viejo que un periódico del día anterior y, sin embargo, nadie diría que eso nos inhibe de leer periódicos, simplemente los periódicos se renuevan cada día.” Estos libros, por lo tanto, “pueden no perdurar, pero sí ayudan a ilustrar a profundizar sobre el presente.”
Sin embargo, “los buenos libros de periodismo sí perduran, los que tocan las causas profundas, los que desnudan los verdaderos intereses ocultos, desde luego que perduran.” Por ejemplo, Cayuela afirma que “si uno lee una crónica de hace 30 ó 40 años, en alguna guerra perdida, sigue siendo vigente. Lo mismo pasaría con Kapuscinski y Gay Talese.”
Una parte del impacto que puede generar un libro, es la cantidad de lectores que lo leen. Para el ensayista, “hay una relación obvia entre la apuesta de los editores y el público objetivo, desde luego hay fracasos monumentales y éxitos inesperados y todo lo que sucede en medio.”
Para Cayuela, publicar estos libros es en cierto sentido una apuesta de los editores por mantener sus catálogos de otros libros menos públicos, al tiempo que al tener éxito, estos libros subsidian otros proyectos editoriales.
En este sentido, “el oficio del editor no es sólo tener olfato para libros que se vayan a vender bien y vayan a tener impacto, sino también garantizar que la información es verídica, que está bien narrado lo que se quiere decir, que las fuentes están bien confirmadas.”
En relación a esto, para el escritor,“hay libros que parece que nadie lee, es decir, que llegan los manuscritos a la editorial, la editorial lo está esperando porque ya hizo la promoción, no tiene que leerlo porque ya sabe qué se está esperando de él y pasa a unos correctores que lo leen una o dos veces por encima y se publica sin que nadie lo haya leído.”
Ayer, Cayuela presentó el libro El México que nos duele, el cual escribió con Alejandro Rosas y que narra lo que pasa en México, aunque en sus palabras “no es un libro de actualidad política”, sino más bien de “indignación generacional y ciudadana.”
“Alejandro y yo llevamos muchos años y siempre acabamos hablando mal de México en comidas informales, cafecitos en la tarde o borracheras de cantina, y nos preguntamos por qué no sistematizamos estas conversaciones en un libro sobre nuestro país.”
Además, los dos cumplieron 40 años en 2009 y México estaba cumpliendo 200 años por lo que vieron una buena oportunidad de cruzar esa doble reflexión, en la que “cuando uno cumple 40 años piensa qué ha hecho en su vida, dónde está, dónde quiere estar, incita a la reflexión y los 200 años de México también eran una buena excusa.”
“Lo que hago es un recorrido autobiográfico, pero no es una autobiografía convencional, sino una suerte de autobiografía social, mi vida contada en función del país. La conclusión es del signo de la crisis”, afirmó el también editor.
“Yo estaba en el seno de mi madre (…) cuando sucedió el 2 de octubre de 1968, por lo que antes de nacer México ya se había chingado definitivamente. La historia de mi vida es la historia de las crisis. Crisis de todo tipo, políticas, sociales, económicas, incluso emergencias naturales”, recordó.