Verónica García de León · 30 de enero de 2011
En las primeras semanas del año el tipo de cambio ha llegado a niveles que no se veían desde 2008. ¿Es positivo o negativo? Sobre el tema las opiniones se dividen, no es tan claro determinar quién gana y quien pierde cuando el peso se fortalece frente al dólar.
Los primeros días de enero que el dólar llegó hasta los 12 pesos, José Luis Segón no pudo estar de mejor humor. La maquinaria y los productos que vende su empresa de limpieza Zing México los importa de Estados Unidos y los paga en dólares. Que el tipo de cambio baje implica para él comprar la moneda estadounidense más barata. “Nos conviene que baje el dólar o que gane terreno el peso, nuestra utilidad es mayor”, sostiene Segón, director general de Zing.
La cotización actual del tipo de cambio aún no ha llegado a un nivel que afecte a Bolsas Mitz que exporta la totalidad de sus productos al mercado estadounidense, aunque al cambiar los dólares que gana producto de sus ventas obtiene menos pesos: “Nuestros ingresos son en dólares y nuestros insumos los compramos en pesos, entre mayor sea el tipo de cambio nos conviene más”, dice Carlos Abasolo, director de Bolsas Mitz.
La teoría económica dice que si baja los perdedores deberían ser los exportadores. “Un exportador que este año tenga que pagar el incremento de sueldo de su trabajador, el incremento de luz, gas, y peajes, pierde, por los dólares que gana recibe menos pesos”, dice Arnulfo Gómez, consultor y catedrático de la Universidad Anáhuac.
Pero la realidad no es tan simple. En marzo de 2009 el tipo de cambio llegó a su nivel más alto 15.5 pesos por dólar, pero ha venido a la baja y la moneda mexicana ha ido ganando valor, de entonces a la fecha hasta en 25%, según Ixe Grupo Financiero.
Ello no impidió que las exportaciones mexicanas crecieran el año pasado por arriba de 30%. “Hasta el cierre de 2010 las ventas al exterior han sido punta de lanza de la economía, las primeras en recuperarse”, dice Luis Flores, economista senior de Ixe.
En esta ocasión, las exportaciones se beneficiaron más por la mejora en el consumo del mercado estadounidense que lo que pudo afectarles el tipo de cambio menor. Aunque cabe señalar que la participación de los bienes y servicios mexicanos en las importaciones de Estados Unidos es de 10%, debajo del 12% de Canadá y 16% de China, sus principales socios. Además aunque el peso se ha fortalecido, el tipo de cambio no ha llegado a tener el nivel que tenía antes de la crisis, de 9.8 pesos por dólar.
De manera contraria un peso fuerte abarata las importaciones, y para un gran número de empresarios mexicanos que compran sus insumos del exterior eso significa menos presión sobre sus costos. Para empresas y personas que tienen deudas en dólares también implica una oportunidad y para el público en general una mejora en los precios al consumidor y menores presiones inflacionarias para la economía del país.
Pero para el académico Arnulfo Gómez el que importar sea más barato desincentiva la producción nacional y por ende, la generación de empleos. Por ello, dice, México tiene un déficit comercial de 2 mil 900 millones de dólares. “Al final, quien gana son los extranjeros, resulta más fácil vender sus productos”, agrega.
Lo cierto es que la fortaleza del peso quita la competitividad artificial que se basa en el tipo de cambio, y según Flores, las autoridades e industriales deberían estar más preocupados por avanzar en temas de competitividad estructural (educación, salud, infraestructura, seguridad, energéticos y ambiente laboral) como una estrategia de largo plazo.
En los próximos meses los analistas prevén que el tipo de cambio se mantenga estable y el peso continúe fuerte por la provisión de dólares resultado de un incremento en el precio del petróleo (el principal producto mexicano de exportación) por arriba de los niveles presupuestados, y por la fuerte entrada de inversión extranjera con la compra de títulos gubernamentales que realizan inversionistas en México ante atractivas tasas de interés, el aumento en las reservas internacionales, la recuperación económica y bajo déficit público.
A decir de Luis Flores, la industria debe aprovechar este momento para aumentar su competitividad y así ser menos dependiente de los vaivenes del mercado.