Majo Siscar @majosiscar · 3 de junio de 2014

[contextly_sidebar id=”412a1dd4ee6e9e4295447d21c93c85b2″]“Yo no hecho nada, no soy un delincuente, ¿qué hago aquí?”, se pregunta un joven hondureño, a quién llamaremos Marlon N., retenido en la estación migratoria de Iztalapa, en el Distrito Federal. La pregunta se repite en los testimonios recopilados por la organización Sin Fronteras, que vela por los derechos de los migrantes y que hoy presenta su informe anual La ruta del encierro. Situación de las personas en detención en estaciones migratorias y estancias provisionales.
86 mil 929 migrantes fueron detenidos el año pasado en México para ser regresados a sus países de origen. 72 mil 856 eran hombres y 14 mil 073 mujeres, de los cuáles, 9 mil 893 eran menores de edad. La gran mayoría son centroamericanos que no tenían intención de quedarse en el país pero tampoco permiso para cruzarlo. Y por tanto pueden ser detenidos en cualquier momento por la Policía Federal o el Instituto Nacional de Migración. Son las únicas dos instituciones que pueden detenerlos, sin embargo Sin Fronteras reporta que en muchos casos es la propia ciudadanía quién los reporta, como a una hondureña que acudió al Ministerio Público a denunciar que le habían robado el bolso y fue trasladada al INM, o el caso de un grupo de guatemaltecas que fueron denunciadas por el dueño del hotel donde se alojaron. Y muchos les extorsionan a condición de no hacerlo. Sin Fronteras reporta que en Hidalgo varios migrantes han denunciado haber pagado 300 pesos a policías municipales bajo amenaza de ser denunciados a migración. También mencionan pagos de mil pesos a policías federales para evitar detenciones y cómo hasta para subir al tren personas identificadas como Zetas les piden 100 dólares en cada tramo que quieran subir.
Marlon N. confiesa que el camino fue muy difícil. “vi mucha delincuencia, las personas que se supone que te cuidan en el camino son las que te hacen más daño, como los policías”. Marlon N, llegó a una estancia provisional al ser liberado por la Procuraduría de sus secuestradores. Allí solo les dieron un colchón en el suelo y no tenían ni siquiera regaderas. Pasó cinco días sin bañarse. Luego los trasladaron a la estación migratoria de Iztapalapa, en el Distrito Federal.
Condiciones indignas y malos tratos
Las estancias provisionales no tienen los recursos necesarios para garantizar condiciones dignas de supervivencias. Diana Martínez, abogada de Sin Fronteras, relata como en Salina Cruz, al sur de Oaxaca –una de las regiones claves de la ruta migratoria– el área de hombres es una habitación sin ventanas y solo pueden tomar el aire en un pasillo de 2×5 metros parcialmente ventilado.
La mayoría de detenciones se dan en los estados fronterizos como Chiapas, donde se reportaron 35 mil 422 migrantes detenidos o Tabasco con 6 mil 922 y Tamaulipas con 3 mil 409. Pero también en Oaxaca o Veracruz hay más detenciones, relacionadas con el mayor flujo de migrantes por esas rutas. La estación migratoria del DF tuvo mil 803 detenciones. Aunque la estación, llamada Las Agujas, cuenta con patios de esparcimiento y televisiones en los diferentes pabellones, Sin Fronteras reporta condiciones de insalubridad, no adaptación de las comidas a las dietas por enfermedad, separación familiar, malos tratos y celdas de castigo con prácticas de tortura. Los migrantes solo tienen derecho a una primera llamada cuando son detenidos pero si después quieren volver a hablar no siempre tienen acceso a teléfonos y cuando los tienen deben tener dinero para comprar las tarjetas. Duermen en colchonetas sucias, no tienen espacios para lavar o colgar la ropa, en la mayoría de casos no les dan suficiente jabón o papel del baño. “Están peor que en los reclusorios” subraya Carolina Carreño, psicóloga de Sin Fronteras.
Además el 13,6% de los entrevistados por Sin Fronteras denunciaron malos tratos. Marlon N. es uno de ellos, quién además denunció la corrupción de los oficiales de migración que los custodian. “Ese lugar es como una cárcel, los agentes migratorios son los que tienen el poder, controlan la venta de cigarros, trafican con comida, si tú quieres comer algo mejor tienes que pagar el doble, manejan la entrada y salida de las drogas, como marihuana. Si alguien necesita dinero a dentro, tú le puedes decir a tu pariente que te mande dinero a esas personas y ellos te la dan a ti, pero obviamente con un costo. Si tú quieres salir rápido, también tiene un costo. O si le caíste mal a un agente incluso te puede golpear o te hace un cateo. Si tú tienes dinero, vales, si no, no sos nadie”, narró ante la cámara de Sin Fronteras.
Muchas de las estaciones, incluida la de Iztapalapa tienen los cuartos de castigo, que se utilizan cuando las personas infringen las Normas para el Funcionamiento de Estaciones Migratorias. “Si alguien se porta mal, o se pelea a golpes, los llevan al cuarto que es “el hoyo” donde están parados y duermen así estando ahí tres días”, relata un testimonio anónimo del informe.
Las penas corporales, el encierro en celdas oscuras, así como las sanciones crueles, inhumanas o degradantes, están terminantemente prohibidas por el derecho internacional. Pero Sin Fronteras ve este maltrato como una “técnica de shock, una tortura psicológica para imponer reglas a los rebeldes. Las precarias condiciones materiales son utilizadas para colocar a las personas detenidas en un estado de desorientación y trauma, con el fin de generar miedo y evitar que vuelvan a migrar, gracias al debilitamiento de su voluntad”.
La psicóloga Carreño añade que aún cuando no hay malos tratos “si hay una afectación emocional, no saben qué va a pasar con ellos, la incertidumbre, el estar lejos de su familia, el que van a volver a comenzar, un alto porcentaje señala que va a volver a intentarlo, pero el encierro, el sentirse como delincuentes, les deja la sensación de fracaso”.