Leonila Vázquez, ‘La Patrona de Las Patronas’ que ayudó y alimentó a miles de migrantes en Veracruz

Manu Ureste · 15 de abril de 2025

Leonila Vázquez, ‘La Patrona de Las Patronas’ que ayudó y alimentó a miles de migrantes en Veracruz

En los últimos 15 años, a doña Leolina Vázquez los reporteros que la visitaban con frecuencia en las vías del tren en una ranchería de no más de 3 mil habitantes en Amatlán, en la zona centro de Veracruz, le pedían una y otra vez que contara cómo surgió el grupo de ayuda humanitaria a personas migrantes que se hizo muy conocido, y reconocido, como “Las Patronas”

La mujer delgada, morena, y de pelo grisáceo corto, solía responder con una sonrisa afable y paciente que se trataba de una larga historia que merecía ser contada con calma y un café de olla tan típico en la región cafetalera de Córdoba. 

Leonila, que falleció este 13 de abril a los 89 años, comenzó a ser un rostro conocido en la defensa de los migrantes especialmente desde 2009, cuando los primeros medios nacionales e internacionales se fijaron en un grupo de mujeres, liderado por ella, que sin más ayuda que las donaciones que recibían de su comunidad preparaban bolsas con frijoles, arroz, tortilla, agua, y algo de carne –cuando había– para luego, a ras de las vías, lanzarlas a los migrantes indocumentados que viajaban a bordo del viejo carril que, también por esa época, comenzó a hacerse muy célebre en los medios de comunicación con el apodo de La Bestia.  

Sin embargo, Leonila, a la que también conocían como “La Patrona Abuela” y ahora como “La Patrona de Las Patronas”, solía contar con ambas manos hundidas en un barreño repleto de frijoles negros para limpiarlos antes de cocinarlos, que la idea de crear un grupo de ayuda a migrantes surgió mucho antes: un 14 de febrero de 1995, 30 años atrás. Y que surgió, además, de una manera espontánea e inesperada. 

Todo comenzó con bolsas de pan

Ese 14 de febrero de hace tres décadas, explicaba Leonila, mandó a dos de sus hijas a que fueran comprar una bolsita de pan a una de las tienditas de la ranchería donde vivía, cuyo nombre oficial es Guadalupe, aunque popularmente es más conocida como La Patrona –de ahí fue que el grupo adoptó el nombre–. 

Sus hijas, Rosa y Bernarda Romero, venían de regreso a su casa, que está prácticamente a unos pocos pasos de las vías del ferrocarril -al que llaman “el tren de las moscas” porque la gente venía “pegada” a sus hierros-, cuando se percataron que éste venía cargado de personas que hacían malabares para no caerse. 

Lee: La Patrona, la esperanza del migrante (Parte 1)

‘Las Patronas’ son conocidas por lanzar bolsas con comida a las personas migrantes que se transportan en La Bestia. Foto: Manu Ureste


Varias de esas personas, en su mayoría migrantes centroamericanos que buscaban alcanzar suelo de Estados Unidos, como lo siguen haciendo décadas después, aprovecharon que el tren bajó la velocidad en la recta que disecciona por la mitad a la ranchería y descendieron, encontrándose con las mujeres. 

“Tenemos hambre”, les dijeron, y éstas les entregaron las bolsas de pan

“Cuando regresaron las dos a la casa, recuerdo que se me quedaron viendo muy serias”, contó Doña Leonila a este reportero en una visita de Animal Político a La Patrona en 2013, poco antes de que en diciembre de ese año la organización recibiera de manos del entonces presidente Enrique Peña Nieto el Premio Nacional de Derechos Humanos

“Les pregunté que si es que no había pan en la tienda, o qué sucedía, por qué no traían las bolsas que les había pedido. Y ellas me dijeron muy afligidas que el tren venía con mucha gente y que unos migrantes se bajaron y les pidieron un poco de comida. En ese momento yo sólo las abracé muy fuerte –en este punto, tuvo que hacer una pausa para no romper a llorar–. Les dije que estaba bien, que no se preocuparan porque habían actuado correctamente. Y fue así cómo empezó la ayuda a los migrantes en La Patrona”. 

Llamado interior

Después, en 1997, Norma Romero, otra de las hijas de Leónida y hoy lideresa del colectivo, tuvo otra especie de epifanía que la condujo a formar parte del inicialmente improvisado grupo de mujeres que brindan ayuda humanitaria a los migrantes que transitan por la zona. 

Fue una medianoche, en mitad de esa brisa húmeda y fría que baja de los cerros en la zona serrana de Veracruz, cuando una mujer de origen centroamericano llegó hasta la puerta de la casa de Norma y comenzó a tocarla insistentemente pidiendo ayuda para otro migrante que se encontraba moribundo en las omnipresentes vías del tren. 

Eran los años en los que ayudar a una persona sin documentos constituía un delito. Pero Norma arrancó su vieja camioneta y tomó el camino empedrado que la llevó hasta la línea recta del ferrocarril, donde se encontró que el tren estaba detenido y con cientos de personas encaramadas sobre él. 

La persona que acompañaba a Norma, al ver a tanta gente que salió corriendo para rodear la camioneta, se asustó y se marchó dejándola sola. 

“La verdad, yo también sentí mucho miedo en ese momento. Pero cuando vi la manera en que me pedían socorro, fue algo que me tocó mucho. Ver a aquella mujer hincada de rodillas en mi puerta implorando por ese muchacho moribundo, fue algo a lo que no me pude negar”, contó doña Norma. 

A partir de esas imágenes, la de la mujer hincada y la del joven hondureño malherido sobre el acero de los rieles, la veracruzana sintió un llamado en su interior.

“Antes de aquello ya me consideraba una mujer católica y también ayudaba a mi madre a repartir la comida entre los migrantes. Sin embargo, no había sentido bien el llamado hasta que me pasó esta situación aquella noche de 1997. Aquello me hizo perder el miedo ante lo desconocido, y hasta hoy no lo tengo. Ahora siempre me digo que si me tiene que pasar algo ayudando a los migrantes ahí en las vías, es porque Dios así lo ha decidido”. 

Leonila Vázquez al centro junto con otras integrantes del grupo. Foto: Manu Ureste


Doña Norma contaba su particular historia de cómo se adhirió de lleno a Las Patronas, ante la mirada de su madre Leonila, que la observaba de reojo, mientras no cesaba de buscar piedritas entre los frijoles, y de vez en cuando esbozaba una de sus habituales sonrisas afables y bondadosas. 

El único momento en el que a “La Patrona Abuela” le cambiaba el semblante, que se tornaba tenso, serio, como de preocupación, era cuando desde el patio de su casa se sentían las vibraciones lejanas que provocan las miles de toneladas del ferrocarril, y sus hijas y otras mujeres voluntarias comenzaban a gritar nerviosas que ya venía el tren para que todas salieran corriendo a las vías a tomar posiciones, cada una con su canasta de plástico repleta de bolsas con comida y botellas de agua amarradas con cuerdas

“Cuando no puedo darle comida o agua a todos, me quedo con una sensación muy amarga de tristeza”, lamentaba la mujer con la mano oprimiendo el pecho y respirando algo agitada por el esfuerzo y la adrenalina que se desataba cada vez que La Bestia aparecía por el rancho cargada de personas. 

“Hay veces que los maquinistas le bajan tantito la velocidad –explicaba la mujer–, pero casi preferimos que no lo hagan, porque cuando los migrantes se bajan en marcha del tren es un riesgo muy grande para ellos, ya que cuando van corriendo no saben dónde pisan y les puede pasar la llana del tren por encima y amputarlos”. 

Y, en efecto, el grupo creado por Doña Leonila no solo se dedicó, ni se dedica, a lanzar comida en bolsas a los migrantes. En estas tres décadas, también han apoyado a migrantes que han perdido extremidades tras un resbalón o una imprudencia arriba del tren.

También acompañan a las personas migrantes a poner denuncias cuando son víctimas de algún abuso o violación a derechos humanos, o les ofrecen albergue en las instalaciones ecológicas que construyeron en la casa de Doña Leonila con ayuda de una fundación. En esa misma casa, “La Patrona de Las Patronas” fue velada este 14 de abril luego de que falleciera a los 89 años.

Conoce más: La Patrona, la esperanza del migrante (2ª parte)

Antonio Haragán, reportero del diario El Mundo de Córdoba, reportó que numerosas coronas de flores llegaron al albergue donde inició el sueño de preparar bolsas con agua y comida para ayudar a los más necesitados, mientras que un grupo de migrantes, a quienes dedicó buena parte de su vida, la acompañó junto a sus hijas y familiares en el último adiós. 

Tras el fallecimiento de Doña Leonila, en cuyo altar fue colocada una fotografía en blanco y negro donde se encuentra sentada junto a las vías del tren cuando llevaba una carretilla con bolsas de comida, sus hijas dieron a conocer que continuarán con el legado de ayuda a los migrantes que dejó “La Patrona de Las Patronas”.